Masoquismo electoral. Cuando sufrir se convierte en un placer

11 Abril 2016

No importa si se trata de votar por Keiko Fujimori, por algún priísta corrompido o alguna figura que tanto daño hizo. Los cierto es que nos gusta sufrir.

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Tienes una amiga cuyo novio la maltrata y golpea. Acude a ti después de haber sido maltratada; llora, y te pide que la abraces porque se siente muy mal. Tú le dices que lo deje. Al cabo de algún tiempo, ella lo deja e inicias tu proceso de conquista porque estás enamorado de esa mujer que fue maltratada y golpeada. Naturalmente por prudencia no la tratas de conquistar desde el inicio, sabes que tiene que pasar un proceso de duelo, entonces haces las cosas “poquito a poquito”; pasan algunos meses, y justo cuando ya tienes todo preparado para declararle tu amor, te enteras que ha regresado con el mismo novio golpeador. Ella te asegura que ha cambiado, pero tu ves al mismo patán malparido de siempre.

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Masoquismo electoral. Cuando sufrir se convierte en un placer

Bueno, eso es lo que muchos sentimos cuando la gente vota “por los mismos”, por aquellos que hace no mucho nos indignaron tanto, a quienes acusamos de rateros y ladrones.

Me acordé de nuestra proclividad al masoquismo al ver a Keiko Fujimori ganar las elecciones primarias. ¿Quién es Keiko? Bueno, es la hija de Alberto Fujimori, ex Presidente que hoy se encuentra en la cárcel cumpliendo 25 años de condena por delitos de lesa humanidad y corrupción. A pesar de ello, Alberto Fujimori sigue siendo “bien visto” por de 50% de los peruanos.

El escritor Mario Vargas Llosa (ese mismo que acuñó la frase “dictadura perfecta” refiriéndose al regimen del PRI que se mantuvo por 70 años en México), y quien perdiera las elecciones de 1990 con Alberto Fujimori, insiste en no votar por Keiko, porque es hija de un asesino ladrón que está preso.

Pero este fenómeno también ocurre en nuestro país. El PRI ganó las elecciones de 2012 a pesar de demostrar que dicho partido no había cambiado sus formas desde el momento en que se fue. En los estados que gobernó en el tiempo en que el PAN estuvo al frente de la presidencia quedó patente. Por ejemplo, El estado de Oaxaca de Ulises Ruiz, o Coahuila de Humberto Moreira (quien después de desfalcar a ese estado, fue nombrado Presidente del CEN del PRI).

Las razones son variadas, muchas veces los partidos de estos candidatos tienen su base en los sectores más vulnerables de la sociedad, a los cuales pueden comprar con despensas o dádivas. No importa que el candidato sea un ladrón, porque él si les da despensa, cosa que no haría el de la oposición. Las clases más marginadas se han acostumbrado a ello, tanto que creen que es un derecho que no les debe de ser arrebatado.

También existen otras razones, como que tal político o partido presuma haber implementado reformas, cambios, o que haya luchado para combatir a un amigo en común, ya sea el narcotráfico o el terrorismo.

Entonces deberíamos entender que una elección no es enteramente racional. Por el contrario, los políticos apelan a las emociones, porque de esta forma el grueso del electorado es más fácil de persuadir. No es la mayoría quien analiza el programa de los candidatos y la viabilidad de sus propuestas, no es la mayoría quien investiga sobre su trayectoria. La mayoria vota por diferentes razones, por pertenencia (con un partido, o con un movimiento opositor a ese partido), por miedo (combate al terrorismo o inseguridad, miedo a un cambio en la estrategia política o económica, por lo que clama una mano firme), por beneficios a corto plazo (propuestas populistas sin ningún sustento económico o científico), despensas o dádivas.

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Los debates presidenciales van en este sentido, los candidatos sienten que tienen que hablar a un televidente con una capacidad intelectual relativamente baja (no porque sean tontos, sino porque no tienen la habilidad o voluntad de usar la razón en el proceso electoral para determinar por qué candidato van a votar). Los candidatos explican muy por encima sus proyectos (vamos a construir un aeropuerto acá, vamos a construir tantos salones para que los niños estudien), hablan de promesas, critican el pasado de un opositor, pero rara vez las propuestas son las que están sujetas a debate. No es común la ocasión en que la estructura de sus propuestas quedan a discusión.

De esa forma, con un electorado mayoritario más acostumbrado a lo inmediato, y quien tiende a pensar más en el corto plazo (de igual forma es su facilidad para olvidar), no es muy difícil que un político acusado de corrupción pueda aspirar a un puesto popular aún mayor. No importa si como gobernador hizo lo necesario para que sus hijos acusados de violar a una adolescente no pisaran la prisión, porque tiene mano firme y “él sí va a acabar con toda la inseguridad” o “él si nos va a construir nuestra calle, o nos va a dar útiles escolares para nuestros hijos”.

Ya sean los Peña Nieto, sea el hijo de José Murat (éste último conocido por desfalcar al estado de Oaxaca) quien tiene el apoyo, incluso de los panistas, para convertirse en gobernador. En un país donde el electorado no está intelectualmente preparado, las acusaciones de corrupción o cualquier otro delito no siempre son determinantes para poder acabar con la aspiración de determinado candidato. Es como si Emiliano Salinas, el hijo de Salinas de Gortari, buscara aspirar a la Presidencia. Basta con su imagen juvenil y su video de Ted circulando por las redes sociales para poder aspirar, en un hipotético caso, a llegar Los Pinos:

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