México, un país de “bromita”

15 julio 2015

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Tomando la teoría de la relatividad de Einstein. Imagina que estás dentro de un avión y una mujer camina dentro de un pasillo desde el baño que está en la parte trasera hasta su asiento de primera clase (es decir, hacia la misma dirección en que el avión viaja), estando ahí tú puedes deducir que esta mujer camina a una velocidad de 4 kilómetros por hora. Imagina que un amigo tuyo se encuentra en la superficie de la tierra y observa caminar a esa mujer dentro del avión. Tu amigo llegará a una conclusión diferente, él te dirá que la mujer se desplaza a una razón de 904 kilómetros por hora (asumiendo que el avión viaja a 900 kilómetros por hora). El evento es el mismo, pero la percepción cambia de acuerdo al punto en que se encuentra el observador.

México, un país de "bromita"

Algo así pasa con las ideologías políticas. Un evento ocurrido en nuestro país siempre será el mismo; el juicio que se haga de ese evento variará de acuerdo a la postura política del observador. La privatización de una empresa será vista con agrado por un liberal económico, en cambio generará mucha molestia en un izquierdista de cepa. Independientemente de que en algunos casos puedan existir instrumentos para medir la efectividad de una decisión de una forma independiente a las condiciones ideológicas, un evento en muchos casos no puede juzgarse igual por todos los observadores dado que su ideología está dada por muchos factores, como su instrucción, el ambiente en que se ha desarrollado e incluso condiciones psicológicas y hasta genéticas. Un estadista lo sabe (o se asume que lo debe de saber) y por eso es que debe de entender que muchas de las decisiones que tome serán juzgadas desde varias perspectivas.

Entonces se puede entender que la gran mayoría que las decisiones que tome serán juzgadas mal por sus detractores (no se puede quedar bien con todo el mundo).

El problema para un gobernante viene cuando las críticas a sus decisiones y a su gobierno superan esta natural condición del ser humano, y es lo que está pasando con el gobierno de Enrique Peña Nieto. Es curioso que el juicio que hace Gerardo Fernandez Noroña sobre la fuga del Chapo sea muy similar a la que hace Pedro Ferriz Hijar, siendo que su doctrina ideológica es casi opuesta a la del primero.

¿Habría que agradecerle a Peña Nieto que haya terminado temporalmente con la polarización que vivía el país al poner a casi toda la nación contra él?

La mayoría de las críticas (tal vez con excepción de algunas de las reformas) han logrado una convergencia de opinión entre la derecha y la izquierda mexicana. Pedro Ferriz afirma que uno de los problemas del país es que algunos empresarios están coludidos con el gobierno actual y eso explica en gran parte, nuestra situación actual y la desigualdad en la que se vive; al mismo tiempo López Obrador habla de la “mafia en el poder”. Aunque no son argumentos exactamente iguales, sí tienen varias coincidencias, curioso entre dos figuras que se repelen entre sí. La opinión de ambas posturas frente a la Casa Blanca de Peña Nieto, y hasta algunos casos, lo de Ayotzinapa, más que ser divergentes, tienden a ser convergentes.

El problema es que el pésimo desempeño del gobierno actual queda evidente, no hay escapatoria, no hay punto de vista ideológico desde donde se pueda justificar. Dentro de su partido lo pueden defender, pero no es un problema de percepción con base en lo ideológico, sino de simpatía con una institución (cuestionar al Gobierno sería cuestionar fuertemente a la institución en la que me siento “parte de”, donde tal vez no sólo tengo simpatías, sino intereses políticos). La prensa extranjera, la cual, en algunos casos asumimos, puede ser más objetiva por su capacidad de verlo todo “desde fuera” (aunque no están exentos de condicionamientos ideológicos) llega a la misma conclusión. El veredicto es generalizado, éste gobierno está sumido en la corrupción.

Cuando digo que México es un país de “bromita” es cuando a pesar de toda esta realidad no pasa nada, cuando la oposición está inmóvil cuando el gobierno se ha puesto en una posición para que cualquiera le de una patada. Es de “bromita” cuando ocurren cosas tan inverosímiles como que el capo más buscado del mundo se escape del penal (supuestamente) más seguro de América Latina. Es de broma ver que el Chapo se escape, según el video presentado por el Comisionado Nacional de Seguridad con barba y pelo, y la PGR diga que estaba rapado al momento de salir de la cárcel. Es inverosímil que el Chapo (aunque la inverosimilitud se puede atenuar entendiendo la gran corrupción) tenga una tablet en la cama mientras escapa. Es inverosímil que en el momento en que éste se escapa, Peña y Osorio se vayan juntos a Francia dejando al país sin cabeza.

Un país de “bromita”, surrealista (André Breton dixit, y hasta mi vecino dixit), dicen que como México hay dos. México sumido en una de sus peores crisis contemporaneas, la sociedad paralizada, impotente, creando memes del chapo y burlándose de Peña Nieto en las redes sociales como terapia psicológica para evadir la realidad ante el supuesto (no del todo verdadero) de que no se puede hacer absolutamente nada para cambiar las cosas. Así de triste es la situación, y el gobierno se alcanza a sostener gracias a la complicidad de la oposición y a sus partidarios con muy poco espíritu de autocrítica y quienes creen que el problema de las críticas hacia su gobierno están afuera y no adentro.

Por eso cuando les mencionas la palabra “dimitir”, te dicen que no conocen a ese ruso.

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