Recuerdos del error de diciembre

21 diciembre 2014

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Dicen que ese término fue acuñado por el propio Carlos Salinas cuando quiso culpar de la crisis a Ernesto Zedillo, después este afirmó que su antecesor le había entregado un país en alfileres. A 20 años de este lamentable episodio, ambos ex mandatarios siguen tirándose la culpa, y no han aceptado su responsabilidad, aunque en realidad la historia los ha incluido a los dos (quizá se le da más autoría a Carlos Salinas, y posiblemente con justa razón).

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Tenía 12 años y no me cuestioné por qué el niño Dios me trajo menos regalos ese día. No es que todos los niños del país hayan conspirado en secreto para portarse mal ese año, más bien yo entendía lo que pasaba, porque a mi corta edad, palabras y términos como crisis, devaluación, peso, “no hay dinero” y demás fueron parte de mi vida cotidiana. Por fortuna en mi familia la crisis no tuvo un impacto tan profundo porque el puesto de mi padre en su compañía estaba asegurado, pero se tuvieron que hacer recortes, cancelar clases de Karate, empezar a medir el dinero y los gastos (cosa que nunca me había tocado ver); pero muchas otras personas, entre ellas cercanas hacia mí, sufrieron mucho. Algunos “amiguitos” de la escuela, tuvieron que mudarse a casas más chicas, algunos de sus papás cerraron sus negocios, alguno tuvo que salir de la escuela y terminar en alguna de gobierno.

Y tuve la fortuna de crecer en una posición económica relativamente acomodada. Hasta ese año todos mis tíos me obsequiaban regalos de navidad, eso ya jamás ocurrió posteriormente, mis papás ya no me regalaron tantas cosas. Algunos hábitos cambiaron y se mantuvieron de esa forma los siguientes años. Esa crisis había cambiado nuestra forma de vivir. Porque a diferencia de la crisis de 2008 donde los ajustes y el apretón fue algo temporal, la de 1994 impactó incluso en nuestra cultura.

No quiero imaginar como vivieron ese episodio la gente que tenía pocos recursos, o aquellos que fueron incluidos por primera vez en su vida en la categoría de pobres. No quiero imaginar el impacto de los sueños truncados, del anhelo de estudiar, de abrir el primer negocio, de ser alguien, de darles una casita propia a la familia. Fue impactante, y lo más triste es que nadie pagó por ello. No sólo eso, lo más doloroso es que tenemos la lastimosa capacidad de elegir en las urnas a quienes tienen la posibilidad de volver a hacer lo mismo.

A 20 años después tenemos un dolar cotizado a 15 pesos (aunque la diferencia consiste en que ahora el tipo de cambio es flotante y no era controlado), tenemos factores exógenos como la caída del petróleo, y endógenos como el pésimo manejo de la economía por parte del gobierno. Algunos sugieren que vivimos una especie de déjà vu, y hasta los economistas más reconocidos hablan de que el 2015 será difícil en lo que toca a la economía. No sabemos con que profundidad, pero quienes éramos niños en 1994 y veíamos a nuestros padres como protectores, ahora tenemos un plan de vida, y ante la impotencia tendremos que ser más creativos para poder seguir soñando con nuestras metas y aspiraciones.

Para terminar, quiero desearles a todos los lectores una muy feliz navidad y desearles (aunque posiblemente ya los asusté un poco) que todos sus sueños y anhelos se hagan realidad.

 

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