Jalisco es uno por los niños y la idea de la adopción gay

30 julio 2015

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Todos estamos de acuerdo en que la familia es la base de la sociedad, es el núcleo donde el individuo se desarrolla y no puede ser reemplazada por otra institución. La institución de la familia ha mutado con el tiempo: En las épocas más primitivas era una simple organización social (horda) caracterizada por ser un grupo reducido sin distinción de paternidad, luego se organizaban por clanes donde obedecían a un jefe y estaban integrados por una comunidad de personas.


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Etimológicamente, la palabra “familia” proviene del latín “familus” que significa “sirviente que pertenece a un amo”

Después apareció la familia Consanguínea donde los grupos conyugales se clasificaban por generaciones, todos los abuelos en los límites de la familia son maridos entre sí. Luego le siguió la familia Punalúa que consistía en excluir a los padres y a los hijos del comercio sexual y después a los hermanos. En la posterior familia Sindiásmica un hombre vive con la mujer pero le está permitida la poligamia; después la familia Monogámica se funda en el predominio del hombre con el fin de procrear hijos cuya paternidad sea indiscutida dado que sus hijos serían sus herederos. Apareció también el matriarcado y la familia patriarcal. Es decir, la familia no ha sido igual durante toda la historia de la humanidad.

Hace unos siglos la familia extensa vivía junta, y algo que hemos constatado es que las familias cada vez tienen menos hijos. El contexto va modificando su forma dado que ésta para cumplir su función debe de irse adaptando a su entorno. Por un ejemplo, sería impensable (a menos de que se posean muchos recursos de sobra) pensar en una familia de 10 hijos quienes puedan tener acceso a la comida, a la educación y a una formación sana.

Lo que se discute tiene que ver en parte sobre el modelo de la familia. la manifestación de “Jalisco es uno por los niños” busca mantener el modelo de familia hasta ahora vigente formada por papá, mamá e hijos. Por el contrario, la comunidad LGBT busca que ellos también tengan de derecho a formar una familia, lo cual implicaría un cambio al concepto actual de la familia (aunque cabe decirlo, si obtuvieran dicho derecho, las familias homoparentales constituirían aproximadamente el 4% o el 5% de todas las familias, tomando en cuenta estudios llevados a cabo en distintos países sobre porcentaje de homosexuales en una sociedad). Incluso sin el cambio de leyes, ya han habido cambios al modelo de familia tradicional, como las madres solteras, o muchas personas que deciden vivir en soltería toda su vida, limitándose a relaciones de noviazgo y unión libre. Esto, pienso yo, no se debe a una progresiva “pérdida de valores”, sino a un cambio del entorno en el que vivimos (más urbano y competitivo).

Dicho esto, el debate sobre la posibilidad de que los gays adopten es un tema mucho más complejo de lo que se quiere ver. El tema es polarizador, lo cual impide en muchos casos sostener debates sobre lo que es mejor para la sociedad. La mayoría de los gays hablan sobre los derechos, la mayoría de los conservadores hablan sobre la “naturalidad de la familia” y muchos de los juicios se hacen con base en conceptos religiosos. Esto causa que el debate sobre qué sería lo mejor para una sociedad sea más pobre de lo que debería de ser.

La familia no es inmutable como acabamos de ver, en 200 años la familia no será exactamente igual que ahora. Hay que debatir sobre la conveniencia de que parejas gay puedan adoptar niños, el debate no debe de limitarse a los derechos de los gay, ni a las ideas religiosas, sino a lo que pueda ser mejor para la sociedad. En Internet hay artículos donde se trata de probar que el desarrollo de niños dentro de parejas homosexuales es completamente sano, por otro lado hay testimonios que tratan de reflejar lo contrario o el de algunos gays como Dolce & Gabbana quienes están en contra de la adopción. Las principales cuestiones no deberían de ser los derechos ni los supuestos mandatos divinos, las preguntas deberían de ser si un niño puede desarrollarse normalmente dentro de una familia homoparental, si un niño está de acuerdo con tener dos mamás o dos papás, si es indispensable que el niño crezca con “mamá y papá” y si en dado caso que esto sea afirmativo los gays puedan cumplir con esas funciones o no lo puedan hacer; también preguntarse si sería una oportunidad mejor para el niño tener dos padres o dos madres que vivir en un orfanato. ¿Si una pareja gay no adopta a un niño, qué será de su vida? ¿Terminará en la calle, o tarde que temprano será adoptado por una familia heterosexual que lo podría educar en mejores condiciones? ¿El niño sería discriminado, o es un precio a pagar hasta que las familias homoparentales sean integradas a la sociedad? ¿No pasará nada? ¿Qué dice el niño? ¿Cuáles serán sus repercusiones psicológicas, sean positivas o negativas? ¿La adopción podría perjudicar al niño, o bien la no adopción les privaría a algunos niños la posibilidad de tener una familia? . El desarrollo del niño va por delante sobre cualquier derecho de los padres o idea religiosa.

La respuestas a esas preguntas son las que deben determinar si el Estado debería de aprobar la adopción gay o no. Debatir sobre si los homosexuales tienen algún trastorno, desviación y enfermedad es algo innecesario, dada su existencia a lo largo de toda la humanidad y que dentro del mundo científico hay un consenso ya de que no se trata de ningún tipo de trastorno o “aberración” como todavía lo creen cada vez menores sectores conservadores. El debate de la adopción gay debe de ir asumiendo que los gays pueden ser (y son en general) igual de sanos que los heterosexuales, la cuestión estriba en la posibilidad del desarrollo de un niño en un entorno diferente al de la figura masculina y femenina como educadores.

Sobre la manifestación, todo el mundo tiene el derecho a manifestarse, ese derecho debe de ser respetado. Es tan incongruente que activistas de toda la vida estén en contra de que el sector conservador se manifieste a que si éste último les pite con el coche a los primeros en otras manifestaciones y les digan que se pongan a trabajar. La manifestación es un derecho que en algún momento debemos de usar.

Los integrantes de “Jalisco es uno por los niños” defendieron sus creencias de forma apegada a la ley (su derecho a manifestarse), algunos de sus planteamientos, cabe decirlo, me parecen cuestionables. Pugnan por el derecho a educar a sus hijos, pero no veo como es que el matrimonio homoparental (o igualitario) e inclusive la adopción se los va a quitar, se trata de una extensión de derechos (los cuales, como comenté, generan mucho debate) y creo que también en algunos casos se da la idea de que hay que “rescatar a los niños de las garras de los homosexuales”, lo que se debería debatir es la conveniencia de la adopción. Si fuera realmente un “Jalisco es uno por los niños” se deberían haber incluido temas como la trata de personas, la prostitución infantil y la violencia en los hogares que laceran la vida de los niños de nuestro país (y que son más perjudiciales de lo que se supondría podría ser la adopción gay).

Entonces mi conclusión es que la manifestación buscó defender solamente el modelo de la familia tradicional promovido por las instituciones religiosas (están en su derecho de hacerlo). Pero estamos muy acostumbrados a no llamar las cosas por su nombre y a utilizar eufemismos que más que atenuar la agresividad de un significado termina confundiendo a la población (al aborto se le llama interrupción del embarazo, y hasta al Negrito de Bimbo se le cambió el nombre a Nito porque alguien vio una cuestión racial en un empaque que en realidad no tenía ninguna alusión discriminatoria). No se trató entonces, de una cruzada por los niños.

Me gustaría ver un debate, un debate informado, con fundamentos desde las dos partes. Este tipo de discusiones lamentablemente más que generar debate generan polarización y descalificaciones entre ambas partes. Ni conservar el estado de las cosas es siempre lo más sano, ni tampoco lo es necesariamente buscar un cambio en todos los modelos; no se trata de dividir al mundo en buenos y malos ni pensar en términos de “homofóbicos o putos depravados”. No creo que los conservadores tengan malas intenciones (independientemente de si su percepción es equivocada o “retrógrada” o no) ni creo que la parejas homosexuales no busquen o no puedan crear una familia estable y llena de amor. Cada quien defiende lo que cree que es suyo, pero insisto, un debate informado, con pruebas empíricas, con números y con evidencias sería lo más sano para poder responder a la cuestión sobre si una pareja gay debería o no de adoptar.

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