Criticar a Peña es querer que México caiga en desgracia

29 marzo 2015

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Gobernar es algo difícil, más difícil de lo que uno piensa. La gente cree que los gobernantes lo hacen mal simplemente porque decidieron corromperse; parecieran creer que basta con ser honestos para poner al país en buen rumbo, que basta con no robar y dar un tronido de dedos para apuntalar a México al desarrollo. En realidad es algo mucho más complejo. Quien gobierna no tiene todos los recursos a su alcance como más de alguno podría pensar, ni políticos, ni económicos. En numerosas ocasiones tendrá que apostar por atender a un sector en detrimento de otro porque no alcanza para atender a los dos. A veces quien gobierna tendrá que tomar decisiones impopulares. El que tengamos una clase política corrupta, no implica que sólo con llegada de un hombre honrado, se logrará limpiar al país de todos los males.

Criticar a Peña es querer que México caiga en desgracia

Políticos honrados hay muy pocos, y de alguna forma podríamos decir que cuando llegan somos injustos con ellos, ¿o tal vez no? El honrado alcalde tal vez no arregló tu calle porque creyó más prudente arreglar la de enfrente; o tal vez su orientación política le dice que no es prudente arreglar las calles porque cree que el ciudadano debe de ser más activo y ellos las deben arreglar. O puede ser que el honrado alcalde sea inepto y cometa muchos errores, los cuales han puesto en desgracia a su gobierno.

Hay críticas justas e injustas, y a veces es muy difícil discernir entre lo justo y lo injusto; pero quien gobierna debe de saber que las críticas son parte intrínseca de la política. También el político debe de ser inteligente entre no sobredimensionar algunas de ellas o minimizarlas. En el caso de Enrique Peña Nieto, lo que existe es una profunda incapacidad para entenderlas, y eso es una de las razones por las cuales a casi tres años de su mandato, su gobierno va a la deriva.

El Presidente de la Canacintra ha dicho que los críticos de su gobierno somos “agoreros de la desgracia“. Columnistas de diversas tendencias políticas como Zepeda Patterson o Ferriz de Con dieron el grito. Esta aseveración que recibió el aplauso del Presidente pretende colocarnos a todos los críticos en una posición donde deseamos mal a México. Si bien es cierto que existen algunos que por sus preferencias políticas, muy profundamente de su ser, desean el fracaso estrepitoso del Presidente (ver algunos seguidores de Twitter); muchos lo criticamos no porque deseamos que México caiga en desgracia, sino por el contrario, porque lo que es objeto de nuestra crítica, es lo que pensamos que puede llevar a México a la desgracia.

Retomando lo primero que dije, es cierto que Peña Nieto tiene una coyuntura adversa. Parte de la situación económica (aunque no toda) no es su responsabilidad, sobre todo lo que tiene que ver con el fortalecimiento del dólar y el precio del petróleo. Es cierto que dentro de todos los errores existen algunos aciertos (el efecto de la Reforma de Telecomunicaciones en la telefonía por ejemplo). Pero independientemente de eso, el desempeño del Presidente ha sido muy malo, tanto por la corrupción de la que es parte, como por su ineptitud.

La evaluación que hace pocos días publicó el Reforma (reprobado por el 57% de los ciudadanos y el 82% de los líderes) no es una especie de conspiración donde los “agoreros de la desgracia” se han puesto de acuerdo para dañar su imagen. La evaluación es justa y de cierta forma refleja lo que ha sido su primer trienio, una desgracia. Si bien es cierto que el Presidente debe de preocuparse de gobernar bien antes que ser popular, la evaluación es lo suficientemente mala como para ignorarla.

Cuando el Presidente aplaude este tipo de afirmaciones, es cuando menos esperanzas da para pensar en un cambio o en un golpe de timón. Peña Nieto parece estar totalmente cerrado a las críticas. Gastó ya todo su capital en las reformas (cuya celeridad derivó en reformas mal instrumentadas) y parece aferrarse a ellas a pesar de esa mala instrumentación y a pesar de que el efecto positivo de estas se palpará en años, en varios años. No es problema de una coyuntura externa el pésimo manejo que le dio al caso Ayotzinapa que está poniendo en serio riesgo las elecciones en el estado de Guerrero; no es una coyuntura externa que lleve a 200 personas pagadas con dinero del erario al Reino Unido y que sus hijas vistan vestidos de más de $100,000 pesos; la casa blanca y el conflicto de intereses no son una coyuntura externa tampoco. La posición en la que se encuentra el Presidente se debe mucho más a sus errores, que a quienes están interesados en verlo fracasar.

Si hay algo peor que las duras críticas, es que no las haya. Estas podrían darle cierta retroalimentación al Presidente. Pero nos ha dejado claro que no quiere escuchar.

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