La verdad debe decirse. México es un pueblo muy ignorante

17 noviembre 2015

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No son todos, pero sí los suficientes como para preocuparnos

Algunos estaban felices con la noticia de que en México se leen, según el Conaculta, 5 libros al año. Esta institución afirmó haber aplicado una metodología diferente, y yo la verdad creo que el incremento de libros leídos se debió a dicho cambio más que otra cosa.

La verdad debe decirse. México es un pueblo muy ignorante

Yo no, yo no estoy feliz con el nivel de cultura que tenemos en México. Más bien me llega a dar algo de pena. De verdad que somos un pueblo muy ignorante.

Lo noté cuando el huracán Patricia, y lo noté más con los atentados en Francia. En estos dos lamentables sucesos (más el segundo que el primero) como se dice cotidianamente, sacamos el cobre.

Hablo de la ignorancia entendida no sólo como escasez de conocimiento, sino también como actitud. Puedo entender que una persona pobre que no terminó la primaria sea ignorante, pero no puedo entender que alguien con un título universitario y que tuvo los recursos humanos y económicos para prepararse, lo sea.

De verdad me encontré un cúmulo de opiniones penosas en las redes sociales, sobre todo en Twitter donde los usuarios entran a ese espacio para mostrar su dizque perfil docto y cultivado.

Muchos creen que ser intelectual es llevarle la contra a la opinión pública. Es decir, si “los borregos” todos creen lo que se dice, entonces voy a afirmar lo contrario para mostrar mis dotes de intelectualidad, por ejemplo:

– Yo estoy en contra de Peña Nieto porque no sabe decir los 3 libros que ha influenciado su vida; ergo, yo derrocho cultura.

Porque es muy distinto ser crítico (con la opinión pública o un gobierno) que simplemente llevar la contra. Ser crítico implica todo un proceso de razonamiento; llevar la contra es eso, nada más decir negro cuando dicen que es blanco, es un ejercicio muy fácil y simplón.

Y lo triste es que esta demostración de ignorancia no sólo se denotó en las personas comunes, sino en algunos que presumen ser escritores o muestran sus títulos. Escritores medianamente conocidos hablando de teorías de conspiración sin ninguna prueba y mucho sesgo ideológico.

Hace unas horas (tomando como referencia la hora de publicación de este artículo), un twittero me reprendió por publicar una foto de una de las mexicanas fallecidas, reclamándome por qué no he subido fotos de todos los mexicanos asesinados. ¡Es un absurdo! Tan absurdo que raya en lo cómico y se convierte en una autoparodia.

Y mucha gente se subió al barco sin entender bien que es lo que ocurre en Francia. Incluso algunos se enojaron con los franceses por declararle la guerra a Siria, cuando los galos le declararon la guerra al Estado Islámico. Y desde esos argumentos comenzaron a hacer reclamos. Nos llamaron “manipulados” cuando nosotros siempre hemos sido conscientes del papel (histórico y actual) que ha jugado Occidente en Medio Oriente para llegar a la realidad actual y de la gran responsabilidad que tiene.

Otros comenzaron a narrar teorías de la conspiración absurdas que se imaginaron para venderlas como la verdad absoluta. – El Ocsidente te está manipulando Cerebro.

Sí, puede ser sesgado que redes como Facebook coloquen la bandera de Francia y no la de Siria u otros países no occidentales (que como comenté, es un error si pretende ser una empresa global que de Internet a los países más pobres), por muchas razones. Facebook es un negocio que da servicios al público a cambio de publicidad de los anunciantes, no una empresa altruista, y naturalmente tenderá a reflejar sus valores occidentales. Usarla no convierte a las personas en ignorantes, aunque posiblemente sería prudente alertar de ese sesgo y entender que esa red social es un negocio “pro-occidental”.

Quienes reclamaron a quienes se solidarizaron, lo hicieron desde la ignorancia. Como si los ciudadanos occidentales estuvieran de acuerdo con lo que sus gobernantes han hecho en Medio Oriente. Generalizaciones, conjeturas, palabras al aire. Esa ha sido la constante.

Dentro de la basura que hay en las redes sociales, hay información muy buena que puede ayudarte a entender el conflicto de una forma fácil y sencilla. Parece que ni eso sirve.

Y me da coraje, y escribo esto porque estoy enojado, y decepcionado.

Porque dentro de nuestra ignorancia hemos sido malagradecidos. Sí, hemos sido malagradecidos con el pueblo francés; muchos les han negado la solidaridad que ellos nos dieron cuando mataron a 43 estudiantes en Guerrero, y lo han hecho por ignorancia (y porque quieren seguir montados en ella). Nos hemos visto mal como pueblo, hemos sacado el cobre. Me da pena.

Un amigo me comentaba molesto por la decadencia que percibe en la educación en Guadalajara. En la Universidad de Guadalajara, dice, los alumnos sólo se preocupan por la fiesta y hacer relaciones (pero eso pasa en todos lados).

Y entonces salen de la escuela sin la vocación de adquirir conocimientos. No leen, no estudian, les preocupa sólo la fiesta, el dinero (y no es que quienes se preparan no vayan a fiestas, sólo que no es su única prioridad). Al final terminan siendo personas sin criterio propio que se tragan todo lo que ven. O bien, son aquellos que se creen intelectuales por darle la contra a todo sin construir argumento sólido alguno (esos que peyorativamente denominan chairos).

Sí, se vale ignorar, nadie tiene conocimientos absolutos; se vale equivocarse en las argumentaciones, no somos perfectos. Lo que me molesta es que la gente opine sin saber nada pretendiendo que saben y cuando nunca se han molestado en saber. Desde ese punto es que la gente te reclama por solidarizarte con los franceses, casi te tachan de antipatriota.

Cuando discuto con otras personas cultivadas me doy cuenta que ignoro muchas cosas, incluso cuando platico con gente que no tiene tanta cultura; pero eso me gusta, porque les aprendo. Muchas personas no, muchas personas bajo su ignorancia descalifican a los demás, por medio de frases gastadas, predecibles y repetitivas. Basta con entrar a Twitter para ver dichos argumentos repetidos que no entiendo por qué no usaron la función del retweet para no gastar energía en el teclado.

Entonces me doy cuenta de que no puedo debatir con mucha gente.

Y eso me frustra. Incluso la cultura en un momento dado te puede hacer sentir aislado e incomprendido (y ojo, estamos hablando de alguien como yo cuyo nivel cultural debería ser considerado promedio, pero no lo soy porque soy un vil tuerto en un mundo de ciegos, cojos y mancos al mismo tiempo).

Y entonces entiendo por qué estamos como estamos como país, entiendo por qué tenemos a los gobernantes que tenemos.

Entonces entendemos que más o menos sí tenemos el gobierno que merecemos. Que gente tan ignorante como Peña Nieto, López Obrador, El Bronco, y sin irme más lejos, Carmen Salinas o Cuauhtémoc Blanco, sean de los políticos más relevantes.

Me duele. Curiosamente los dos artículos pasados tratan sobre eso, la reacción de mucha gente ante los atentados, y yo, con mis limitados recursos, tratando de señalar contradicciones que me parecen muy evidentes. De verdad me desesperé, por lo que todo esto refleja y dice de mi país.

Esta tragedia (y no lo digo con algún afán cínico o de modo insensible) pudo ser aprovechada para que aprendiéramos más sobre lo que pasa en Medio Oriente, para conocer como es que Occidente prácticamente creó varios países en esa zona, lo cual generó un territorio inestable que ha derivado en lo que conocemos ahora. Pudimos aprender sobre cómo es que un extremista llega a serlo. Sobre como Estados Unidos colaboró indirectamente (sin querer) para armar al Estado Islámico. Pudimos aprender sobre Kurdistán (territorio de los kurdos, clave en esta dinámica geopolítica). Pero no lo hicimos, nos dejamos llevar por lo fácil, por las descalificaciones. Por repetir las mismas frases que todos repiten y que no quiere mucho raciocinio porque si muchos lo dicen, entonces es verdad.

Y prefiero decirlo, aunque duela, y aunque me critiquen. Estoy muy enojado, pero creo tener los argumentos para estarlo. Enojado porque esta ignorancia se convirtió en una ingratitud no sólo para nuestros hermanos franceses, sino para las mexicanas que fallecieron en Francia, que pagaron los platos rotos, por estar en Francia y porque una de ellas es hija de un empresario.

Es triste, y es nuestra dura realidad. Que aunque le pese a muchos, debe decirse.

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