Bajarse los pantalones ante la decadencia del imperio estadounidense

11 Enero 2017

Ante las amenazas de un déspota propio de un imperio que comienza a languidecer, el gobierno no hace nada, no representa a nadie, y se deja abusar fácilmente.

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Bajarse los pantalones ante la decadencia del imperio estadounidense

Roma no fue un Estado que llamara la atención por su aporte a las ciencias y las artes -que más bien heredaron de los griegos-, pero sí por su legado en materia de derecho y organización política. En este sentido, los romanos parecían estar adelantados a su tiempo, y la política que ahí se hacía parecería tener más similitudes con el mundo contemporáneo que lo que esperaríamos de gobiernos de aquella época.

Los romanos ya lidiaban con la inflación, las crisis económicas; y desde ese entonces, aunque no le llamaran de esa forma, existían facciones de izquierda y de derecha. También la demagogia y hasta la compra de votos se manifestaban en el Estado que sentó las bases de la civilización occidental. 

Actualmente hay muchas discusiones sobre por qué Roma cayó, algunos dicen que fue porque Constantino movió la capital a lo que posteriormente se llamaría Constantinopla, otros culpan al cristianismo -qué más bien ocupó un vacío dejado por los paganos-, o por la invasión de los bárbaros, como los godos y los vándalos. Pero algo era cierto, aquella Roma se encontraba en un proceso de decadencia. Ya no era esa misma Roma de instituciones fuertes y un ejército capaz que venció a Aníbal, sino una de emperadores déspotas que duraban muy poco en el trono después de ser asesinados, de un senado que ya sólo era una fachada al servicio del emperador. Roma se fue con Rómulo Augústulo, quien fue el último emperador que gobernó desde Roma, y si bien no desapareció del todo gracias al imperio bizantino que fungió como reminiscencia, terminaron su historia con el inicio de la Edad Media. 

La historia es cíclica, aunque las manifestaciones de ésta no sean exactamente iguales. Los imperios tienen que caer alguna vez.

Cuando veo a Donald Trump dar su conferencia de prensa, lo primero que se me viene a la mente es esa Roma en decadencia, esa Roma que da la espalda a sus valores para caer en la improvisación de un déspota. 

Tal vez Estados Unidos no esté asediado por godos o vándalos, pero sí por una Rusia que puede involucrarse en las elecciones e influir para obtener un beneficio, para que después, pueda chantajear al ganador. 

En su conferencia de hoy, Donald Trump dejó claro que es un déspota, que se puede permitir involucrarse en conflictos de interés, que puede callar a la prensa -“You are fake news”, le dijo a un reportero de la CNN-. Trump va directamente contra esos valores que han sostenido y legitimado el imperio estadounidense -aunque sea de “dientes pa’fuera”. Trump puede convertirse en el Rómulo Augústulo de Estados Unidos, que cierre con llave la historia de un imperio para quedar opacado por aquellos nacientes como China. 

Ante un imperio que languidece ¿qué hace México?

Bajarse los pantalones. 

Ante la amenaza de un caudillo que sí hará que México pague por el muro -porque tiene la intención y no tiene oposición-, vemos a un gobierno inerme, inoperante, displicente. El canciller, el que se supone que está al frente de los asuntos exteriores, y que es quien daría la cara, está “aprendiendo”. 

Porque vamos a decirlo así, para que haya un abusador también tiene que haber alguien que permita que abusen de él, y el dejado es el gobierno de Peña Nieto.

Sin haber tomado posesión todavía, Trump ya a empezado a atacar a nuestro país al obligar a varias empresas automotrices a quedarse en Estados Unidos. El precio del dólar es muestra de una guerra que se está perdiendo y en la cual no hemos sido dignos siquiera de desenfundar el arma. En vez de eso, nos bajamos los pantalones.

Si Trump termina de cumplir sus promesas, quedará marcado en la memoria colectiva de nuestro pueblo otro “abuso de Estados Unidos”; pero para ese entonces no deberemos olvidar que, otra vez, nuestro gobierno se sometió a Estados Unidos y no tuvo la dignidad de enfrentarlo. 

Nuestro gobierno no toma una actitud proactiva, que entienda el fenómeno de Donald Trump y la decadencia del imperio estadounidense, para que así juegue sus fichas de la mejor forma. Es más, ni siquiera hay una actitud reactiva. ¡Están pasmados! Ante las amenazas de Trump no vemos una reacción ni declaración alguna. 

Con la decadencia de los imperios los entornos cambian, y quienes se adaptan mejor a ese entorno son los que más se benefician. Nuestro país no sabe qué hacer, y así parece que vamos a salir mal parados ante esta coyuntura. 

Y posiblemente para ese entonces le mentemos la madre a un tal Donald Trump, ignorando que tuvimos un gobierno que dejó que hicieran lo que quisieran con nuestro país. 

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