México, Estados Unidos, y la igualdad social

13 abril 2015

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No, la sociedad norteamericana no es mi preferida. A pesar de su cacareado desarrollo, hay racismo e intolerancia en algunos sectores (minoritarios pero ruidosos) de su sociedad. También la percibo un tanto ignorante para el nivel de desarrollo que posee. La sociedad norteamericana no es una sociedad muy culta y fuera de sus “top reconocidas a nivel mundial” su educación deja mucho que desear.

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Pero a pesar de esto, los estadounidenses nos ganan por goleada. Bastaron 3 días de estancia en Washington D.C. (mi tercer viaje a este país) para darme cuenta que México no va lograr superar nunca a Estados Unidos, o al menos no lo vamos a ver en vida; y si lo vemos es porque alguna catástrofe de proporciones inmesurables acabará con esta nación, lo cual se antoja poco probable. La verdad es que a pesar de cercanía y de su influencia (mucho más la que la estadounidense ejerce sobre la cultura mexicana que el caso contrario), es que son dos sociedades muy diferentes. No es lo mismo analizar a la sociedad estadounidense a través de películas hollywoodenses y productos de consumo, que sumergirse en ella, y convertirse, al menos por un momento, en parte de la masa norteamericana.

Es cierto, no nos podemos exigir ser una copia de Estados Unidos. No tenemos su desarrollo y somos dos sociedades distintas. Pero hay muchos detalles donde los gringos nos superan, los cuales sí tenemos, al menos en teoría, la capacidad de modificar. Y paradójicamente muchos de esos detalles tienen que ver con la inclusión y la desigualdad. Sí, Estados Unidos nos gana si hablamos de igualdad social, a pesar de que ellos valoran más la libertad, y a pesar de que ellos no tienen un discurso revolucionario, ni tienen una izquierda tan ruidosa (aunque poco efectiva) como la nuestra, e incluso son más desiguales que sus pares europeos quienes los critican.

Pongo un caso, y es el trato que se le tiene al peatón en la ciudad. Sé que no todas las ciudades norteamericanas no pueden presumir lo mismo, pero al menos las que yo conozco (Las Vegas, Nueva York y Washington) tienen en su medida alguna consideración para con el peatón. Las banquetas en Washington son muy grandes; están hechas para que el peatón pueda trasladarse cómodamente. En nuestro país pareciera que las banquetas son un estorbo, los automóviles las invaden, y en muchos casos no pueden caminar por ellas dos personas juntas.

La zona metropolitana de Washington es plana, es decir, no tiene muchos edificios altos y la zona corporativa (donde se encuentran las torres más altas que no rebasan los 30 pisos) conocida como Rosslyn y que se encuentra al este de Arlington, separada del National Mall (donde se encuentra el Capitolio, Casa Blanca y demás) por el río Topomac, nos muestra la gran diferencia relativa a inclusión si la comparamos con sus similares mexicanas como Santa Fe, Puerta de Hierro o San Pedro. Las tres zonas de las principales ciudades mexicanas cuentan con torres más altas que las que posee la zona corporativa de Arlington, pero a nivel calle las diferencias son diametralmente opuestas. Las ciudades mexicanas discriminan al peatón, han sido diseñadas exclusivamente para los autos, y las pocas banquetas sólo fueron pensadas para la servidumbre que de alguna forma tiene que pasar por ahí. En cambio, Rosslyn tiene banquetas grandes con accesos amplios para personas discapacitadas en todas las esquinas (y no una “méndiga” rampita), tiene acceso al metro y al transporte urbano. Es patente que esa zona fue planeada pensando en el peatón y pensando en que muchas personas se trasladarán ahí en camión o en el metro (cuya estación posee la tercera escalera eléctrica más grande del mundo). Desde esa zona salen camiones al aeropuerto (milagros esperar que eso ocurra en Santa Fe) y a la Universidad de Georgetown.

Diferencia entre las banquetas de Rosslyn Arlyngton y Puerta de Hierro Zapopan:

Washington - Guadalajara

La Universidad de Georgetown, católica, y la más importante de Washington (de ahí egresó Bill Clinton) se encuentra al oeste del mismo barrio que a su vez está ubicado al noreste a algo así como dos kilómetros del National Mall. Tuve la oportunidad de conocerla, y en una muy pequeña inspección, no me encontré a ningún mirrey con su shampoo y sus lobukis. Mientras en México, algunos universitarios de las élites están preocupados solamente por tejer relaciones (en el sentido anacrónico tradicional y no en el sentido del networking actual), en Estados Unidos los universitarios buscan adquirir conocimiento que les ayude a lograr sus metas, quieren ser los nuevos Steve Jobs, quieren ser campeones en el lacrosse. En México gran parte de las élites se sostienen por herencia, en Estados Unidos gran parte de ellas lo hacen por méritos.

Y la diferencia del Estado de derecho es notable. Los estadounidenses respetan las normas y las señales de tránsito, transitan por los pasos peatonales (los cuales no son invadidos por los automóviles) y no a la mitad de la avenida. La ciudad planeada pensando en los peatones también ayuda a que estos no arriesguen sus vidas cruzando a la mitad de la calle.

La cultura y la fortaleza de las instituciones ayuda a que el país norteamericano pueda mantenerse como país desarrollado. Los estadounidenses confían en sus instituciones, y si bien, han llegado a tener alguno que otro mandatario repudiado y deleznable (Bush, cof cof), o algunos de sus gobernantes tienen altos niveles de desaprobación, respetan sus instituciones porque de alguna forma las instituciones también lo hacen. Mientras, nosotros estamos atorados en un círculo vicioso donde no nos sentimos representados por nuestras instituciones y por eso a la vez, también pasamos por encima de ellas.

Si bien, Estados Unidos no es un país perfecto y tiene defectos, creo que hay muchos ámbitos en los que se les puede aprender. Si queremos llegar a ser una sociedad más igualitaria, tenemos que ponerlo en práctica con una sincera preocupación por nuestros semejantes y no por prácticas asistencialistas o mitos revolucionarios que más que lograr acortar la brecha entre pobres y ricos, han logrado acrecentarla.

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