¿Quieres ser mi amigo?

13 Enero 2017

El ser humano no puede concebirse como tal sin tener amistades, y por menos amistades genuinas éste tenga, más desdichado será. Vamos a hablar de la amistad.

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¿Quieres ser mi amigo?

Photo por MCPIX/REX Shutterstock – Huffington Post UK

¿Por qué un amigo se convierte en tu amigo? Aristóteles delineó tres clases de amistad: la primera es la amistad perfecta -que se da entre hombres buenos y donde ambos se desean el bien-, la segunda es la amistad por interés -donde cada uno se beneficia del otro- y la tercera la amistad por placer. La amistad por interés la podemos encontrar dentro del mundo de la política o los negocios; la amistad por placer, entre aquellos que se van de juerga. Estos dos tipos de amistades, a diferencia de la amistad perfecta, pueden disolverse, pero también pueden trascender y convertirse una amistad duradera.

Eso me ha pasado, por un decir, con algunos clientes donde la amistad, al principio, estaba basada en un interés mutuo, pero con el tiempo éste  trascendió y actualmente la amistad existe aunque la relación de negocios ya no exista o haya terminado. Lo mismo puedo decir de algunas “amistades de juerga”. 

Cuando hablo de los amigos, me quiero referir a aquellas amistades que consideramos duraderas y valiosas. Una amistad por interés o placer puede estar sujeta a una ideología, dado que ésta dio origen a la amistad. Por un decir, una persona que se ha afiliado a algún partido político entablará una relación de amistad con varias personas porque tienen coincidencias ideológicas y de interés. Si aquella persona se desencanta del partido y decide cancelar su afiliación es muy probable que la relación de amistad termine a menos que haya trascendido. A ese nivel se entiende esa condición, no se trata de una amistad consolidada sino una relación de interés mutuo. 

Pero cuando hablamos de esas amistades que Aristóteles llamó perfectas, que trascienden cualquier tipo de interés, entonces deberíamos preguntarnos por qué permitimos que éstas se rompan ante el primer conflicto ideológico o de pensamiento que se presente.

No soy una persona de muchísimos amigos. Pero si algo he procurado es no esperar que ellos piensen como yo ni que tengan las mismas posturas políticas o ideológicas que yo tengo, y tan sólo espero que coincidamos en ser personas de bien -ya lo dijo Aristóteles, las amistades perfectas se dan entre dos iguales en virtud y quieren el bien el uno del otro en cuanto son buenos-. 

Tener amigos que piensan diferente es una de las mayores bendiciones, por llamarlo de alguna forma, que una persona puede tener. ¿Por qué? Primeramente, porque convivir con personas que tienen diferentes puntos de vista te puede dar una perspectiva mucho más amplia de la realidad y ambas personas pueden aprender mucho una de la otra -a diferencia de quien siempre se procura amistades que piensan igual que él- y porque dichas amistades vuelven más tolerantes a las personas.

Si bien, siempre existirá una tendencia a buscar amigos que compartan afinidades con nosotros, porque no hay que olvidar que tiene que existir ese algo en común -un interés, círculos en común, una simpatía ideológica o una simpatía personal- que inaugure esa amistad antes de que trascienda, la realidad es que los amigos nunca seremos iguales en todo, y por tanto, no podemos exigir a nuestros amigos que piensen igual que nosotros, ni mucho menos, poner en tela de juicio una amistad por ello. 

Pero aún así, hay quienes tienen miedo de ver sus creencias o dogmas confrontados, quienes no valoran lo suficiente la libertad que tienen las demás personas y esperan que coincidan a la fuerza. Confunden las amistades con lealtades que no son recíprocas, la persona espera que la otra persona esté alineada a su credo sin dar algo a cambio -y si es que sí hay algo a cambio, la primera decide de forma arbitraria, y sin preguntar, cuál es esa moneda de cambio-.

La lealtad, dentro de una amistad genuina, lleva implícita el derecho a la libertad que ambos tienen. La lealtad genuina consiste en el respeto y el amor, no en el sometimiento. La lealtad genuina se rompe cuando uno de los dos amigos se aprovecha de la amistad del otro o la traiciona, no cuando discrepa en su forma de pensar o no está de acuerdo con ella.

Para terminar, puede darse el caso de que haya una discrepancia entre la clase de amistad que cada uno de los dos está ofreciendo. Por ejemplo, uno puede pensar que se trata de una amistad de interés, y otro que se trata de una amistad perfecta. Esto ocurre porque uno de los dos se creó demasiadas expectativas de la amistad que el otro le estaba ofreciendo, o bien, porque, en un acto de hipocresía, uno de ambos fingió entablar una amistad más elevada de la que en realidad estaba ofreciendo para obtener un interés propio.

Las amistades son una de las relaciones más importantes que el ser humano tiene y son indispensables no sólo como forma de organización humana, para crear y fortalecer estructuras sociales, sino por el beneficio tanto psicológico, como de pertenencia y hasta espiritual que le dota al ser humano. Crear amistades más genuinas y más maduras también nos ayudará a crear mejores sociedades. 

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