La estarguarización de la cotidianidad

18 diciembre 2015

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Irrumpe de golpe.

La estarguarización de la cotidianidad

Todos empiezan a hablar de ello, los medios modifican temporalmente sus logotipos para subirse al barco (o al tren del mame como se le dice ahora), los memes que estaban de moda quedan opacados (o se adaptan en su peculiar forma al bombardeo propagandístico, como puede ser una camioneta dibujada dirigiéndose a la estrella de la muerte). Los más fánaticos reservan con antelación sus boletos de cine para llegar disfrazados con una suerte de réplica de los sables (que hay que decirlo, no tenemos la tecnología para emular una réplica exacta), o se disfrazan de Chewbacca.

Sí, la conversación planetaria gira en torno a Star Wars.

Y como si estuviéramos en campaña electoral, algunos ya han comenzado a perder amigos por discusiones acaloradas en las redes. Y no se trata de alguna discrepancia o diferencia política (nosotros los del lado oscuro de la fuerza, sí sabemos gobernar). Se trata más bien de los spoilers. Star Wars es algo tan esperado por muchas personas, que lo peor que les pudiera pasar, es que se enteraran del final de la película por medio de un comentario de Facebook.

Y lo entiendo, Star Wars es una saga muy bien hecha cuya aparición implicó un parteaguas en la cinematografía (sobre todo refiriéndonos a las 3 primeras entregas). Basta ver dichas obras publicadas a finales de los años 70 y principios de los 80 cuyos efectos especiales parecen más contemporáneos. Los personajes causaron mucha empatía, y la historia recreada en un futuro distópico alternativo tiene los suficientes paralelismos con la vida real para que la gente se sintiiera identificada con ella. George Lucas supo crear un muy buen balance entre lo fantástico y lo real. El entorno es la fantasía, el ser humano es el mismo; es la imperfección del ser humano en otro mundo.

No importa que sea absolutamente imposible viajar más rápido que la luz. Nada en el universo puede viajar más rápido que la luz. No importa tampoco que en las entregas no se respete la teoría de la relatividad de Einstein ni su paradoja de los dos gemelos. Nadie envejece más rápido que otro después de viajar a tan exorbitantes velocidades. Aunque si tomamos en cuenta que se trata de un universo alternativo, ante la posibilidad de la existencia de distintos universos donde cada uno está regido por sus propias leyes, podría existir una ínfima y extremadamente remota posibilidad de que en otro universo pudiera plantearse un mundo como el que relata la película.

A veces creo que el humano puede ser lo suficientemente estúpido como para aficionarse a propuestas banales y huecas. Star Wars no es uno de esos casos, puesto que en mi particular punto de vista, se trata de una obra maestra, de una de las historias de fantasía mejor contadas que pueden ser disfrutadas tanto por un niño como por una persona interesada en el comportamiento del ser humano (psicología) o en el comportamiento de los humanos en su conjunto (sociología, política).

Star Wars es una de las pocas veces en que justifico el comportamiento del ser humano en masa promovido por un producto para comercializarse. Star Wars es un producto bien hecho que a pesar de toda la propaganda que le acompaña (y a pesar de que las sagas que aparecieron hace una década no tuvieron la calidad de las primeras), logra venderse por sí sólo y por sus propios méritos.

Claro, exceptuando aquellos a quienes su fanatismo desmedido los hace comportarse irracionalmente.

Hoy todo el mundo habla de la obra (que por cierto, no había visto la nueva entrega al terminar de escribir este artículo), los aventajados intentan explicarle la trama de la historia a los neófitos (el 99% al 1% como dicen), porque no haber visto los primeros 6 capítulos supone una desventaja. Algunos otros tratan de crear relaciones entre la obra y la vida cotidiana: Que si Peña Nieto es menos popular que Jar Jar Binks; o bien, alguien recrea las carátulas de los discos de rock más importantes con motivos de Star Wars.

Y sí, mucho mejor que se hable de Star Wars que de Big Brother. Así sé que todavía tengo razones por no perder la fe en nuestra especie.

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