Ya llegó Trump. ¿Dejaremos que abusen de nosotros otra vez?

16 enero 2017

Trump se convertirá en Presidente de Estados Unidos, y parece que los mexicanos no les caemos muy bien. Mientras, nosotros podemos elegir ser o no ser víctimas.

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Ya llegó Trump. ¿Dejaremos que abusen de nosotros otra vez?

Trump ya viene, Trump ya está aquí. El viernes se convertirá en Presidente de Estados Unidos, y parece que nosotros no le caemos muy bien. Somos culpables de las desgracias de los estadounidenses, dice. Y es que parece ser que la presidencia de Trump será más bien parecida a la del Trump en campaña que la del Trump moderado en el que muchos creyeron y que en realidad solo existió en su imaginación.

México está en una de esas tantas coyunturas en las que aparece como la víctima, como el país del cual van a abusar; como todas aquellas que recordamos con rencor y resentimiento, que si los españoles, que si los gringos que nos robaron la mitad del territorio. 

Pero como yo siempre he dicho, para que exista un victimario o un bully, también se necesita alguien que se deje abusar. La pregunta en cuestión es, ¿qué papel tomaremos nosotros ante una presidencia hostil, como la de Donald Trump? ¿El de víctimas, o el de un país que tiene orgullo y dignidad?

Primero, para poder ser un país que pueda defenderse bien ante los embates de Trump, se necesita un líder al mando. En su lugar tenemos a Peña Nieto, quien junto con Luis Videgaray, tuvo la osadía de invitar al candidato Trump a Los Pinos para que regresara y se burlara de nosotros en nuestra cara. Luego, Peña volvió a invitar a Luis Videgaray como canciller, el cual dice, está aprendiendo.

Pero parece que en estos últimos días el gobierno de Peña Nieto ha sido un poco más sensato con respecto a este tema, no sólo porque al menos estableció un posicionamiento al decir que México no pagará el muro -antes, ni eso ocurría-, sino por la decisión de nombrar a Gerónimo Gutiérrez como embajador de Washington, que es experto en el NAFTA y no se aleja del perfil que se necesitaría en este puesto ante estas eventualidades. 

Pero sigue siendo poco, muy poco. Necesitamos un líder que nos una a los mexicanos. En vez de eso, miles brincan y gritan al unísono en Mexicali “fuera Peña” como protesta al gasolinazo y todos los agravios acumulados durante este gobierno. Quien debería mostrar dotes de liderazgo es repudiado, y con justa razón, por el pueblo. 

No hablo de una figura que “le miente la madre” a Donald Trump, que le siga el juego, se descomponga del coraje y se desentienda de todas las reglas escritas -y no escritas- de la diplomacia. Hablo más bien de un líder moral, un líder que lleve al país en los hombros, uno en el cual se sientan representados los mexicanos y que sientan que éste está defendiendo sus intereses. No hay eso. 

Ante una eventualidad así, también se necesita sensatez e inteligencia, cosa que también parece estar ausente en este gobierno. Un gobierno visionario podría incluso jugar con esta coyuntura a su favor. Con mucha inteligencia podría sacar dividendos a su favor y podría explotar la irracionalidad de Donald Trump.

Muchos países se han reinventado gracias a las desgracias que les han caído y que les han obligado a salir de su zona de confort.

Tal vez, dependiendo de la postura que termine tomando Trump ya como Presidente de Estados Unidos, tendremos que olvidarnos del TLC (NAFTA). Pero un gobierno con visión podría plantear una muy buena alternativa ante este hecho. Las que se vienen a la mente de muchos es fortalecer el mercado interno y tejer alianzas económicas con otros países para dejar de depender de un solo país, que languidece como imperio. Pero seguro podrán existir otras alternativas todavía más acertadas e inteligentes. 

El tamaño de la desgracia para México dependerá no sólo del gobierno de Donald Trump, sino de lo que hagamos o dejemos de hacer nosotros los mexicanos. No podemos volver a caer en el error histórico de buscar culpables externos y de crear resentimientos cuando ni nosotros mismos nos respetamos. 

México está ante una coyuntura histórica delicada, pero dependerá de nosotros hacia adonde queremos que nos lleve. Si no hay algún líder, hay que crearlo. Si no hay una estrategia clara, hay que sumar a aquellas personas lo suficientemente inteligentes, porque en México talento sobra, para delinear una. 

¿Vamos a ser ese México luchón y echado para delante? ¿O vamos a ser ese que se baja los pantalones y que se echa a dormir en un nopal después de haber sido abusado?

Porque no, yo no voy a romper mi cochinito para pagar el muro. 

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