Los smartphones son del diablo

29 diciembre 2014

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Los seres humanos somos resistentes al cambio, no lo voy a negar, esa actitud se puede entender como un mecanismo de supervivencia porque los cambios no son necesariamente buenos y en algunos casos deben de conllevar algún peligro. Pero en muchos casos la razón puede contrariar a dichos mecanismos de supervivencia más primitivos, y eso es lo que sucede con los smartphones, que su abrupta irrupción en la sociedad ha causado preocupación e incluso miedo en algunos sectores de las poblaciones que habitan este planeta tierra. Muchas de las preocupaciones son exageradas, inexistentes, o incluso se señala a los smartphones como el origen del mal cuando éste se encuentra en otros lados.

Los smartphones son del diablo

Muchos responsabilizan a los smartphones de deshinibir la convivencia social, memés donde se hacen comparativos de “antes y después” pululan por las redes sociales, y es cierto, puede llegar a ser una falta de respeto estar consultando un smartphone en medio de una reunión o convivencia, por eso es que los individuos hemos considerado la moderación de su uso como regla de etiqueta, pero me pregunto si por eso los smartphones son malos o han venido a perjudicar a la sociedad.

-Pero Cerebro, los smartphones fueron creados por capitalistas opresores que quieren mantener embobada a la gente con su aparato, entiende. Enviado desde un iPhone 6 en Starbucks por Rogelio Chairino.

Les cuento, el viernes fui al tan amado Distrito Federal que tantas veces he visitado y que tan grande se me hace. Llegué en la tarde-noche y me quedé de ver con una amiga, a la cual por problemas técnicos no pude ver hasta el día siguiente. No tenía nada que hacer en esa noche y por el Swarm (producto de una escisión de Foursquare) me entero que otra amiga mía de mi misma ciudad (Guadalajara) estaba a tres cuadras en un bar en el Centro Histórico, gracias a ese pop-up que apareció en mi teléfono, pude cenar y chelear con ella y dos amigos suyos, me la pasé muy bien, convivimos agusto. Ah, pero los smartphones “deshiniben la convivencia social”.

El siguiente día me quedé de ver con mi amiga (con la primera) en La Condesa, el amigo con el que iba (ese sí del DF) propuso un restaurant. No lo conocía y lo único que sabía era que estaba en La Condesa. Busqué el nombre en Foursquare, y di con la dirección. Tan fácil como caminar ahí de donde estaba ayudándome con Google Maps. ¿Y si está lejos y necesito un taxi seguro? Tomo mi smartphone, pido un Uber (que en el DF creo que están hasta más baratos que los taxis normales) y me lleva a mi destino. De esta forma me puedo reunir de forma más fácil con mis amigos. ¿Y si fue un día memorable? No necesito más que el celular para tomar fotografías.

Las críticas a los celulares no tienen que ver con los celulares, tiene que ver con los problemas que tiene la gente. Pongamos el caso de aquellos que se toman muchas selfies para tratar de mostrar algo. Puede ser algún problema de inseguridad personal, pueden incluso tener un trastorno emocional, pero el smartphone no es el causante de dicho trastorno, sino el mecanismo en el que individuo lo expresa. Si dicho individuo no tuviera un smartphone, seguiría teniendo sus trastornos y/o problemas emocionales, y los expresaría de otros modos.

Los críticos hablan de la “dependencia al celular” de la “dependencia al aparato”. Dicen que antes podíamos vivir sin celulares y así lo hicimos por miles de años. Es como la ropa, en realidad no necesitamos portar jeans o camisetas porque podríamos vivir desnudos y en caso de que el clima sea adverso, podemos cazar osos y cubrirnos con su piel.

Los avances tecnológicos buscan hacernos la vida más fácil, no necesariamente para hacernos más inútiles como sugieren algunos, sino para poder tener más tiempo y energía para esas otras cosas que no son tan fáciles de hacer. Quienes sean críticos de estos avances tecnológicos, los reto a no usarlos, y se van a dar cuenta como es que con el tiempo, se van a hallar en desventaja, pues tardarán más tiempo en hacer tareas donde otros tardan menos.

Ciertamente, los avances tecnológicos que irrumpen pueden traer cambios que tienen que ser asimilados y entendidos para que no sean perjudiciales a la población (así lo hemos estado haciendo para que no sean un distractor en las reuniones). Pero culpar a un teléfono celular de todos los males de las sociedad es un error, sobre todo cuando dichos problemas residen más bien dentro de las personas.

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