Las marchas, la homosexualidad y el matrimonio igualitario

13 Septiembre 2016

Todos hablan y opinan de la homosexualidad pero ¿qué dice la historia, los estudios y los expertos?

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Mientras tú te peleabas y borrabas a queridos amigos tuyos del Facebook porque no compartían tu postura, yo me di a la tarea de ponerme a investigar. El tema del matrimonio igualitario es un tema complejo que va más allá de los derechos o de una eterna conspiración de la imposición de la ideología de género con fines malthusianos para imponer un régimen totalitario mundial. Es un tema que al final del día, se debe de abordar con razones y no tanto con pasiones, como sucedió en torno a las marchas del fin de semana. Pero vamos a empezar desde abajo.

Las marchas, la homosexualidad y el matrimonio igualitario

La homosexualidad

Vamos a hablar primero de la homosexualidad. Platón afirmaba que la homosexualidad era vista de forma vergonzosa por los bárbaros, así como del mismo modo consideraban vergonzosa la filosofía. El derecho romano no imponía restricción alguna sobre la base del género. Los casamientos “gays” eran legales en Roma y a menudo los emperadores se casaban con otros hombres. Según J. Boswell en su obra Christianity, social tolerance and homosexuality, la homosexualidad parecía ser tolerada o ignorada hasta por la Iglesia Católica, hasta que fue concebida como “no natural y contraria a la naturaleza” por Santo Tomás de Aquino quien la trató de retratar como uno de los peores pecados.

A partir de ese entonces, la homosexualidad se comenzó a considerar como algo indeseable porque era contranatura y una pareja homosexual no podría procrear hijos. Según varios autores como G. Chauncey, D’Emilio, J., & Freedman, E.B, Duberman, M.B. y Vicinus, M. en el siglo XIX, la psiquiatría y la medicina competían con la religión por la ley y la jurisdicción sobre la homosexualidad, por lo cual se cree que la postura sobre la homosexualidad como una condición patológica o contra natura, pasó del púlpito a la medicina. Aún así, no todos compartían la misma postura. Por ejemplo, mientras Richard von Krafft-Ebing la describía como una enfermedad degenerativa,  Sigmund Freud y Havelock Ellis la veían de una forma más condescendiente, una postura no necesariamente compartida por todos los psicoanalistas que veían a la homosexualidad como una patología, pero cuyo problema era que estudiaban a los homosexuales que estaban bajo terapia psiquiátrica.

Otros disidentes fueron Alfred Kinsey y la psicóloga Evelyn Hooker, quien en 1953, en vez de estudiar a pacientes psiquiátricos, reclutó a varios homosexuales que funcionaban bien en la sociedad, y después de varios estudios concluyó que la homosexualidad no está asociada a una psicopatología.

La homosexualidad estaba considerada como una patología por la APA (American Psychological Association) y misteriosamente desapareció de ahí, ¡todos los homosexuales estaban curados! Varios grupos conservadores y religiosos aseguran que la presión y el activismo gay fue un factor de influencia para que la homosexualidad se descartara, lo cual, según el doctor en psicología Philip Hickey, es cierto; no hubo alguna investigación científica seria que respaldara la decisión de la APA, la cual se justificaba al afirmar que los homosexuales se sentían contentos con su condición, y que se sentían equilibrados al igual que los heterosexuales. Pero de la misma forma, Hickey asegura que lo que temía la APA, era que con la presión se pusiera evidencia la “naturaleza espuria de su taxonomía”. Es decir, así como no hubo evidencia científica que respaldara la decisión de “curar a todos los gays”, los criterios para la clasificación de las enfermedades listadas en el DSM-II era más bien muy endeble y no tenía mucho sustento (en la actualidad, esa clasificación considera desórdenes mentales, desde esquizofrenia, hasta el desorden de videojuegos por Internet).

Progresivamente, la homosexualidad comenzó a tener mayor aceptación entre la medicina y la comunidad científica dejó de ver a la homosexualidad como una enfermedad o patología. En 1992 la OMS la decidió de considerar una enfermedad. No se ha determinado exactamente la causa que provoca la homosexualidad, la APA afirma que es una compleja interacción de factores biológicos en conjunto con otros cognitivos y del entorno. Por otro lado, hay estudios en desarrollo que apuntan a los cambios genéticos provocados por el entorno en la infancia, mientras que otro de la UCLA por medio de un estudio de gemelos, sugiere que hay evidencia dura de que la genética influye al menos “en parte” en la orientación sexual del individuo. De la misma forma, otras investigaciones como la publicada por la Universidad de Cambridge, sugiere que la genética juega un papel importante.

Parece haber un consenso entre la comunidad científica. Primero, que la homosexualidad no es una elección, y segunda, que no es una enfermedad o patología, por lo tanto, no se puede curar.  Varias universidades y organizaciones han publicando desplegados para secundar este posicionamiento, por ejemplo, la Royal College of Psychiatrists; en 2013 la Academia Americana de Pediatría mostró su respaldo a las personas del mismo sexo, mientras que el Colegio de Psiquiatras de Australia y Nueva Zelanda dijo que lo que más afecta a la salud mental de la comunidad no heterosexual, es la inequidad legislativa, la marginación, y la discriminación interpersonal.

La mayoría de las organizaciones religiosas y grupos afines no comparten esa postura. El medio ACI Prensa, publica un artículo de un psicólogo y psicoanalista católico holandés llamado Gerard J. M. Van Den Aardweg egresado de la Universidad de Amsterdam, quien afirma que la homosexualidad es consecuencia de la falta de madurez, y quieren aparentar jovialidad y alegría mientras que no son felices interiormente. De la misma forma, el presbítero Ernesto María Caro considera que es una enfermedad.

La misma discrepancia se encuentra con las terapias que afirman curar la homosexualidad, los grupos religiosos suelen afirmar que son útiles, mientras que desde el laicismo y una buena parte de la comunidad científica se afirma que causan daños psicológicos y no hay pruebas de curas reales, en tanto estas terapias no suelen hacer seguimientos de sus pacientes a largo plazo.

Matrimonio igualitario y adopción

Varios estudios han tratado de exponer las ventajas y las desventajas que el matrimonio igualitario puede tener para la sociedad y para quienes lo conforman. Primero tenemos que hablar de las ventajas que según estudios el matrimonio aporta sin importar si es heterosexual u homosexual. Por ejemplo, ellos suelen ser más felices y su expectativa de vida es más alta que quienes viven en soltería.  Otra ventaja que se menciona, es que aunque los homosexuales tienen más posibilidades de llevar un estilo de vida un tanto más riesgoso que los heterosexuales  (Joe Messerli), dentro del matrimonio, están comprometidos a construir una vida juntos y suelen adoptar una forma de vida más responsable (Austin Cline).

Por otro lado, otros claman que de esta forma se debilita la definición de lo que es el matrimonio. Se pervierte la definición, aseguran muchos expertos religiosos, porque el matrimonio tiene la finalidad de la procreación, y por lo tanto es antinatura.

Con el matrimonio igualitario, más niños tendrían la posibilidad de tener una familia bajo la cual desarrollarse. Sin embargo, algunos estudios han mostrado resultados distintos cuando hablamos del desarrollo del niño dentro de una pareja homoparental. Algunos aseguran que no es el escenario óptimo para el desarrollo del niño, mientras que otros estudios muestran que los niños pueden desarrollarse de la misma forma que dentro de un matrimonio heteroparental.

Muchos suelen defender su postura con “historias de vida” individuales, como aquella persona que la pasó mal dentro de una familia homosexual, o aquel que recibió mucho amor por sus padres del mismo género, pero las experiencias individuales no pueden tener validez científica para determinar si el matrimonio es bueno o no. Una joven puede narrar una vida de promiscuidad con una familia homosexual, pero de igual forma eso puede suceder dentro de una familia heterosexual. Tampoco un caso de un joven que creció sanamente dentro de una familia del mismo sexo implica que todos los casos sean iguales. Por eso tenemos que remitirnos a los estudios para sacar mejores conclusiones.

Por ejemplo, según el New Family Structures Study del sociólogo Mark Regnerus de la Universidad de Austin, sí hay diferencias entre los hijos que crecieron en hogares heterosexuales a quienes lo hicieron en hogares de parejas del mismo sexo. Este estudio arrojó que los hijos de parejas del mismo sexo tienen mayores posibilidades de deserción escolar, de sufrir depresión y de ser arrestados, así también considera que la posibilidad de que el hijo sea homosexual es mayor. Esas afirmaciones son compartidas por B.A. Robinson, autora de Religious Tolerance, quien agrega además que tienen mayores posibilidades de ser discriminado,  ser víctimas de bullying y tener confusión por los roles de género. Estos autores también afirman que los homosexuales tienen mayor riesgo de contraer SIDA y tener una menor esperanza de vida que los heterosexuales.

Por otro lado. un estudio de Justin A. Lavner, Jill Waterman y Letitia Anne Peplau del departamento de psicología de la UCLA muestra lo contrario. Afirma que las parejas del mismo sexo pueden ser muy buenos padres adoptivos. Los investigadores siguieron la vida de 82 niños adoptados por varios años, 22 de ellos por parejas del mismo sexo. El estudio concluyó que los niños adoptados por parejas del mismo sexo se beneficiaron de la misma forma que aquellos de parejas heterosexuales. En ambos casos, el IQ de los adoptados que se encontraban en situación de riesgo aumentó en 10 puntos y mantuvieron niveles estables de conducta, por lo cual concluyeron que no había evidencia científica en contra de las parejas del mismo sexo. Así también, un estudio de la Universidad de Virginia en conjunto con la universidad George Washington determinó que tanto los padres heterosexuales como los del mismo sexo están igualmente capacitados para educar a sus hijos en adopción y que no hay razón científica alguna para que no se les permita adoptar, así también llegaron a la conclusión de que los hijos de parejas del mismo sexo adquirían los mismos roles de género que sus pares de padres heterosexuales, lo cual demostraría que los padres homoparentales no influirían en la orientación sexual del niño.

Otro argumento que suele esgrimirse, es que las parejas del mismo sexo son más inestables y tienen más altos índices de divorcio. Según el diario Actuall, en España así ocurre, la tasa de divorcios es más alta entre homosexuales que heterosexuales. No ocurre lo mismo en la Ciudad de México, donde después de 6 años, solo el 1% de las parejas del mismo sexo se divorció, cifra menor al de las parejas de heterosexuales.

¿Y las conclusiones? Las dejo a criterio del lector. Seguramente habrá más estudios y opiniones para contrastarlas, y si las tienes, te invito a participar al debate.

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