La historia de un celular que se dobla

28 septiembre 2014

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Los seres humanos tenemos cierta dosis de talento, algunos son más talentosos que otros y otros lo son menos, en parte por condiciones heredadas y en otra por el desarrollo de dichos talentos. Lo cierto es que el talento que tenemos los seres humanos es finito y no es constante. En cierta etapa de nuestra vida llegamos al climax donde logramos que nuestros talentos brillen más para que después terminen descendiendo en curva al pasar los años. Los más afortunados logran compensar este declive con la madurez y la experiencia.

La historia de un celular que se dobla

El talento es esa capacidad innata que tenemos los hombres para lograr cambios en el mundo. Los mediocres no son necesariamente los que no tienen muchos talentos, sino como decía el célebre filósofo argentino José Ingenieros, el mediocre puede tener muchos talentos, pero no se molestará en desarrollarlos. Otras personas incluso tendrán habilidades más bien limitadas, pero en base a mucho esfuerzo lograrán hacer cosas que gente más “genial” no logra hacer.

Cuando apareció la noticia de que el nuevo dispositivo de Apple se doblaba al sentarse con éste en la bolsa trasera (independientemente de si eso fue un problema generalizado o fue un problema que sólo apareció en algunos teléfonos) pensé en el hecho de que el talento puede ser finito, tanto en empresas como en organizaciones. La empresa de la manzana generó mucha expectación ante la presentación de sus nuevos dispositivos y terminaron pasando por un momento muy difícil (aunado a las críticas por la “imposición” del nuevo disco de U2, otra organización muestra de la finitud del talento) y recordé como es que esa empresa tan genial (cuando estaba Steve Jobs al frente) ya no lo era tanto, y es que es difícil sostener el talento por siempre.

No hay una edad específica donde el ser humano explote todo su talento. Generalmente se habla de la juventud, cuando el talentoso ronda entre los veinte y treinta años; aunque hay quienes salgan a la luz incluso en la tercera edad. Pero algo es prácticamente un hecho, el talento llega a un punto álgido y luego vive un declive. Los seres humanos somos tan injustos con los talentosos porque les exigimos que mantengan su nivel de genialidad constante y si llegan al declive se les crucifica como si ese proceso natural fuera algo evitable: “Ya se debería de retirar, está haciendo el ridículo, incluso está pisoteando toda la historia que había escrito”.

Empresarios, músicos, deportistas, innovadores, casi ninguno logra escapar de la crítica. Tal vez con los políticos podría ser diferente, porque como en muchos de los casos, utilizan su genialidad para servirse a ellos, en ese punto álgido causan indignación, y cuando sufren la debacle, terminan convirtiéndose en cascarrabias, en una mala caricatura de lo que ni siquiera nos gustaba; incluso algunos de ellos en el momento del declive creen estar en el climax, y peor aún, creen que la gente los admira por ello, cayendo en el ridículo cuando lo que tocaba era que se encerraran en su rancho para recordar sus no muchos logros.

No sólo los celulares se doblan. También los seres humanos nos doblamos y llegamos al punto en que ya no rendimos igual que antes. Pero como lo comenté, quienes son inteligentes logran compensar su declive con la experiencia, y esas personas tal vez ya no “producirán” tanto como en épocas de antaño, pero tendrán historias tan interesantes que contar y lecciones tan necesarias que dar, que aportarán cosas buenas a la sociedad hasta sus últimos días.

 

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