Es México güey, capta

31 julio 2016

Un hijo de las élites que se pasa por encima las normas los derechos de los demás, y una autoridad incapaz de aplicar la ley. Eso es México, güey.

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Es México güey, capta

Desde que la tecnología avanzó hasta el punto donde cualquier individuo podía cargar con un dispositivo que incluye una cámara y que puede mandar los contenidos videograbados a Internet, los ciudadanos se dieron cuenta que tenían un arma o herramienta que los podía ayudar a hacer esa justicia que el Estado era incapaz de impartir.

Estas nuevas tecnologías que han irrumpido, han “remoldeado” a nuestra sociedad, y han cambiado, aunque sea un poco, las reglas del juego. Primero, porque logran exponer casos, hechos y sucesos que antes quedaban en el anonimato; y segundo, porque la sensación de privacidad cuando una persona decide cometer una fechoría se ha reducido. No son tanto las cámaras que el gobierno instala en las principales vialidades, sino que cualquier individuo puede estar grabando para que el infractor sea captado infraganti. Eso puede hacer la diferencia entre salirse con la suya o, ir a la cárcel o sufrir de “desprestigio social”.

El #LordAudi es el claro ejemplo del papel que juegan las tecnologías y cómo estas llegan a rebasar al gobierno que debería de cumplir un mejor papel. Los ciudadanos se encargan de hacer el papel de investigadores para que el Gobierno simplemente (y si está dispuesto) ejecuta la sentencia. Esto es algo bueno y malo a la vez. Bueno, por la actitud proactiva de varios ciudadanos, y malo, porque es el trabajo que les toca a hacer a nuestros gobernantes.

Sin un smartphone o un GoPro, #LordAudi se hubiera salido con la suya y el caso seguramente hubiera quedado impune. Ahora parece que las autoridades están tomando cartas en el asunto, y se habla de que este joven mirrey podría pisar la cárcel (o bien, pagar una fianza nada económica). Su “papi” podría ser un personaje influyente, pero la opinión pública, que se contrapone por cantidad, puede orillar al gobierno a hacer valer la ley.

Las autoridades brillaron por su ausencia, #LordAudi iba manejando en un carril confinado para ciclistas, al tiempo que “molestaba” con su lujoso auto al ciclista de enfrente. El ciclista, al ver su medio de transporte atropellado, pidió ayuda a un policía bancario (ante la ausencia de cualquier persona que representara a las autoridades) mal preparado, que fue amedrentado y golpeado por el “mirrey caguengue” quien pidió que llamara a su papá, para que después no pudiera evitar su huida.

Varios economistas y “opinólogos de Twitter” se atrincheran en las derechas y las izquierdas para asegurar que los países más exitosos son los que tienen “menos gobierno” o “más gobierno”. Sacan sus frases y argumentos de Friedman, Hayek, Keynes o Krugman que encontraron en Wikipedia para clamar por el fin del gobierno o el aumento de su tamaño. Pero la intervención del gobierno en la economía no es la única variable entre los países que triunfan y los que no. México no es un país excesivamente intervencionista (aún comparándolo con algunos países europeos) y es muy ineficiente.

El caso de #LordAudi es un pequeño compendio de cómo funcionan las instituciones en México. Debido a varias razones, algunas de ellas con orígenes históricos (como las diferencias raciales y de clase, o la herencia de un sistema de gobierno ineficaz, sometido a la aristocracia, como el de la Corona de España), nuestro gobierno es sumamente rentista y clientelar. Las autoridades, en muchas ocasiones, trabajan para el beneficio de unos pocos; de aquellos que están cercanos y comprometidos, de aquellos que tienen poder y dinero. De aquí, y no del “libre mercado” surgen las élites de nuestro país. Aquellos políticos y empresarios prominentes con privilegios son los que educan a sus hijos para sentirse que viven por encima de la sociedad, como nuestro estimado #LordAudi.

Ese “Es México güey, capta”, lo dice todo. Un México donde se sobreentiende que las instituciones no funcionan, y que dependiendo de la posición social, la fortuna y la cantidad de poder amasada, es la capacidad que uno tiene para brincarse al gobierno para satisfacer sus propias necesidades.

Luego tenemos a un gobierno poco acostumbrado a la rendición de cuentas (por las mismas razones), débil, y que no puede hacer valer la ley. Un gobierno atrapado entre el deseo de las élites y que sólo actúa bajo la presión de la ciudadanía cuando ésta es tal que una respuesta negativa del primero puede tener un impacto negativo que repercuta tanto en su legitimidad como en los resultados de las elecciones venideras. La vocación de servicio por parte de nuestras autoridades brilla por su ausencia.

#LordAudi es como funciona México, la única buena noticia dentro de este caso, es que al menos algunos ciudadanos están dispuestos a tener un papel más activo. Pero si bien, es deseable ver a los ciudadanos cada vez más involucrados y que reprueban públicamente este tipo de comportamientos, es tarea del gobierno impartir justicia, trabajar para todos, y no sólo para unos cuantos.

 

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