¿Por qué estamos obsesionados con Donald Trump?

19 noviembre 2016

Hablamos de Trump una y otra vez, no podemos evitarlo, las redes sociales están inundadas de artículos y memes de Donald Trump ¿Pero por qué?

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¿Por qué estamos obsesionados con Donald Trump?

Han pasado dos semanas y -tanto la comentocracia, los aficionados a la política como la gente normal- no hemos terminado de digerir el triunfo de Donald Trump. Después de su triunfo se ha escrito tanto tratando de entender cómo es que llegó al poder. Después de analizarlo una y otra vez, llegamos a ciertas conclusiones, para después sólo preguntarnos por qué eso sucedió y cómo fue posible.

Esta histeria es inédita, sobre todo en un país de origen como estados Unidos. Nunca había visto a esta nación en estas circunstancias donde se le dedicaran con resquemor tantos artículos al presidente electo señalando aquello que les preocupa tanto. Pero en este contexto, esta histeria es normal y posiblemente hasta deseable, porque la sociedad norteamericana debe adaptarse a una circunstancia muy diferente jamás vivida, y no debe de dejar la guardia.

A los pocos días ya hemos visto, por ejemplo, muchos exámenes de consciencia por parte de varios liberales y progresistas que se obsesionaron tanto por la corrección política e incluyeron solo a algunas minorías -raciales, LGBT, de género, nacionalidad etc.- y no a todas -excluyeron y subestimaron a esa clase blanca trabajadora, por su escasez de estudios y su precaria resiliencia-.  Esa es una muy buena noticia, porque estas contradicciones dentro del liberalismo le pusieron la alfombra roja a Donald Trump, y sería muy grave no advertirlas. La que no es una buena noticia sin duda, es que la derecha no sólo no hizo ese mismo examen de consciencia en su tiempo, sino que se radicalizó, y ganó.

Libros para entender que sucedió han circulado por montones, por lo reciente del triunfo, hasta ahora nos podemos remitir a aquellos libros que ya se habían escrito antes de llevarnos esa dolorosa sorpresa. Obras como Hillbilly Elegy o El Mito del Votante Racional, que sin hablar precisamente de las elecciones pasadas se han vuelto un gran referente. Si algo parecen hacer bien las élites académicas, intelectuales, periodistas y expertas en la materia, es que se han puesto a buscar y generar el mayor conocimiento posible para entender qué es lo que está pasando. Los académicos tratan de entrar a la guerra con el arma más poderosa que tienen, su mente.

En el caso de nuestro país, la obsesión tiene que ver con el muro, la deportaciones o la renegociación del TLC. El panorama para México no es muy alentador, pero también es cierto que se trata de una circunstancia tal que un gran visionario podría no sólo revertir los efectos -excepto aquellos deportados que verán sus familias separarse- de Trump en el poder, sino que podría utilizar esa circunstancia a nuestro favor. Lo triste es que si algo falta en el gobierno actual -e incluyo a los partidos de oposición- es visión.

El mayor peligro de Trump no son los efectos que puede causar en nuestro país -algunos están tan obcecados con el muro que no pueden ver el peligro real-, sino el efecto que su presencia tiene en el mundo. No sólo se trata de esta ola autoritaria que parece invadir a Occidente, sino el peso que tiene Estados Unidos para detener o promover dicha ola.

El problema es que, a pesar de todas sus contradicciones, el discurso de Estados Unidos y la democracia era uno de los pilares que sostenía a la democracia liberal en Occidente. Los países desarrollados habían oscilado dentro de lo que se considera el consenso democrático liberal que va desde la centro izquierda, a la centro derecha (cuyas diferencias van poco más allá del papel del gobierno en una economía de mercado y las posturas en temas como el aborto o el matrimonio igualitario), consenso que parece quebrarse en tanto son cada vez más los que optan por modelos autoritarios.

No es que Estados Unidos se vaya a convertir en una dictadura, pero con Trump el discurso se desviará lo suficiente de tal forma que pueda debilitar la democracia liberal en favor de autocracias como la Rusia de Vladimir Putin (quien celebra con regocijo el triunfo de Donald Trump). Si la democracia liberal está en riesgo, entonces muchas cosas están en riesgo.

A Donald Trump no se le debe de normalizar, posiblemente debamos vivir con cierta dosis de histeria los 4 años que vienen a continuación. Lo que sí es importante es que quienes creemos en la democracia liberal, desde progresistas hasta conservadores, debemos ser autocríticos con nosotros mismos y aceptar que no somos ajenos ante lo sucedido. Debemos ser críticos tanto con nuestros modelos económicos -las clases medias en varios países son cada vez más estrechas- como con nuestros modelos sociales que hablan de inclusión pero no prometen inclusión para todos, sino sólo para algunas minorías.

Nuestra obsesión con Donald Trump posiblemente sea un mecanismo de defensa. Nuestra obsesión posiblemente evite la normalización de un modelo que puede representar un riesgo no sólo para Estados Unidos, sino para el mundo.

Porque no podemos dejar de obsesionarnos ante la presencia de una persona que ha hecho del odio y la división, su fortaleza.

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