Aprender a tener criterio

15 enero 2015

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Caray, el criterio y el sentido común son muy importantes, más cuando se discuten temas importantes y trascendentes. Cierto, todos tenemos nuestra forma de pensar y nuestras opiniones pueden estar influenciadas por nuestras creencias y nuestras convicciones; pero eso no implica siempre dejar hacer un ejercicio mental necesario y menos implica dejarse de llevar por las emociones. Cuanto más se analiza la información que se recibe, se puede llegar con mayor facilidad a la verdad. El problema es que la verdad no siempre tiene que ser lo que nosotros queramos que sea.

Aprender a tener criterio

Cuando este ejercicio no se hace, el individuo puede terminar adoptando clichés y repitiendo lo que todos dicen bajo la falsa premisa de que “si es popular, debe de ser cierto”. Cuando este ejercicio no se hace, el individuo termina cayendo en generalizaciones (si éste individuo es malo, entonces todos los que tienen relación alguna con él deben de ser necesariamente malos). Aunque estas personas puedan sentirse iluminadas intelectualmente porque su postura es contestataria o confrontativa, se terminan volviendo predecibles (ya sabes que te van a responder). De esta forma es más difícil luchar, y más fácil ser presa de intereses ajenos sin que uno se de cuenta.

Por ejemplo, en las redes sociales, muchos individuos criticaron al embajador Carlos de Icaza por participar en la manifestación en París. Una de las criticas que le hicieron fue esta:

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Aclaro, como ustedes ya saben que yo no simpatizo con Peña Nieto ni su gobierno, lo cual queda constatado en éste blog.

Esta crítica puede parecer válida a priori, sobre todo si se generaliza y la crítica se hace por medio de clichés. Pero es muy fácil encontrar falacias dentro de ésta:

Primero, que recuerde, Carlos de Icaza no es priísta (haciendo un ejercicio en Google no encontré alguna relación), más bien es un diplomático y fue embajador mexicano, actualmente es subsecretario de Relaciones exteriores. Carlos de Icaza tiene ya una amplia experiencia en la diplomacia, no se formó en el PRI, ni creció dentro de la política como un priísta tradicional.

En los comentarios de los usuarios (algunos lo llaman fascista o arrastrado) le recriminan por qué no salió a la manifestación de Ayotzinapa y a la de París sí. ¿Vendido? ¿Represor?. No. Sentido común.

Que Carlos de Icaza trabaje en un gobierno cuyas cabezas sean deleznables no implica que todos los que trabajan dentro del Gobierno sean malos o satánicos, ni el Gobierno necesariamente va a colocar a puros personajes corruptos en todos los puestos. Luego, ¿Dónde puede ser más útil Carlos de Icaza? ¿Siendo uno de tantos más que nos manifestamos, o desde la diplomacia? La respuesta es fácil de contestar, además que si saliera a las calles podría correr el riesgo de perder su puesto y por lo tanto, perder la posibilidad desde donde puede incidir más. Yo no conozco la opinión de Carlos de Icaza sobre Ayotzinapa, pero es absurdo pedir que todos los funcionarios se manifiesten.

Yo conozco personas que trabajan en el servicio público, que no simpatizan con el partido que asumió el poder, pero que realizan un papel positivo dentro de éste. Yo les puedo preguntar que opinan sobre Peña Nieto por un decir, y a mí me van a dar una opinión muy desfavorable, pero no van a mentar madres de él en las redes sociales porque naturalmente aportarían mucho menos que lo que hacen dentro del gobierno. Y estoy hablando de personas que tienen ideales y que no van a buscar hueso o un puesto político.

Nosotros podemos salir a las calles y manifestarnos, y de verdad que bueno que lo hagamos, malo sería que no lo hiciéramos. Pero hay que entender que hay gente que no puede comprometer su puesto y tiene que actuar de forma inteligente. Es curioso que muchos hablan de la “simulación del PRI” pero a la vez les piden que simulen en vez de que trabajen. Que la gente “vea” que Carlos de Icaza se sumó a la manifestación cuando él puede aportar más desde su puesto.

Yo sé que la gente está enojada. Yo estoy muy molesto con todo lo que está pasando, yo estoy molesto con la desaparición de los estudiantes, con el conflicto de interés de la Casa Blanca que debería derivar en la renuncia (o licencia) de Peña Nieto. Pero eso no significa que me deba de llevar por las emociones y deba de cancelar mi espíritu crítico. Porque el espíritu crítico no sólo se debe de usar para cuestionar al gobierno, sino para cuestionar a uno mismo, para cuestionar lo que no nos gusta cuestionar.

Me entristece ver en las redes sociales tanto sentimiento de repudio irracional, palabras como “fascista, arrastrado, hipócrita, asqueroso”. Esos sentimientos tan instintivos y primitivos son fácilmente aprovechados por intereses que se benefician de ellos. Éste caso que expongo es relativo a esa cosa que llamamos izquierda, pero no es exclusivo de izquierdistas.

Y es que hay que aprender a tener criterio. Hay que leer (no sólo lo que se quiere escuchar), hay que expandir las mentes, hay que tener sentido común y no caer en las generalizaciones. Así como nuestros gobernantes pueden aprovechar nuestra tendencia a generalizar para meter falacias que les convengan (ejemplo, si 20 anarquistas violentaron la manifestación, toda la manifestación es violenta y está sujeta a intereses), los opositores tenderán a hacer lo mismo.

Se trata de pensar.

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