La palabra del Gobierno contra la palabra de los demás

21 septiembre 2015

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Inicio con dos comentarios que hay que tomar en cuenta para entender el contexto.

1.- Cuando no puedes censurar abiertamente, la opción que queda es saturar a la población de información de tal forma que ésta quede confundida; parece que es la apuesta del Gobierno. A pesar de las voces calladas (algunas con éxito, otras sin éxito) la oposición existe (me refiero a la ciudadana y no tanto a la política) y sería riesgoso un ataque frontal contra ella. Lo saben.

2.- Cuando un gobierno está debilitado, la tentación de tomar el poder que éste va dejando es inevitable. Es decir, cuando un gobierno se debilita, la luchas de poder se incrementan dado que esa condición implica una oportunidad para tomar el lugar de quienes ahora gobiernan. Los métodos y alcances pueden ser de diferentes formas; habrán quienes aspiren a derrocar al gobierno, otros apuestan a la siguiente fecha electoral, y otros aspiran a negociar con el gobierno, de tal forma que ellos adquieran parte del poder a cambio de legitimar a este último públicamente.

La palabra del Gobierno contra la palabra de los demás

Estos dos puntos nos pueden ayudar a explicar un poco el caso Ayotzinapa, donde veo un Gobierno que miente, pero al mismo tiempo a una oposición (aquí más política que ciudadana) que busca aprovechar la coyuntura. La pregunta es hasta donde influye cada parte ¿La verdad se acerca más hacia la “verdad histórica del Gobierno”?, o por el contrario, hacia la versión de los que se oponen a él y a los escépticos.

Acercándonos al 26 de Septiembre, aniversario de la masacre de Ayotzinapa, han ocurrido muchas cosas. Primero, el Grupo Interdiscipliario de Expertos Independientes (GIEI) de la CIDH, presenta un informe donde cuestionan la “verdad histórica” presentada por el Gobierno. La información es demoledora, porque si bien no presenta resultados contundentes de lo que realmente sucedió, si deja en evidencia la versión de la PGR. Después de esto, algunos “especialistas” cuestionaron el diagnóstico del GIEI, sobre todo a José Torero quien cuestionó que se hayan incinerado a los estudiantes en Cocula. Después de esto, en Innsbruck afirman haber encontrado la identidad de un segundo estudiante y por supuesto, en estas mismas fechas, detienen a “El Gil” el presunto autor intelectual de la masacre. Las fechas no son coincidencia, no es coincidencia que días después del informe y días antes el 26 de Septiembre, se identifique la identidad del segundo estudiante y se capture a “El Gil”.

También habría que cuestionarse hasta qué punto la oposición trata de aprovechar la coyuntura. Así como lo hicieron en el año pasado cuando sugirieron que Peña Nieto había sido el autor intelectual de la masacre. El problema para el Gobierno es que su crediblidad es tan pobre que se antoja difícil creerle. Más cuando los señalamientos de éste son difusos. A veces los “intelectuales orgánicos” pueden señalar a López Obrador, a la CNTE o inclusive a Carlos Slim como “quienes están detrás”, luego pueden afirmar que detrás del GIEI está nada más que los intereses de Álvarez Icaza. Pareciera que los culpables, según el gobierno, son un conglomerado que es inclusive disímil entre sí.

Con el asesinato de Rubén Espinosa pasa lo mismo, se han creado tantas líneas de investigación y contado tantas historias que han logrado distraer a la población del foco, tan es así que ya no se está poniendo atención en el asunto. Con el conflicto de la OHL sigue la misma línea, aunque en ese caso el Gobierno ha sido más torpe. Después de que aparecieron audios donde inclusive el Presidente vuelve a verse incriminado en conflictos de interés, se evidencia a la PGR sembrando un arma al abogado de Infraiber, empresa que se supone, está detrás del espionaje que dejó en evidencia al Gobierno. Después la misma PGR afirma haber encontrado equipo de espionaje que la empresa usaba.

Me queda claro que estamos ante un gobierno muy corrupto, sin legitimidad ni autoridad moral. Me queda claro que gran parte de su descrédito se debe en mayor parte al resultado de sus propios actos y no a una campaña de desprestigio. Los intentos de aprovechar y beneficiarse de los vacíos del poder vienen en consecuencia el descrédito del gobierno y no al revés.

Lo natural y responsable sería analizar las dos partes de la historia. Pero la información es (a propósito) tan difusa que al ciudadano de a pie, no le queda de otra más que hacer juicios ad hominem (a raíz de un Gobierno acostumbrado a mentirle a los ciudadanos). ¿Puede ser que el Gobierno tenga razón en algunos de estos cuestionamientos? No es algo que se pueda descartar, pero la credibilidad que tiene es tan baja que la mayor parte de los mexicanos ya dan por sentado que su argumento se trata de una mentira, y ahora sí, como Pedro y el Lobo…

Y mientras eso sucede, como suele ocurrir, nunca se sabrá lo que pasó y se harán miles de conjeturas hasta la eternidad (lo que se traduce en más heridas históricas con las cuales lidiar colectivamente).

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