El día de trabajo no cayó… ¡en pinchi lunes!

3 Mayo 2016

México es uno de los países donde más se trabaja, y también es uno de los países menos productivos porque premiamos más a la cantidad de horas trabajadas que a la productividad.

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Como sabemos, el primero de mayo se conmemora el día del trabajo (y mi cumpleaños).

Para encontrar su origen tenemos que remontarnos a 1886 en la ciudad de Chicago donde el proletariado estadounidense llevó a cabo todo tipo de actos para reducir la jornada laboral a 8 horas; lo cual consiguieron, no sin algunos muertos, heridos y encarcelados.

El día de trabajo no cayó... ¡en pinchi lunes!

Tenía sentido: 8 horas de trabajo, 8 horas de sueño, y 8 horas para pasar el tiempo con la familia y los hijos.

Desde ese entonces, esta jornada ha sido el estándar en todo el mundo. Naturalmente los tiempos han cambiado, la forma en que se trabaja también y por consecuencia podemos observar algunas variaciones. En algunos países europeos incluso se trabaja menos (amén de sus altos índices de productividad), otras personas trabajan más porque así lo han decidido (quienes trabajan por su cuenta o son dueños de empresas), y también tenemos a quienes, en el papel deberían de trabajar 8 horas, pero se quedan hasta la tarde en la oficina porque no está bien visto marcharse a la hora que timbra la chicharra.

En un país donde muchos asumen que la productividad está intrínsecamente relacionada con el número de horas trabajadas (por más tarde te quedes, más productivo eres y más comprometido con la empresa) y no con la productividad en sí (el valor agregado que puedes aportar a la compañía como empleado) se entiende entonces que en México muchos viven para trabajar. El número de horas trabajadas, aunadas al problema del tráfico, hace que muchas personas no tengan casi algún momento de esparcimiento entre semana. Ahí los altos niveles de estrés e insatisfacción laboral (pinchis lunes).

El mexicano no es productivo porque hemos promovido esa visión distorsionada de la productividad propia de la economía industrial donde la mayoría de los trabajos eran mecánicos y repetitivos: “más horas + compromiso con la empresa”. No importa que hagamos varios breaks durante el día para tomarnos el cafecito, para contar el chisme, no importa si algunas de las horas damos vuelta en nuestra silla para “tener algo que hacer” porque hemos terminado con nuestra carga de trabajo.

A pesar de toda la información relacionada a la psicología de trabajo que circula por Internet y dentro de documentos especializados, muchos siguen premiando a quienes trabajan horas extras porque eso significa un mayor compromiso (en realidad, puede ser una consecuencia del desorden e indisciplina del empleado, o bien, de las políticas arcaicas de la empresa). A pesar de que ya varios estudios han demostrado que a un mayor número de horas trabajadas al día, la productividad por hora se reduce; las políticas y paradigmas parecen no cambiar dentro de muchas empresas.

Un mayor número de horas libres no sólo beneficia al individuo, sino a la larga, beneficia a la misma empresa. El empleado al tener más tiempo libre, puede llevar a cabo actividades que lo hagan más productivo, tiene más tiempo para hacer ejercicio, para estudiar y capacitarse.

Una persona que tiene más tiempo libre tendrá más posibilidades de sentirse más satisfecho con su trabajo, ¡Y probablemente no odiará los lunes!

Actualmente hay varias propuestas para modificar las jornadas laborales. Por ejemplo, Carlos Slim y otros especialistas están promoviendo una jornada laboral de 3 días 11 horas y con una edad de retiro de 75 años. Es decir, 33 horas a la semana en vez de las 40 actuales (y que en la práctica suelen rebasar las 50). Puede ser una idea disparatada pero tiene sentido:

Lo tiene, porque en el futuro cercano (menos de 10 años) muchos puestos de trabajo desaparecerán, debido a que serán reemplazados por robots; sobre todo aquellos que requieren poca especialización. Al crear jornadas de 3 horas (en el entendido que las empresas seguirán trabajando toda la semana), se abrirán más fuentes de trabajo con mayor especialización. Los individuos dedicarán 3 días de la semana casi exclusivamente al trabajo, pero las otras cuatro podrán usarlas para el esparcimiento y la educación. Los individuos tendrán más tiempo para capacitarse, para realizar sus actividades e incluso para desarrollar proyectos que de alguna otra manera no podrían hacer.

La economía y la dinámica de la cual somos parte cambia constantemente, por eso no podemos seguir aspirando a modelos rígidos, arcaicos, o que ya han sido refutados por la comunidad científica. De igual forma, también los urbanistas, psicólogos y especialistas en recursos humanos deben de pensar en como mejorar la calidad de vida de quienes laboran ya sea en una empresa, o por su cuenta. Desde la salida de su casa (repensar las ciudades para que se vuelvan más amigables y menos estresantes) así como dentro de sus puestos de trabajo. Se necesita una visión más flexible y humana si queremos tener una sociedad más productiva, y sobre todo, más feliz.

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