La lenta pero evidente extinción del PRI, explicada con peras y manzanas

3 junio 2016

El PRI es el "partido fuerte", el partido que no sucumbe ante los malos resultados. Pero se está extinguiendo lentamente, y no se han dado cuenta.

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Bueno, no lo explicaré con peras y manzanas, pero sí con datos duros:

Cuando tuve la oportunidad de ver o asistir a un mitin del PRI, algo me llamó la atención, y fue la cantidad de personas de la tercera edad que ahí había. Muy orgullosos con su gorra del PRI, su camisa, su torta (o la comida que dieran). Y es que en sus estructuras abunda la gente mayor y los jóvenes son los menos.

La lenta pero evidente extinción del PRI, explicada con peras y manzanas

Pronto van a fallecer producto de su edad, y a veces parece que en el PRI no se quieren percatar de ello.

Y no lo hacen porque ya ni siquiera se molestan en hacer el esfuerzo por atraer a los votantes independientes. Me refiero a esos votantes que “con el PRI ni a la esquina” porque para tratar de hacerlo, no podrían seguir operando bajo ese modelo arcaico de partido-familia que no fomenta la rendición de cuentas (ni dentro ni fuera del partido) y que se percibe como corrupto, opaco, y lejano de la ciudadanía.

El PRI está dependiendo de sus bases que cada vez son más pequeñas. Porque insisto, muchas son personas mayores que en algunos años ya no nos acompañarán en este hermoso y todavía verde planeta tierra.

Siempre se ha hablado que la transición a la democracia (al fin, no muy bien lograda) haría desaparecer al PRI. Se pensó que después de la victoria de Fox en el 2000, el PRI desaparecería. No fue así, gracias a la lealtad dentro del partido y a sus estructuras pudieron mantenerse a flote.

Pero lo que sí ha venido sucediendo es un proceso con un impacto más a largo plazo, de cambio generacional, y que está matando al partido lentamente. Este proceso tiene décadas, desde antes de la victoria de Salinas por medio de un fraude electoral, y quien fuera el último en “ganar” con mayoría absoluta.

Estos son los resultados que han obtenido los candidatos a la Presidencia del PRI, independientemente si ganaron o no:

  • 1982: Miguel de la Madrid (70.99%)
  • 1988: Carlos Salinas (50.36%)
  • 1994: Ernesto Zedillo (48.69%)
  • 2000: Francisco Labastida (36.11%)
  • 2006: Roberto Madrazo (22.26%)
  • 2012: Enrique Peña Nieto (38.21%)

Podemos observar que Peña Nieto, aunque ganó la elección del 2012, apenas obtuvo un mayor porcentaje que Francisco Labastida en 2000 quien perdiera con Vicente Fox. Peña Nieto fue ayudado también por el voto útil de quienes vieron que Josefina Vázquez Mota se desinflaba, y lo consideraban menos peligroso que López Obrador. Un escenario así (sumando los negativos producto de la presidencia de Peña) muy posiblemente no se vuelva a presentar para el PRI en 2018.

El objetivo de la campaña de Peña era que ningún candidato se hiciera fuerte para ganar con sus bases y “ese poquito más”. Y por eso es que parte de la estrategia del gobierno actual ha sido debilitar a los partidos de oposición (que además su debilitamiento también ha obedecido a errores propios) para dividir el voto, porque ante una base que se hace más estrecha, al PRI ya no le alcanza para hacer mayorías.

Esta estrategia (a excepción de Aguascalientes e Hidalgo donde tienen una ventaja considerable) de dividir el voto (con la presencia de otros partidos o candidatos independientes) ha sido la constante en las elecciones estatales de este mes de Junio. Esperan ganar con sus bases mientras que los demás candidatos se reparten el voto independiente.

Ciertamente otros partidos tienen porcentajes similares, pero éstos no dependen se su voto duro ni sus bases para ganar.

Pero vámonos a los datos duros. Voy a traer una de esas gráficas muy contundentes y demoledoras de un estudio que Parametría levantó el año pasado. Obsérvala bien.

Porcentaje de la población que simpatiza con el PRI

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La conclusión es demoledora. A menor edad, menor posibilidad de que un individuo simpatice con el PRI.

Cada 10 años, el PRI pierde algo así como el 5% de simpatizantes con respecto al total de la población. Pareciera no ser un número muy grande, pero lo es poniéndolo en contexto. Por ejemplo: suponiendo que las elecciones estatales de este fin de semana se llevaran a cabo dentro de 6 años (una pérdida de poco más del 2.5%), el PRI aseguraría su derrota en Veracruz (donde todavía puede ganar); y estados como Oaxaca y Durango donde ya está casi cantada su victoria estarían en riesgo de perderse. En vez de perder en 2 estados como seguramente sucederá este domingo (más Veracruz que se tambalea), perderían 3 o 4, o más.  Si están en juego 12 estados en esta elección, pasado un sexenio, cuando ya se habrían llevado a cabo elecciones dentro de todos los estados, podrían perder aún más, los suficientes como para perder mucha fuerza.

En 10 años la situación sería bastante peor. Para ese entonces, de seguir la tendencia, el color rojo podría perder la mayoría absoluta (más de la mitad) de los estados que gobierna. Peor todavía sería que alguno de los otros partidos (que dependen más de su voto útil), recobrara legitimidad, que surgieran otros con más aceptación, o candidatos independientes (que ya les arrebataron el estado de Nuevo León), lo cual haría más pronunciado este efecto. El PRI actualmente puede apostar al “divide y vencerás” porque los otros partidos también cargan con una fuerte crisis de legitimidad.

Pero este análisis hasta ahora lo hemos estado haciendo tomando en cuenta que el ingreso y el nivel educativo de la población no se incrementará en los próximos años y se mantendrá estable.

Entonces aquí va otra mala noticia para el PRI. Su voto depende de las personas menos educadas y con menos ingresos:

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A mayor educación, es menos probable que un individuo vote por el PRI.

A pesar de que nos quejamos del nivel educativo de nuestro país que ciertamente es malo, lo cierto es que cada vez más personas tienen acceso a mejor educación como lo muestra esta gráfica, que aunque no está muy actualizada, sirve de mucho para entender el contexto:

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Si observas la gráfica pasada, verás hay una gran brecha entre secundaria y preparatoria. Cuando un alumno pasa a preparatoria, las posibilidades que tiene de votar por el PRI disminuyen drásticamente. La mayoría (relativa) de los estudiantes en el 2005 llegaron a estudiar secundaria completa. Cuando esa mayoría relativa se empiece a concentrar en la educación media superior y superior, el PRI se podrá ver afectado.

Y si analizas la última (donde se muestra claramente que son cada vez más mexicanos con mayor nivel de educación) entenderás el impacto que la educación tiene en contra de los intereses del PRI.

Naturalmente esta gráfica tiene cierta correlación con la primera. Los jóvenes votan menos por el PRI, en parte porque tienen una mayor educación, lo cual significa que las nuevas generaciones, los que están estudiando actualmente, van a simpatizar todavía menos con ese partido.

Y hay una tercera variable, el ingreso de cada persona.

Por menos dinero gane una persona, más probabilidades tiene de votar por el PRI.

Si bien, el aumento del ingreso no es muy grande, no debemos sacarlo de la ecuación porque importa mucho:

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Es paradójico, pero técnicamente al PRI no le conviene que México crezca. Me explico:

El nivel de desarrollo del país es inversamente proporcional al tamaño de las estructuras del PRI.

Ciertamente, si dentro de un gobierno priísta se diera un fuerte crecimiento o un progreso social tal que fuera palpable, el PRI podría ganar más adeptos. Pero en tanto esos adeptos son más educados, son más volátiles. Un gobierno posterior que decepcione haría que esos adeptos le den la espalda, tal y como sucede con los otros partidos.

En cambio,  la mayoría de los votantes del PRI, cuya gran mayoría son pobres y poco educados, siempre son leales al partido. No importa que el Presidente de la República sea partícipe de un conflicto de interés, que un gobernador tenga algún nexo con el narcotráfico o que la economía no vaya muy bien. Mientras el PRI “les trabaje a ellos” su voto estará garantizado.

Habría que añadir otras variables que no habíamos tomado en cuenta para efectos de este análisis y que podrían acelerar más el proceso. Por ejemplo, el acceso a Internet, la penetración de banda ancha, y que cada vez un mayor número de mexicanos tiene acceso a más medios de información. En un escenario así, es más difícil crear individuos leales y dependientes del partido.

Habiendo explicado esto, vemos como el panorama para el PRI no es nada alentador.

Lo peor es que parecen no actuar en consecuencia, siguen apostando a su bases, y parecen haberse resignado al no tratar de hacer un gran esfuerzo para convencer a los votantes independientes. Su estructura partido-familia donde lo que está dentro del PRI es la ley y lo que está fuera no, no ayuda mucho al partido. Por más intensa sea su cerrazón, por más fuerte sea su resistencia al cambio, y por más grande sea su necedad de no combatir todos los vicios dentro del partido, más rápido se llevará a cabo este proceso.

Claro que en muchos años todo puede pasar, pueden aparecer nuevas variables en el juego, que el tablero geopolítico internacional cambie y eso afecte a nuestro país, o de plano que irrumpa intempestivamente. Pero el proceso ahí está, existe, y las noticias para los tricolores, y para quien aspiran hacer una carrera ahí, no son nada alentadoras.

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