¡Yo no soy corrupto!

4 octubre 2016

En un país muy infestado y deteriorado por la corrupción, hay quienes califican de pendejos o ingenuos a aquellas personas que decidieron no corromperse.

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¡Yo no soy corrupto!

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Yo no soy corrupto. he decidido no serlo.

Yo no le doy mordida a los agentes de tránsito cuando me detienen, alguna vez hace varios años lo llegué a hacer, pero rectifiqué mi conducta y les niego el billete, sin importar la cara de frustración que ponga el agente.

Yo pago mis impuestos y no busco alguna artimaña o laguna legal para no pagarlos, ni tengo beneficios por tener amigos o conocidos “bien parados” -que los tengo, los amigos, no los beneficios-. Posiblemente, si hubiera cedido a la corrupción estaría ganando más dinero y hubiera podido comprar eso que siempre habría querido comprar, posiblemente hubiera podido salir de viaje más seguido.

Incluso soy parte y miembro cofundador de una organización civil donde buscamos formar buenos ciudadanos y desincentivar la corrupción.

Algunos me dirán que soy un pendejo.

Y de verdad lo creen, porque saben que si “le hubiera entrado a la corrupción” me estaría yendo mejor económicamente. Me dirán que es un contrasentido no seguir la linea recta de la corrupción y preferir la línea zigzagueante -vaya paradoja- de la rectitud. Asumen que “las cosas son así” y así siempre han sido. Llegarán aquellos “corruptos con causa social” a decirme que por qué pago impuestos si los gobernantes se los clavan, que el sistema es injusto, pero que no tiene sentido tratar de repararlo, y que mejor “hay que entrarle”. Más vale ser de los que joden y no ser de los jodidos.

Están luego los corruptos deterministas, quienes afirman que la corrupción es cultural, que la corrupción es parte de “nuestros genes” y nuestra historia. Que aprendimos a mentir porque en tiempos de la colonia, las leyes impuestas y los impuestos eran excesivamente duros y había que aprender a mentir para evitarlos, dicen. Así nos tocó ser y ya nos chingamos.

Pero no, no soy un pendejo, de hecho estoy muy lejos de serlo. Posiblemente sí, sea un idealista, pero no uno ingenuo.

Intentar no ser corrupto es difícil. De hecho, hay ocasiones donde uno puede ser parte de un acto de corrupción sin darse cuenta, posiblemente porque desconoce las normas, o porque son de esas “cosas buenas que parecen malas”. Pero también los seres humanos tenemos un cerebro que nos sirve para hacer ejercicios de introspección y analizar los actos que hemos realizado previamente y sus consecuencias. Y es difícil también, porque quien trata ser recto, encontrará que el único beneficio a corto plazo, será el de quedar bien con su consciencia.

Los corruptos utilizan mecanismos de defensa para justificarse. El más usado es ese donde el león cree que todos son de su condición. Es decir, como “todos lo hacen” entonces no está mal. Al cabo todos dan mordida, todos dan favores porque de otra forma no les van a dar el permiso. Ahí tenemos a nuestro Presidente de la República diciendo que en temas de corrupción nadie puede aventar la primera piedra.

Otro mecanismo es pensar que como los actos son pequeños, casi no tienen impacto y no pueden compararse con los grandes actos de corrupción de las élites políticas. Es decir, el individuo se dice a sí mismo: -Si sólo le di 25 pesos de mordida al oficial para pasarme el alto ¿qué impacto va a tener? Mejor concéntrate en las casas blancas de Peña Nieto o en los desfalcos de Moreira, ¡eso sí es corrupción!- Pero lo que no entiende es que estos actos son igual de reprobables y lo único que cambia es el contexto bajo el cual se realizan. Un individuo que da mordidas es un individuo que muy posiblemente se involucre en escándalos de corrupción si tuviera un puesto de poder. Los pequeños actos de corrupción se convierten en una bola de nieve, porque incentivan a los demás a cometerlos, y porque aquella persona que comete pequeños actos, luego se acostumbrará a involucrarse en actos de corrupción un poco más grandes y así sucesivamente.

Pero entonces si soy, de acuerdo a ellos, un pendejo idealista, entonces todos deberíamos hacerla de “pendejos idealistas” porque la corrupción es una de las principales razones por las cuales el país se encuentra en el rezago. Esos beneficios a corto plazo, como ese puesto en el gobierno o esa licitación, son los que terminan jodiendo al país al corto plazo, joden más a quienes no tienen recursos, quienes no tienen ni siquiera “conectes” para corromperse; pero en algún punto llega también a joder a algunos de los victimarios, ahora víctimas de terceros que por medio de la corrupción, los jodieron a ellos.

Es cierto que en México hay mucha corrupción, y es cierto que la corrupción tiene a nuestro país en un estado deteriorado, pero es falso que todos los mexicanos sean corruptos. De hecho son muchos quienes no lo son, más de los que pudieras imaginar, pero no son todavía lo suficientes para que la legalidad se imponga sobre la corrupción y no al revés.

Es rotundamente falso que México no pueda dejar de ser corrupto. La corrupción es producto de muchos factores, pero los más importantes tienen un carácter institucional. Es decir, los mexicanos no somos capaces de diseñar un sistema institucional que trabaje, cuyos resultados se vean y beneficien a todos. Entonces entenderás que se trata de un círculo vicioso, uno muy arraigado:

Cómo funciona la corrupción

Es decir, si un país como el nuestro tiene instituciones débiles, éstas no serán capaces de proveer los servicios necesarios a las comunidades. El ciudadano verá que el dinero de sus impuestos no son bien utilizados, que los favores, los contactos y demás actos más propios de una sociedad patrimonial son la regla y no la excepción, y decidirá ser parte de esta “cultura de la corrupción”. Entonces el círculo vicioso se repetirá tanto hasta convencernos que se trata de algo cultural y hasta genético.

Muchos países fueron muy corruptos hasta que decidieron romper ese círculo vicioso y construyeron instituciones sólidas. Estados Unidos es un ejemplo, los norteamericanos fueron los padres del asistencialismo, sus políticos compraban votos a cambio de puestos públicos y hasta pavos para el día de acción de gracias, pero a finales del siglo XIX y a inicios del XX, las nuevas generaciones decidieron que no querían seguir con la “vieja política”. El legado de sus padres fundadores y la constitución sirvieron como base para que por medio de un sentir nacionalista, pusieran los intereses del país antes que los propios. Estados Unidos después se convirtió en la Segunda Guerra Mundial. Ciertamente Estados Unidos no es un país donde la corrupción esté ausente, pero no es lo suficientemente grande para que afecte a las instituciones de la forma en que ocurre en México.

Los norteamericanos utilizaron el nacionalismo como piedra angular para romper el círculo vicioso, pero a pesar de ser un problema institucional no fue una “política del gobierno de entonces” lo que acabó con la corrupción, sino la presión de las clases medias emergentes en ese entonces y que luego ocuparon los puestos de poder. De la misma forma, nosotros no podemos esperar que el gobierno por su cuenta acabe con el problema, ese “cambio”, esa “ruptura” debe de venir de la sociedad y no de quienes nos gobiernan actualmente. La sociedad es la que debe de cambiar para que en consecuencia el gobierno cambie.

Por eso es que yo no soy un pendejo por no ser corrupto, porque a pesar de no ganar beneficios a corto plazo sé que si quiero un México mejor y más justo que funcione para todos y no para quienes sepan como brincarse el sistema. Porque todos nos quejamos de la corrupción y de lo mal que está el país pero le entramos al juego, porque decimos que no nos queda de otra.

Mientras tanto, la OCDE nos volvió a colocar de nuevo como el país más corrupto de los países miembros de la organización.

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