Donald Trump, el bad hombre (round 3 y final)

20 octubre 2016

Donald Trump está al borde de la derrota, así lo mostró en el debate. Ahora el problema es que amaga con desconocer el resultado y mandar al diablo a las instituciones.

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Donald Trump, el bad hombre (round 3 y final)

Getty Images

Algunas voces dicen que la intención de Trump no era llegar a la Casa Blanca, sino ser capaz de recoger la indignación arrinconada en la derecha política para que con esa masa creara un canal o medio de comunicación que rivalizara con Fox News. ¿Les digo lo que pienso? Que una teoría así no suena tan descabellada después de lo que ha sucedido en las últimas semanas, y sobre todo, lo que ocurrió en el último debate. Donald Trump cometió errores tan infantiles a los cuales no puedo dar crédito.

Desde hace algunas semanas la campaña de Donald Trump ha dejado de tener sentido alguno. Tendría que ocurrir un auténtico milagro para que un eventual triunfo de Trump ocurriera, algo de proporciones históricas.

Cierto que las encuestas fallan y que hemos sido testigos de varias “sorpresas”, pero la diferencia ya es muy grande. Es casi un hecho de que Hillary Clinton ganará las elecciones. Ahora la pregunta no es si perderá Trump, sino más bien si será aplastado, lo cual es bueno porque una derrota estrepitosa podría afectar negativamente a su liderazgo, haciendo más difícil que vuelva a contender en algunas elecciones venideras o pretenda ser alguna especie de líder que pretenda influir en la política y la sociedad estadounidense desde fuera del poder.

La mayoría de los estadounidenses ya definió su voto, y lo que está en juego es aquella porción, cada vez más pequeña por naturaleza conforme se acerca el día de las elecciones, de ciudadanos indecisos.

Frases como “Bad hombre” o “Such a nasty woman” quedarán para la posteridad.  Con ellas, parece que Trump terminó de sepultar su campaña política porque el electorado femenino tiene un tamaño considerable dentro de esa masa indecisa. Trump, en el menos peor de los casos, apeló a su base, a sus simpatizantes más fervientes, a aquellos que incluso han sugerido quitarle el derecho a voto a la mujer, quienes ya tienen su voto definido por él, mientras que sólo habrá conseguido ahuyentar más a quienes no han decidido su voto.

Pero lo más preocupante es que Donald Trump amague con desconocer los resultados de las elecciones. Si algo conocemos muy bien los mexicanos son las consecuencias de un conflicto post-electoral de esas proporciones, sobre todo por la tremenda polarización (como si la división que ya hay en el país norteamericano no fuera suficiente)-

De hecho no es la primera vez que lo hace. Hace 4 años, desconoció la victoria de Obama sobre Mitt Romney, y amagó con organizar una marcha hacia Washington.

Un conflicto post-electoral podría tener consecuencias graves para un país cuyos ideales democráticos sirven para ejercer influencia sobre otros países, gran parte del poder blando (soft power) de Estados Unidos, además de la gran influencia cultural en todo occidente y gran parte del oriente, está moldeado por el discurso de los valores democráticos.

No es la primera vez que esto ocurre: en el año 2000 George W Bush ganó a Al Gore de forma polémica, sobre todo por lo ocurrido en el recuento de los votos en el Estado de Florida donde su hermano, Jeff Bush, era gobernador. Pero en ese entonces, Al Gore, a pesar de no estar de acuerdo con el resultado, lo aceptó. Eso no ocurrirá si Trump desconoce el resultado.

Varios psicólogos afirman que el poder no corrompe al individuo, sino que más bien magnifica los rasgos de su personalidad. Aquella persona deshonesta o corrupta lo será mucho más en un ámbito de poder. En este mismo sentido, Trump ha sido capaz de acosar sexualmente a mujeres o discriminar a minorías, como mujeres y discapacitados, porque es parte de su torcida personalidad: una que le ha traído un considerable número de seguidores. Por esto es que el riesgo llamado Donald Trump no acabará con las elecciones, y por esto es que es deseable que el resultado sea lo más estrepitoso, porque su carácter autocrático y egocéntrico podría poner en juego la credibilidad de su país desconociendo el resultado y actuando en consecuencia, si no es que ya lo ha hecho.

Habrá que preguntarse qué es lo que pasa en la sociedad estadounidense como para permitirse candidatos demagogos que no sólo amenazan e insultan a las minorías o a los migrantes, sino al propio pueblo de Estados Unidos. Eso es algo que nuestros vecinos tendrán que reflexionar a fondo, porque es síntoma claro de que las cosas no andan muy bien por allá.

Y Hillary Clinton, cautelosa, sin despeinarse demasiado, emocionalmente inteligente, y a pesar de no tener un carisma sobresaliente, hizo lo necesario para sobrellevar el debate y así seguir su camino a la Casa Blanca. Aunque cuando llegue tendrá que lidiar con esos altos negativos que la candidata tiene, no sólo por el escándalo de los correos, sino también porque… es mujer.

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