Cuando nos llegue el terremoto a México

5 mayo 2015

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¿Qué pasaría en caso de un terremoto en México? Muchos nos aseguran (sobre todo en la capital) que estamos preparados, que la cultura ha cambiado. Y es que en la caso de la capital esto es importante porque en algún momento llegará un nuevo terremoto (algunos hablan de un mega terremoto), es algo que ocurrirá aunque no sabemos cuando. Nuestro país en realidad está establecido en una zona sísmica y tan sólo tanto en la parte noreste (donde se encuentra Monterrey, Tamaulipas y demás ciudades y estados) así como en la Península de Yucatán pueden no preocuparse tanto.

Cuando nos llegue el temblor

Lo acontecido en Nepal debería de ser un recordatorio de que la mitad de nuestro territorio está expuesto a una eventualidad así. Los videos filmados por aficionados donde vimos como se derrumbaban los templos y monumentos protegidos por la UNESCO nos debe de recordar que en México estamos expuestos ante una vulnerabilidad así. Es cierto que Nepal es un país más pobre que el nuestro y que por lo tanto sus previsiones para un temblor son más deficientes. Pero hay que ser sinceros, aunque de 1985 a la fecha nos hemos acostumbrado a hacer simulacros, a preocuparnos “un poco más” por la estructura de los edificios levantados, no estamos lo suficiente preparados para sortear un terremoto.

La Ciudad de México está en una situación complicada por su situación geológica. Como todos saben, parte de la capital se construyó sobre el lago de Texcoco, por lo cual se encuentra asentada sobre una superficie blanda que magnifica las ondas telúricas que llegan desde las costas occidentales que es donde generalmente se encuentra el epicentro. Tiene la mala fortuna de tener también el cerro del Chiquihuite en el norte debido a que las ondas rebotan ahí y se regresan. Parte de la Ciudad de México, la que no se encuentra en lo que fue el lago, corre riesgos mucho menores y podrían no sufrir ningún desperfecto al mismo tiempo en que el centro queda devastado. Parte de la Avenida Reforma, Santa Fe, Polanco y demás lugares ubicadas al occidente no resentirían mucho un terremoto. Pero si hablamos del Centro, de la Colonia Roma, La Condesa, la Colonia Doctores, la historia sería muy diferente.

Basta caminar por la avenida Juárez desde la Torre Latinoamericana hasta Reforma para percatarse que muchos edificios que debieron ser demolidos en 1985 se encuentran en pie y si bien están deshabitados, en la planta baja hay comercios, y en el caso de un terremoto, tardarán muy poco tiempo en derrumbarse. Un terremoto en la capital con la misma intensidad del 85 sería un tanto menos catastrófico, tal vez habrían menos muertos y menos edificios derrumados, pero no dejaría de ser una catástrofe. Si bien las normas de construcción son más estrictas, la corrupción hace que estas no se cumplan al pie de la letra: Rascacielos como la Torre Mayor, o la Torre Bancomer en construcción están completamente blindadas frente a un terremoto, pero muchos edificios medianos siguen siendo construcciones improvisadas. Edificios medianos en la Condesa donde no se preocupan tanto por blindar los edificios nuevos porque eso significaría no poder construir estacionamiento en los sótanos.

En Guadalajara, la cultura preventiva es menor y parte por un exceso de confianza. A pesar de estar en zona sísmica, la capital jalisciense tiene la fortuna de tener piedra jal o piedra pomez dentro de su subsuelo, lo cual hace que las ondas se dispersen en un temblor ocasionado por un epicentro lejano (los mismos que hacen sufrir a la Ciudad de México). Pero esa ventaja se pierde si el epicentro se encuentra cerca de la ciudad e incluso esa condición puede acelerar las ondas. Las torres de la catedral dan fe del riesgo en que se encuentra nuestra ciudad. Las originales colapsaron en 1818 y en su lugar se contruyeron las que conocemos ahorita. También los temblores recientes son un parámetro, que si bien no han sido tan intensos como los de la Ciudad de México si han logrado causar daños, como el estacionamiento de Plaza del Sol que estuvo cerca de colapsar, o el edificio donde se encuentra actualmente la Secretaría de Administración en la Glorieta de La Normal que tuvo que ser reforzado en su estructura.

La naturaleza es implacable e imprevisible. No nos queda más que estar preparados. Un gran terremoto puede llegar en más de 100 años o en 10, pero estar o no preparados significará una diferencia de miles de muertos y de recursos perdidos que pueden incluso alterar el rumbo de este país.

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