El gobierno que nos merecemos

23 febrero 2015

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Ayer Iñárritu dijo que “ojalá que logremos construir el gobierno que nos merecemos”. Entonces, si él tiene ese anhelo, por lógica asumimos que Iñarritu piensa que el gobierno que tenemos actualmente no lo merecemos. ¿Y saben? Tiene razón.

El gobierno que nos merecemos

Hay una frase que dice que “una sociedad tiene el gobierno que merece”. Los gobernantes vienen de la sociedad, de hecho son parte de ella, son oficialmente ciudadanos como un barrendero, o un gerente de banco con credencial de elector. Pero las personas somos diferentes, la sociedad no es una masa uniforme cuyos integrantes poseen las mismas virtudes y los mismos defectos. El gobierno puede tener algo de “esa cultura que rodea a la sociedad”, puede tener prácticas en común, vicios o virtudes, pero no necesariamente tiene que ser igual.

Cuando Hitler llegó al poder en Alemania no necesitó que todos sus compatriotas fueran racistas (muchos lo llegaron a ser gracias a la propaganda política, otros se hicieron afines al nazismo por mera supervivencia). Naturalmente Hitler tenía algunos rasgos en común con los alemanes y no necesariamente todos ellos eran negativos. Hitler creció gracias a los problemas que Alemania vivía que se derivaron de la crisis de 1929 y de la humillación sufrida con el Tratado de Versalles después de haber perdido la Primera Guerra Mundial, entre algunas otras razones. Sí, en Alemania hay neonazis (una absurda minoría) y hay gente racista (minoría también); pero la mayoría no lo son, y si yo soy mexicano, puedo ir a Berlín o a Munich sin miedo a que me acribillen por no ser ario.

De la misma forma se puede explicar el gobierno actual. Los mexicanos tenemos muchos defectos y mañas, tenemos vicios, pero eso no implica que todos seamos iguales a nuestros gobernantes. Es decir, el tipo de sociedad que tenemos sí influye en el tipo de gobernantes que tenemos en la cúpula, pero tampoco el gobierno es exactamente igual que la sociedad.

En la política, los gobernantes viven bajo ciertas reglas no escritas exclusivas de su ámbito. Muchas de esas reglas surgieron cuando la sociedad mexicana era otra y siguen vigentes, mientras que en ese transcurso la sociedad ha mostrado cambios que crean un desfase entre la sociedad y el gobierno. La fuerte inconformidad que tiene la sociedad con el gobierno habla de ese desfase. No es que no seamos corruptos, tenemos muchos problemas, pero el grado de corrupción entre los políticos es más alto, e incluso dicha corrupción puede fomentar la corrupción dentro de la sociedad.

Yo en el gobierno actual veo un grado de cinismo inconcebible, una total ausencia del sentido de la ética y muy poco compromiso con la sociedad. Yo no creo que todos los ciudadanos seamos así, incluso creo que son minoría. Pero sí es cierto que podemos ver algunos rasgos negativos repetidos. Como sociedad no nos hemos despojado de las prácticas corruptas. Muchos siguen dando mordida, o se siguen pasando asumiendo que es algo “chiquito y no se nota”. Es decir, con nuestro ejemplo sí podemos abonar un poco para que las cosas cambien, y tendríamos la obligación moral de hacerlo. Pero hace falta más que eso.

La fuerza de los gobiernos no necesariamente se sostienen por las similitudes que tienen con la sociedad, sino que también se pueden aprovechar de la condición vulnerable de una parte de esta (pobreza, ignorancia), al tiempo que inculcan un orden de valores (o antivalores) para que esta base o estas estructuras le den fuerza ¿suena, no?

Al mismo tiempo, muchos políticos jóvenes que entran a la política no lo hacen para aportar ideas frescas, sino que siempre han sido parte y han estado cercanos al clan político. Son más parte de esa vieja clase política, que de esta nueva sociedad mexicana más participativa y más consciente de su entorno.

Yo veo una sociedad mexicana que ha tenido mejorías con el transcurso de los años y una clase política que por su parte se ha empobrecido alarmantemente. La clase media (que por su condición es la que puede influir más) es la que ha mostrado un cambio mayor. Ésta es la que menos se identifica con el gobierno, y si bien todavía tiene muchos defectos, no está gobernada por políticos que están a su altura. Por eso es que sí creo que merecemos un gobierno mejor.

Que lo merezcamos no implica que debamos de esperar con los brazos cruzados a que llegue. Más bien tenemos que esforzarnos, y mucho. Tenemos una misión muy complicada y tenemos que ser conscientes de eso.

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