Ajalpan, dos vivos quemados, y una nación que no funciona

20 octubre 2015

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Muchos subestiman el concepto del Estado de derecho. Eso es lo que ayuda a que “todo esto” funcione:

Estado de derecho: Estado ideal de cualquier nación porque todos los poderes que conforman el estado se encuentran a derecho, es decir sometidos a la autoridad de las leyes vigentes.

La gran mayoría de las personas interesadas en los temas políticos y sociales emiten opiniones con base en argumentos ideológicos. Creen que el funcionamiento correcto o incorrecto de un Estado está determinado por las corrientes ideológicas. Entonces culpan al neoliberalismo o al socialismo de todos los males.

Ajalpan, dos vivos quemados, y una nación que no funciona

No estoy diciendo que esas corrientes ideológicas, que cada vez son más retóricas y sirven como estrategia publicitaria más que otra cosa, no influyan. En el siglo pasado las batallas ideológicas determinaban el rumbo de nuestra civilización global, ahora estas se han venido neutralizado, pero al final del día siempre habrán quienes se encuentren en el poder y quienes se quieran rebelar a él (en mayor o mayor medida, dependiendo de la desigualdad existente en un estado), eso es algo natural y simplemente le pusimos etiquetas como izquierda o derecha, que pueden ser un tanto ambiguas.

Pero quienes se rasgan las vestiduras defendiendo alguna corriente ideológica como el fin a todos los males caen en un error, más cuando se subestima o no se le da importancia a eso llamado Estado de derecho, que es pilar de una democracia y un estado funcional.

Por un ejemplo, muchos satanizan la apertura económica que vivió México, el culpable de todo es el “neoliberalismo”, por su culpa no hemos crecido. Y la realidad es que esta apertura incompleta y con resultados ambiguos se debe a un Estado de derecho débil mediante el cual se pudiera hacer un proceso de apertura óptimo. Ya sabemos que varias empresas se vendieron a los “cuates” cercanos al gobierno actual.

Cuando veo el video de los “presuntos secuestradores” que fueron linchados en Ajalpan, no puedo pensar en términos de posturas ideológicas, es casi un absurdo. Pienso en un Estado de derecho casi inexistente en nuestro país, donde ante unas autoridades frágiles (tanto en las acciones preventivas como en las correctivas) los ciudadanos en un estado casi primitivo (resultado de un entorno donde no hay algún tipo de orden) hacen justicia por cuenta propia quemando a dos jóvenes que al parecer eran en realidad estudiantes.

Naturalmente un proceso judicial apegado a la ley es mucho más eficiente para juzgar a una persona por un delito que una turba despojada de su racionalidad y que actúa por medios de sus instintos básicos. La diferencia evolutiva entre las dos opciones es de más de 20 siglos. Pero quienes son autoridad y tienen la posibilidad de optar por la primera opción son lo suficientemente incapaces y débiles como para que sus gobernados opten por la segunda.

Lo que vimos en Ayotzinapa, las turbas en Guerrero y Oaxaca, y demás expresiones de violencia son ejemplo de una autoridad débil. Naturalmente no sugiero un gobierno de talante autoritario (este concepto también va contra la noción de Estado de derecho).

Es débil no sólo por su ineficacia, sino por su incapacidad de garantizar (o crear las condiciones) un mínimo nivel de bienestar entre la población. Cuando se vive en un país muy injusto o cuando quienes están a la cabeza no tienen autoridad moral, la sociedad termina por percibir a los gobernantes como inútiles, entonces si quienes hacen las leyes o garantizan su ejecución no logran servir, los gobernados terminarán por no importarle las leyes y buscarán satisfacer sus necesidades a su arbitrio pasando a éstas y a las mismas autoridades por encima.

Y esto sin importar si se vive en un país capitalista o socialista. Un Estado disfuncional no respeta preceptos ideológicos.

Que el asesinato de estos dos presuntos delicuentes que parecen ser más bien estudiantes o encuestadores que posiblemente nada tuvieron que ver, sea una noticia, y más, una noticia que no nos sorprenda tanto, es sintomático de un país con un Estado de derecho fallido, casi inexistente, y en su lugar tenemos un orden de las cosas (si se le puede llamar así) que beneficia a unos pocos, a quienes tengan el “varo” para pagar a los mejores abogados o para corromper a las instituciones para hacerse justicia propia.

Si eres sensible, no veas el video, el contenido es fuerte:

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