¿De verdad se parecen López Obrador y Donald Trump?

25 octubre 2016

Muchos ven en López Obrador a un Donald Trump mexicano. Otros dicen que se trata sólo de guerra sucia contra el tabasqueño ¿quién tiene la razón?

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¿De verdad se parecen López Obrador y Donald Trump?

Últimamente, en mis redes sociales han aparecido diversos artículos, memes y opiniones sobre el parecido entre Andrés Manuel López Obrador y Donald Trump. De igual forma, son cada vez más voces las que se han sumado para refutar esa comparación, reduciéndola a un meme. Hay quienes dicen que quienes hacen esta comparación la hacen de forma tramposa, unos llegan al extremo de decir que la guerra sucia ya ha comenzado. Otros insisten en que son iguales, que no hay nada diferente entre ellos dos.

¿AMLO y Trump se parecen?

Decir que AMLO y Trump se parecen es como decir que Hitler y Stalin se parecen. Ciertamente Hitler y Stalin se encontraban en los extremos políticos opuestos, uno en la extrema derecha y otro en la extrema izquierda, ideológicamente tenían muchas diferencias. Pero ¿era más parecido Hitler a Stalin que Hitler a Churchill o Stalin a Churchill? La respuesta es que sí.

Sería una exageración decir que Trump es Hitler (a pesar de sus manifestaciones que rayan en el fascismo) y más que López Obrador es Stalin, y por lo tanto, podemos concluir que los contemporáneos no se ubican en un lugar tan extremo ideológicamente como los primeros dos, pero lo cierto es que quienes se ubican muy a la derecha y muy a la izquierda suelen parecerse más entre ellos (aunque sean enemigos declarados) que con relación a quienes se encuentran en el centro, como lo muestra la teoría de la herradura:

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Si comparamos la historia de vida de Donald Trump con la de López Obrador no encontraremos de ninguna manera a dos personajes similares. Donald Trump siempre vivió en la opulencia y heredó una inmensa fortuna, la cual invirtió y reinvirtió, construyó torres y hoteles, tal vez no con el éxito que tanto gusta de presumir. López Obrador, oriundo de Tabasco, no creció dentro de una familia opulencia y nunca tuvo una fortuna. Vivió siempre del erario público, fue Presidente del PRI en Tabasco, luego de la escisión llegó al PRD y fue presidente de ese partido, Jefe de Gobierno de la CDMX y candidato presidencial dos veces consecutivas (sin sumar la campaña de 2018).

Sus programas de gobierno serían muy diferentes. López Obrador cree en la intervención del Estado en la economía (en ese rubro se parecería más a Barack Obama o a Sanders que a Trump) mientra que el millonario cree que se deben de reducir los impuestos al mínimo. Es un capitalista, aunque opta por la intervención del Estado en la economía y la sociedad de una manera distinta a la de AMLO, por ejemplo, pidiendo a las transnacionales que regresen los empleos a Estados Unidos, cerrando fronteras, construyendo muros y cancelando tratados multilaterales.

Hay más diferencias, por ejemplo, es difícil advertir en López Obrador manifestaciones xenofóbicas como las de Donald Trump, y a pesar de que moralmente López Obrador es un persona que parece tender más hacia el conservadurismo, no manifiesta, como en el caso de Donald Trump, muestras de acoso a las minorías, tales como las mujeres o los discapacitados. En este sentido Donald Trump suele ser más agresivo y arrogante que su contraparte mexicana.

Hitler y Stalin tenían muchas diferencias sobre cómo se debería de gobernar un país, pero a pesar de ellas, no era difícil observar también muchas similitudes. Por ejemplo, el papel del ejército en sus respectivas naciones, el férreo control social e ideológico sobre sus gobernados, la represión a quienes disienten, tenían un enemigo en común (los judíos en un caso, Occidente en el otro), el intenso uso de la propaganda política, el control total sobre los medios de comunicación, entre otros.

AMLO y Trump

Así también, podemos encontrar varias similitudes entre López Obrador y Donald Trump. Por ejemplo, ambos se presentan como outsiders de la política (lo cual no es necesariamente malo) y se oponen al status quo, al sistema o a la mafia en el poder. En ambos casos, la figura tiene mucho peso sobre sus seguidores y son capaces de mantener un considerable grupo de leales incondicionales quienes los apoyarán a pesar de todas las contradicciones evidentes.

De la misma forma, debido a su personalismo, ambos creen estar por encima de las instituciones. Las razones pueden ser diferentes, en Donald Trump como producto de una megalomanía o un nacionalismo mal entendido, en López Obrador por ese sentimiento de que las instituciones en México no trabajan para todos. De esta forma los dos amagan con no reconocer el resultado de las elecciones antes de que éstas ocurran, y en caso de acusar un fraude electoral, en vez de utilizar los mecanismos institucionales para denunciarlas o promover reformas (cosa que López Obrador no hizo después de 2006), deciden entonces mandar al diablo a las instituciones. Aunque hasta el momento no conocemos la reacción de Donald Trump después de una derrota electoral, sí podemos utilizar como antecedente la victoria de Obama en 2012 donde el magnate invitó a desconocer los resultados y hasta amagó con hacer manifestaciones en Washington.

El maniqueísmo es un rasgo muy presente en las dos figuras -estás conmigo o estás contra mí-. Los dos observan con recelo a quienes son críticos con ellos. Es muy parecido el trato que hace López Obrador -no sólo con los medios oficialistas, sino que aquellos que no siéndolo, son críticos con él- con el que hace Donald Trump después de recibir una crítica de The New York Times o The Washington Post. También ambos tienen enemigos en común que le dan fuerza a su figura, el status quo, los migrantes o China por el lado del magnate, y la mafia en el poder por el lado del tabasqueño. Ambos son la manifestación de problemas sociales y económicos que se manifiestan en ambos países: la tremenda desigualdad en México y la clase media sin educación en Estados Unidos que ve como sus empleos vuelan a otras naciones.

Si ambos llegaran al poder, podríamos esperar programas de gobierno distintos, pero podríamos advertir similitudes en las formas para ejecutarlos. En ninguno de los dos casos podríamos hablar de gobiernos transparentes y tolerantes con quienes disienten con ellos, ambos encarnarían gobiernos que posiblemente no sean dictatoriales pero sí personalistas donde el nombre de Trump o López Obrador estarían por encima. Posiblemente ambos revisen tratados y acuerdos firmados, tanto dentro de la nación como por fuera del país. Un NAFTA podría correr el riesgo de sufrir, cuando menos, varias modificaciones considerables, en cualquiera de ambos casos.

Quienes dicen que AMLO y Trump no son iguales tienen razón, existen muchas diferencias entre ambos personajes, sobre todo en su historia y programas de gobierno. Pero a la vez, también tienen razón quienes advierten muchas similitudes entre ambas figuras, sobre todo en la forma de conducirse.

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