Cuando yo tenía pesadillas con David Bowie

14 enero 2016

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Cuando era niño tenía pesadillas con David Bowie, y ahora creo que las volví a tener.

Me explico. Mis papás me rentaron la película de Laberinto en el Videocentro. En la trama de esa película aparecía un personaje muy excéntrico (sobre todo por la edad que tenía en ese entonces) cargando un bebé, hermano de Sarah. Dicho personaje (Jareth) fungía como el rey de los goblins, quien retó a Sarah a cruzar un laberinto que tenía un sinnúmero de acertijos en 13 horas para que su hermano no se convirtiera en un goblin.

Tuve pesadillas con dicho personaje. Después, tiempo después, me daría cuenta que quien había entrado a mis sueños con saña era David Bowie.

Décadas después, no pedo dejar de admirar el escalofriante video de Lazarus que se desprende de su último disco Black Star. Esto por varias razones:

Porque la canción es realmente buena, porque esa línea de bajo tan trip hop acompañada por unos muy exquisitos y oscuros arreglos la convierten en una gran obra.

Segundo, porque el video es “escalofriantemente bueno”.

Y tercero, porque hablamos de una de las mejores canciones de un disco que se lanzó días antes de su muerte. De hecho queda muy patente en esta obra la lucha de Bowie contra el cáncer. Ver este video recién publicado, tomando en cuenta que él acaba de morir y que lo hizo días después de lanzar este disco, le da un gran valor. Se pone la piel china al ver y escuchar Lazarus en estas circunstancias.

Basta escuchar la letra para entender de que trata y cómo es que se vuelve muy significativa en el lecho de su muerte:

Look up here, I’m in heaven

I’ve got scars that can’t be seen

I’ve got drama, can’t be stolen

Everybody knows me now

Se dice (y generalmente así ocurre) que los cantantes y bandas de rock llegan a un climax creativo del cual después bajan. En el caso de Queen (otra banda grandiosa) no se terminó ese ciclo y la banda dejó de existir cuando mantenían un gran nivel compositivo y creativo. Pero fue la muerte de Freddie Mercury la que se cruzó en el camino. Freddie y su banda se despidieron de gran forma con The Show Must Go On meses antes de morir. Freddie estaba muy enfermo y ya sabía lo que venía. Los genios lo son hasta el momento el adiós, y habiéndose ido lo siguen siendo.

A diferencia de Queen, Bowie murió a los 69 años. A esa edad, quienes continúan activos, siguen viviendo de glorias pasadas y creando espectáculos (algunos bastante buenos) dirigidos a aquellos quienes fueron sus seguidores y a los más jóvenes curiosos de conocer a “esa leyenda”; en tanto que siguen publicando discos mediocres o decentes cuando mucho (o simplemente ya no lo hacen y se dedican a dar conciertos). Los Rolling Stones son un ejemplo.

Pero David Bowie no se fue con un disco mediocre, ni con una obra que simplemente rememorara al Bowie de antes. Lo hizo con una gran obra, básicamente una gran obra de despedida: Las letras, la música y los videoclips lo delatan.

Y Bowie desde hace más de una década se rehusó a dar conciertos y a hablar en público.

Son muy pocos los artistas que se pueden dar el lujo de despedirse de esa forma. Bowie lo hizo con Blackstar, donde prácticamente “rompió” con lo establecido, y en vez de pretender que músicos de rock trataran de tocar jazz en su último álbum, decidió hacer lo opuesto: que músicos de jazz trataran de hacer rock, y el resultado es admirable.

Bowie se fue haciendo lo que mejor sabe, romper esquemas:  Los genios lo son hasta el momento el adiós, y habiéndose ido lo siguen siendo.

Nunca fui un gran fan de David Bowie en el sentido de que “no compraba todos sus discos” y conozco tan sólo sus obras principales (no más allá de 20 canciones). Pero no es necesario romperse mucho la cabeza para entender que fue un genio, una persona irreverente que marcó a muchas generaciones, que creó sus propios alter-egos (como Ziggy Stardust), y se codeó con otras grandes bandas como Queen o Pink Floyd, además de influir musicalmente en muchas otras.

Tan grande que tuvo el honor de ver a un astronauta interpretar su Space Oddity:

Y da gusto ver que un genio se vaya así, dignificándose; recordándonos en su último respiro su capacidad para sorprendernos. Casi en el lecho de su muerte emitió su última chispa, pero fue una grande, o más bien un luminoso fuego pirotécnico.

DEP David Bowie

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