Del feminismo y sus excesos

6 Mayo 2016

Las mujeres han hecho un esfuerzo loable por ganar un lugar en la sociedad. Pero también debemos y es importante señalar aquellos excesos dentro de algunos movimientos feministas.

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Hablar sobre los excesos del feminismo, o bien, de ciertas expresiones feministas, podría antojarse algo trivial en tanto el problema del “machismo” en nuestro país (tema que he abordado ocasionalmente en este blog) es un problema mucho mayor. Los excesos del feminismo parecen muy triviales ante los feminicidios, las mujeres víctimas de acoso sexual y una sociedad donde la mujer tradicionalmente se ha encontrado en desventaja.

Del feminismo y sus excesos

Pero no por el hecho de que estas manifestaciones sean “más triviales” significa que las debamos de ignorar.

Tenemos primero que explicar que el feminismo es una corriente “ideológica, política, de pensamiento, o como le quieras llamar” que tiene muchas variables. Es decir, cuando trato de advertir que el feminismo tiene algunos excesos, no puedo afirmar que “toda mujer que se considere feminista” caiga en esos excesos, ni mucho menos puedo afirmar que el feminismo como un todo caiga en ellos. No es lo mismo una mujer que lucha porque no sea discriminada en la empresa donde labora por ser mujer, que una activista de FEMEN.

Yo entiendo el feminismo como una corriente que lucha por los derechos de la mujer. No puedo considerarlo como opuesto del machismo, en tanto la mayoría de las expresiones feministas (no todas) pretenden nivelar las oportunidades de ambos sexos y no de “oprimir al hombre”. En este entendido, podría afirmar que la mayoría de las mujeres son feministas por definición. Es decir, no creo que alguna mujer acepte ser discriminada en un puesto de trabajo por el hecho de ser mujer.

El objetivo del feminismo debe de ser colocar a la mujer y al hombre en un mismo nivel para que tengan igualdad de oportunidades, y ninguno de ambos sea discriminado por su género.

Algo que yo percibo dentro de algunas corrientes feministas (sobre todo en las más radicales), es que más que “liberar” a la mujer, la terminan oprimiendo con planteamientos opuestos. Es decir, se asumía que la sociedad (machista y patriarcal) esperaba que la mujer fuera sensible, tierna y cariñosa, porque argumentaban que esas eran características o constructos sociales cuyo fin era someter a la mujer al hombre (argumento que considero bastante vago). Lo que yo esperaría de un movimiento liberalizador, es que la mujer tenga la libertad de ser sensible o no serlo. Pero se asume que serlo es malo porque se trata de un constructo, basta ver a las activistas de Femen donde la “sensibilidad brilla por su ausencia”.

Incluso el planteamiento de que la mujer es sensible porque es débil, es demasiado vago y falaz, en tanto no es difícil encontrar mujeres cuya personalidad destaca por ser sensible y que a la vez son independientes y tienen su proyecto de vida. Por ejemplo propio, a mi me gustan las mujeres que son sensibles y tiernas, pero al mismo tiempo yo no me veo con una mujer “que se quede en casa y me haga de cenar”, sino una con la cual podamos compartir proyectos propios.

Femen

Considero también paradójico que algunas feministas piensen que deben “actuar como hombres” (por convicción, más que por tener una personalidad masculina) y pretendan emularlos, pensando que sólo de esa forma pueden llegar a hacerse un espacio en la sociedad. En mi punto de vista, eso me suena más a “reafirmar su supuesta inferioridad, y despojarse de su esencia para ser como los otros”. No concuerdo con ello, y no considero que las mujeres deban actuar y adoptar los clichés del sexo opuesto para poder vivir en una sociedad donde estén en igualdad de condiciones y no sean discriminadas por su género.

Pienso que las mujeres deben de desarrollar una personalidad que vaya en concordancia con su esencia y temperamentos; bajo esta afirmación, algunas mujeres serán sensibles y tiernas, otras no lo serán tanto. La mujer no debería toparse con condicionamientos culturales que le digan que no puede ser sensible, o bien, no pueda ser “de carácter fuerte”. De igual manera, un hombre debe también tener libertad de ser sensible o no serlo.

Otra cosa es que por ejemplo, se pretendan erradicar detalles que el hombre puede tener con la mujer (que por sí mismos no expresan ninguna expresión de machismo). Detalles como ser caballeroso, amable, abrir la puerta del carro a una mujer, cederle el espacio izquierdo de la banqueta (porque si algo es cierto, y es parte de la biología, es que el hombre es físicamente más fuerte que la mujer). Esos detalles no son “machistas o patriarcales” en tanto la mujer generalmente se ha mostrado cómoda y agradecida con éstos.

De igual forma hay políticas públicas que pretenden equilibrar las oportunidades para ambos géneros (y que incluso la intención puede ser loable) pero que no cumplen bien con el propósito de generar igualdad, en tanto que la que logran es una artificial. Un ejemplo son las cuotas de género en el servicio público, donde el 50% tienen que ser hombres y 50% mujeres. Viéndolo desde encima, parecería una “norma justa”, pero en realidad tiene altas posibilidades de ser discriminatoria hacia ambos sexos. Por ejemplo, si entre el 100% de los servidores públicos más talentosos que deberían de ocupar los cargos, el 70% son mujeres, y el 30% son hombres, desde una postura meritocrática se estaría discriminado a la mujeres en tanto se tendrían colocar a hombres menos aptos para poder cumplir con la cuota, y viceversa.

Sí creo que existan varios constructos dentro de ambos géneros que han sido resultado de condicionamientos a través del tiempo, por ejemplo, que las mujeres jueguen con muñecas y no puedan jugar a ser científicos como los hombres (lo cual ha desincentivado a las mujeres a actividades confinadas para hombres y donde ellas se podrían igual de bien), pero yo no creo, como afirman algunos teóricos del género, que el sexo no tenga incidencia alguna sobre el desarrollo de la personalidad.

Feminismo y derechos de la mujer

Hay muchos patrones que han cambiado con el tiempo. En el pasado, donde la fuerza física era fundamental para poder generar riqueza, se entendía que el hombre fuera quien trabajara y la mujer cuidara a los hijos. En una sociedad del conocimiento donde el sexo ya tiene muy poco o nada que ver con la capacidad de producir, los roles han comenzado a cambiar; en algunas familias los padres se dividen las tareas, ambos cuidan a los hijos, ambos hacen el quehacer, y eso está muy bien; tiene sentido y es parte de nuestra evolución como sociedad. Restringir las oportunidades a las mujeres es un sinsentido y va en contra de nuestra evolución como especie humana, y tiene más que ver como una lucha de poder (el cual algunos hombres no quieren perder).

Pero lo que debería buscar el feminismo (y que no hacen algunas de sus corrientes) es eso,  colocar a la mujer y al hombre a un mismo nivel para que tengan igualdad de oportunidades, aceptando las diferencias (que las hay, más allá de su anatomía) que ambos tienen, porque no podemos pretender que ambos sexos sean completamente iguales, ni los podemos forzar a ello, porque más que generar libertades, estaríamos generando nuevos condicionamientos (tanto al hombre como a la mujer).

La lucha de las mujeres a través de la historia es loable, evidentemente han logrado mucho, y de igual forma, de forma evidente, todavía no han llegado a la meta. Pero sí debemos subrayar los defectos que se encuentran en esta lucha, y sobre todo las desviaciones que se pueden percibir en los feminismos más radicales (como FEMEN) que prácticamente pretenden someter al hombre (como si se tratara de alguna venganza). Porque al fin de cuentas lo que queremos es lograr esa anhelada equidad de género.

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