No es odio, Álvaro Cueva

22 Diciembre 2016

No es odio, señor Alvaro Cueva. No es personal. Simplemente usted escribió un artículo que con razón generó indignación en muchas personas.

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No es odio, Álvaro Cueva

Foto: am.com.mx

Antes de leer mi artículo recomiendo encarecidamente leer el artículo original de Álvaro Cueva que puedes leer aquí para entender de mejor forma el contexto de lo que escribiré y mi texto no se preste a malas interpretaciones.   

La otra vez tuve la -poca- fortuna de leer un artículo del periodista y comunicólogo Álvaro Cueva llamado “El Odio a Ana Güevara y María Barracuda”. Un artículo muy lamentable de un periodista al que leo periódicamente. Yo percibo a Álvaro como un periodista que a veces escribe artículos muy atinados y valiosos, mientras que en otras ocasiones se deja llevar mucho por sus pasiones y creo que esto fue lo que ocurrió en esta ocasión -al extremo-,

Como demócrata que soy, no estoy a favor ni de que lo corran de Milenio ni de que lo censuren. Pero siendo demócrata también pienso que la gente tiene derecho a expresarse en su contra y tengo el derecho a expresar mi opinión sobre un artículo que me pareció ofensivo y repugnante.

Entiendo el punto al que trató de ir Álvaro Cueva. Pero en vez de reflexionar, remató y afirmó que los lectores no leímos ni entendimos bien su texto como escribió en un artículo posterior. Yo sí lo leí muy bien de pe a pa, lo compartí con muchas personas y llegamos a la misma conclusión.

Comprendo perfectamente que su tesis es: Ana Gabriela Güevara y María Barracuda son privilegiadas -ya sea por su fama o porque una es senadora- y las autoridades sí respondieron ante su queja gracias a que son figuras públicas, mientras que hay muchas personas que sufren de violencia y a quienes las autoridades ignoran. Bajo esta tesis, Cueva justifica la indignación en redes hacia Ana y María y hasta pide que no las atiendan y las dejen desamparadas.

Es muy cierto que mientras las autoridades pasan sin ver ante los miles de actos de violencia que existen en nuestro país, sí atendieron los casos de estas dos mujeres, y se sobreentiende que lo hicieron porque dichas autoridades tienen más que perder en este caso -quedan en evidencia ante el público-. Pero ni Ana ni María tienen culpa alguna o responsabilidad de esto. ¿O acaso les deberíamos pedir dejar de denunciar la agresión que sufrieron porque son famosas y entonces que se aguanten?

En este caso, a quienes se debería reclamar es a las autoridades que no trabajan para quienes no se encuentran en una posición privilegiada. Que sepa, ni Ana ni María incurrieron en una ilegalidad ni fueron parte de un conflicto de interés en el proceso. No hay razón alguna para reclamarles. Que Álvaro se la raye a las autoridades, a los medios de comunicación -como el que le da chamba- por no hablar tanto de la violencia cotidiana, pero no a las víctimas de la violencia. 

Pero aunque la tesis central de Álvaro Cueva no sea “ir contra la mujer o relativizar la violencia contra la mujer”, sí lo hace por medio de los recursos que utiliza para argumentar dicha tesis. Álvaro Cueva lanza argumentos como los siguientes:

Y al diablo con ese cuento de la violencia contra las mujeres. En México se atenta contra el hombre, contra la mujer, contra los niños, contra los ancianos, contra los pobres, contra los ricos, contra los homosexuales, contra los heterosexuales, y contra todos por igual. 

Todos los tipos de violencia son reprobables, pero dentro de esos casos de violencia hay unos más sensibles que otros. El respeto hacia la mujer -derivado de su vulnerabilidad física ante el hombre- no es un invento nuevo del feminismo radical o de “comunicadores que se rasgan las vestiduras”. A la gran mayoría de nosotros nos enseñaron -incluso a muchos dentro de familias conservadoras y tradicionales- que a la mujer no se le debe levantar la mano. A la violencia contra la mujer se pone más énfasis porque queda prácticamente indefensa ante la violencia física de un hombre.

Bajo la misma argumentación y lógica de Álvaro Cueva, podría darme el permiso de llamar “niñonazis” a los padres de familia que denunciaron a un profesor por agredir físicamente a un niño de 10 años. Y como Álvaro Cueva, entonces podría decir: -y al diablo con ese cuento de la violencia contra los niños-.

Álvaro Cueva trató de hacer eco de la “indignación” en las redes sociales. Pude leer algunos tweets o publicaciones que remataban “digitalmente” a Ana Guevara con afirmaciones como: – Se queja de la violencia hacia la mujer, pero parece hombre-, e incluso otros que aplaudían el acto y pedían restaurar el dominio del hombre sobre la mujer. 

Es decir, a Ana no sólo la golpearon, sino que la remataron en redes -daño que ni la justicia puede terminar de reparar- como sucede a muchas mujeres -sí, muchas que no son privilegiadas-. Por el contrario, el papel de Ana y María puede servir para que se haga más conciencia sobre el tema. En vez de tocar la problemática, Álvaro decidió subirse al tren del mame para tratar de hacer un artículo “polémico” y llamar la atención. 

Luego Álvaro Cueva vuelve a equivocarse con la siguiente frase:

Yo, como cualquier víctima de la violencia, exijo que que no se resuelvan los casos de Ana Guevara y María, que las traten tan mal como nos han tratado a miles de personas y que las dejen así, pasmadas, ante la impotencia. 

Es decir, en lugar de exigir a las instituciones que trabajen para todos exige que no trabajen para nadie, que entonces nos chinguemos todos en vez de que no se chingue nadie. ¡Vaya postura de un comunicador que tiene una pluma y micrófono en mano ante la legalidad que tanto nos hace falta en nuestro país!

Yo no exijo que Álvaro Cueva renuncie ni mucho menos espero la mano censora del gobierno. Yo tan sólo espero que sea humilde, reflexione, haga un ejercicio de consciencia y se disculpe. Porque sí, leí varias veces el artículo y es ofensivo, no me cabe la menor duda. 

Y si en realidad no quiso decir eso o no logró que “entendiéramos”, entonces tiene un severo problema para articular sus ideas y plasmarlas, cosa que no creo que sea el caso porque es escritor, y si algo le destaco en los años que he leído, es su enorme facilidad para plasmar sus ideas de una forma muy amena y concreta. 

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