Soltera a los 30 años

9 noviembre 2015

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Cuando una amiga, conocida o pariente lamenta cumplir 30 años porque llegará soltera a esa edad, pienso una cosa…

Soltera a los 30 años

Y es que como sociedad nos hemos condicionado a jugar ciertos roles que en este siglo, no tienen sentido alguno.

Cuando escucho a una mujer decir eso, siento que el fin único de su vida es casarse y procrear hijos. Y es que a muchas las han educado así. En ciertos colegios conservadores a las niñas les dan clase de cocina pensando en que tienen que hacer de cenar para el marido.

– Es que quiero cocinar para “Él”. – Pero a “Él” puede que le valga madre. El hombre tiene un plan de vida, y el plan de vida de la mujer es “Él”, como espectadora. Sí, en muchos casos sigue sucediendo.

Todos estos condicionamientos hacen que una mujer se sienta frustrada por llegar soltera a los 30 años: – Voy a vestir santos, voy a quedar como solterona.

Y seguramente la tía, con una gran sonrisa y un tono bromista-sarcástico, le preguntará que pa’ cuando el bodorrio. Seguramente la pobre mujer se va a quedar frustrada. Sentirá que la señalan, que algo habrá hecho mal para llegar a esa edad, ¡En esas condiciones! Las hermanas ya se casaron y ella no.

¿Pero saben?, esas “quedadas” están colaborando más con la sociedad de lo que imaginan. Primero, porque en este mundo ya no cabemos tantos, ya no es lo ideal que todos los seres humanos se reproduzcan, tenemos que ser más selectivos. Incluso nuestra evolución como especie va en ese sentido: Familias nucleares más pequeñas, más solteras y solteros. ¡Están colaborando con la supervivencia de nuestra especie!

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Una mujer soltera (no es que trate de idealizar la soltería, ni mucho menos demeritar a la institución del matrimonio que siempre será importante dentro de una sociedad) tiene todo un abanico de opciones por delante. Puede hacer su plan de vida, puede invertir en un negocio, estudiar una maestría…

Y muy posiblemente después conozca a un hombre con el cual comparta proyectos de vida, o se respeten los propios, y así puedan formar una familia. Una donde la mujer no se someta al hombre,  más bien una relación colaborativa, donde los dos pongan de su parte, donde se dividan los gastos, donde uno pague la colegiatura de los niños y otro el alquiler; donde los dos convivan con los hijos, se dividan las tareas domésticas.

O posiblemente decida vivir el resto de sus días soltera. Hay quienes están tan avocadas a su profesión que no tienen el tiempo para procrear hijos, y es totalmente válido.

Y encontrar al amor de su vida no es una obligación, y ni siquiera ello necesariamente habla sobre su persona, o incluso su atractivo (físico y psicológico). Hay mujeres que tuvieron hombres en la fila de espera y no han encontrado a la pareja ideal; hay quienes nunca tuvieron suerte con los hombres, y en algún momento, de buenas a primeras, llegó la pareja con la que han vivido siempre felices (y me consta).

Dicen que a los 30 años a las mujeres les queda poco tiempo de fertilidad (algo así como 10 años, dependiendo del caso). Pero vaya, ¿En pleno siglo XXI piensa alguien en procrear 10 hijos? La familia es la base de la sociedad, y en estos tiempos, se necesitarían demasiados recursos para poder mantener a tanto retoño y lograr que sean emocionalmente estables. Educar a tanto chamaco puede provocar angustias mucho mayores a la que le provoca a una mujer pensar por qué no se ha casado a los 30.

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¿Y por qué algunos insisten en medir la dignidad de la mujer con base en el estado civil? ¿Qué no tienen valor más allá de ser “la señora de la casa”? Esas ideas trasnochadas, obsoletas, a las que se supone, la civilización occidental ya superó, son las que angustian a las mujeres.

Van a las bodas de las amigas y se preguntan por qué siguen solteras. La maldita presión social. Y tal vez a esas ni siquiera les importe, pero ella se hizo a la idea. Se verá el espejo ¿Serán los kilitos de más? ¿Será esa arruga?

– Es que mira amiga, tú eres muy inteligente y estudiosa. Los hombres le temen a las mujeres inteligentes, lo vi en un artículo que subieron al “feis”, así que tú siéntete orgullosa.

Y ahí está esa tía, ahí esta observando para esperar de forma precisa y pragmática el momento en que le pueda lanzar la pregunta inquisidora a la mujer. La tía se casó a los 18 años:

Es decir, desde los 18 años, ella esperó en casa a que llegara al marido. Si salió de viaje fuera del país fue para acompañar al marido a viajes de trabajo. En esos 12 años extra tú has hecho muchas cosas, viajaste con amigas, tienes algún proyecto en puerta, has hecho cosas interesantes. Has conocido varios hombres, te has dado el tiempo de buscar bien a tu pareja (que ciertamente no ha llegado) y no te has casado porque “tenías que casarte”.

Y no culpo a tu tía, no la culpes, así se estilaba antes. Por alguna razón las cosas eran así, pero la especie evoluciona. La mujer ha ganado más derechos, ha adquirido más protagonismo, y en esa dinámica, angustiarse por esos 30 años cumplidos “solteramente” es casi un contrasentido.

Si te cuestiona la tía, deja de estar pensando en lo que van a decir los demás, ¿Porque sabes? Si algo tienen en común aquellas personas que hicieron algo de su vida, es que en algún momento muchas personas las señalaron. Eso ocurre mucho con quienes tratan de trascender. En cambio, quienes vegetaron durante toda su vida y se sometieron a los cánones impuestos, nunca fueron criticados… hasta que los demás se dieron cuenta que no ha hecho nada con su vida.

Muchos hombres sabemos que nuestra fortaleza dentro de una familia no debería estar dada por la debilidad de la mujer, sino por la capacidad del hombre para ser fuerte respetando su fortaleza de su pareja.

Porque no importa que llegues a los 30 años en plena soltería, eso de ninguna manera atentará contra tu dignidad, ni contra tu grandeza.

 

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