El Pasecito, y por qué no deberías de retar a Kenka

27 septiembre 2015

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Quiero empezar comentando que el acento de niña fresa de la Ciudad de México nunca me ha sido de mi gusto, lo percibo como de no muy buen gusto y un tanto exagerado; posiblemente porque en esa entidad los niveles de clasismo son mayores que en Guadalajara. Tampoco me he terminado de acostumbrar (es que en Guadalajara somos más parecidos, sin faltar a la razón) a que una mujer a la cual no encuentro muy bella, se cotice demasiado y se presente como alguien difícil de alcanzar. Eso me vino a la mente cuando vi a esta jóven en el video, pero bueno…

El reto del pasecito es una de las cosas más patéticas que he visto en los últimos años, me la pensé dos veces antes escribir sobre el tema porque consideré que había temas más importantes, pero de verdad es que es algo penoso y creo sirve para que insista en que las élites de este país están podridas, muy podridas.

Supongo que estas mujeres están demasiado grandecitas como para no entender que inhalar cocaína puede traer consecuencias serias a su persona. Cierto, hay una cantidad considerable de gente que toma drogas, pero de verdad que me friqueó ver a estas jóvenes subir su video inhalando cocaína a las redes para presumir su hazaña. ¿De verdad es algo de lo que se deberían sentir orgullosos? Y lo hacen como si se tratara de un juego normal, cotidiano. De verdad no entienden.

No entienden que con este reto no sólo se están jodiendo a ellos mismos, están promoviendo un círculo vicioso donde están invitando a sus amigos a drogarse y a joderse, con tal te verse cool o interesantes, como si drogarse tuviera algo de interesante, como si depender de químicos tóxicos fuera algo trendy, como si necesitaran de ello para pertenecer a un círculo social. Y lo hacen con tanta naturalidad…

Me pregunto ¿Dónde están sus papás? ¿De verdad sus papás no ven esto? ¿O de verdad a sus papás no les importen que sus hijos se droguen porque ellos también lo hacen? Tuvo que ser la sociedad misma la que reprendiera indirectamente a estos jóvenes, como yo lo estoy haciendo desde este espacio. ¿Y nos habrán hecho caso, o se estarán burlando de nosotros?

Estas niñas son lo suficientemente estúpidas como para no dimensionar el daño que están haciendo con “su juego”, como para no entender que están incitando a gente cercana a ellas (y gente no tan cercana) a que adquieran un vicio que puede destruir sus vidas, porque no se trata de un porro, se trata de cocaína. Pero no sólo perjudican a sus amigos y conocidos de círculos cercanos, también están ayudando a financiar al narcotráfico. Un narcotraficante no verá con malos ojos que unas niñas irresponsables pretendan promover el consumo de la cocaína entre las élites mexicanas, quienes si algo tienen en común es que tienen mucho dinero para gastar y por lo tanto es un mercado atractivo.

Sí, un mercado atractivo para esos narcotraficantes que diariamente cometen asesinatos, esos narcotraficantes como los que penetraron el Estado para matar a los estudiantes de Ayotzinapa.

¿Qué es lo que está pasando en las élites como para que un juego así de absurdo pueda pasar como una actividad inocente o algo normal y cotidiano?

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