La vida no es justa, tonto

12 septiembre 2014

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¿Por qué la vida no puede ser como las películas de Hollywood? Más bien ¿Por qué creemos que la vida puede ser como una película de Hollywood? Esas películas son hechas para contar historias que el espectador desearía que sucedieran en un contexto real. Eso es lo que vende, los finales felices, el feo y antisocial que se redime, el súper héroe que salva a la humanidad, el amor imposible. Historias que muchos desearían que sucedieran. ¿Entonces por qué pensar que la vida puede ser algo así cuando la esa industria cinematográfica crea esas historias en base a los imposibles deseos de los consumidores de cine?

La vida no es justa, tonto

En una película, el protagonista vive en “el país de los buenos” ¿Qué una persona noble u honrada no puede nacer en un país soviético? El protagonista puede sufrir pérdidas dolorosas, pero al final se redimirá y todo terminará siendo mejor que al principio. Y lo más importante. Siempre ganará el justo, la buena persona, el que se preocupa por el bien. Pero la vida no es así. En realidad los hombres lindos no logran conquistar a la mujer de sus sueños, sino los más fuertes y capaces. Porque la vida está supeditada a diversos órdenes genéticos que buscan conservar a la especie humana y no al guión de un escritor cuya misión es vender, vender y recibir algún premio.

Por eso es que la vida no es justa, o más bien hemos tomado el concepto de justicia pregonado por los religiosos y los guionistas quienes nos relatan que al final del día, como fuimos buenos y nobles obtendremos nuestra recompensa. Nos duele tanto pensar que no es así que tratamos de encontrar explicaciones sobrenaturales: El karma, quesque Dios por algo no quiso que pasara así.

Somos un país religioso, que consume películas norteamericanas y tiene 50 millones de pobres.

Hace algunos años en la casa de mis papás había una muchacha del aseo quien llevaba a su niña porque no tenía donde dejarla. Desde mi recámara escuchaba como ella la maltrataba verbalmente (y a veces físicamente). La pobre no pasaba de los 3 años y ni siquiera era consciente de los motivos por los que su mamá se enojaba. Después tendría que preguntarme por qué la madre es así, tal vez la vida ha sido injusta con ella, tal vez la madre la trataba mal e incluso puede ser que esa fuera una de las razones por la cual trabajando como muchacha del aseo. Yo quería salir como Superman desde mi recámara a rescatar a la niña, pero tal vez tendría que rescatar luego a la muchacha, luego a su madre, luego a la patrona de ésta que la maltrata, luego al amor irresuelto de la patrona y así consecutivamente.

Y la injusticia se convierte en una cadena, se viraliza, se duplica, se triplica.

Los humanos creemos que a cada acción debe de corresponder una reacción concreta y previsible. -Si le echo más ganas que el tipo de al lado, seguramente obtendré más, -si le digo a esa mujer cuanto la quiero me debería dar un beso, -si soy bueno, me irá bien. Esas afirmaciones que llegamos a pasar como lógicas son más bien idealizaciones bañadas con un poco de moral,  el eterno dllema del “ser” y el “deber ser” creyendo que lo segundo debería ser como lo primero.

Pero en la vida hay demasiados factores y accidentes que no tomamos en cuenta. Dos individuos buscan destacar en la escuela y realizan el mismo esfuerzo, pero la inteligencia de ambos es diferente, y uno se desempeñará mejor que el otro. Algunos verán esto injusto, pero en realidad es algo que es y punto. Los seres humanos no somos iguales, y si bien todos podemos aspirar a desarrollar y/o mejorar varios de nuestros rasgos, en ocasiones terminaremos en ventaja o desventaja. Todos esos factores son los que hacen que la vida no sea una película de Hollywood.

Y como es eso y no las buenas intenciones lo que le da más a unos y menos a otros (porque si se tratara de bondad, todos los individuos tendrían la facilidad de ser muy buenos), entonces vemos a una que otra persona repugnante gobernando naciones, y quienes, bañados en nobleza, han logrado a escalar a donde mismo, no lo han hecho necesariamente por su nobleza, sino por su fuerza. Por eso yo admiro a este tipo de personas, a quienes logran llegar lejos manteniendo intactos sus principios, y sin renunciar a ellos cuando pareciera que estos estorban en el camino.

Es que tal vez la injusticia le da sabor a la vida. Por eso hemos creado instituciones (que en la gran mayoría de las ocasiones no funcionan bien), por eso tenemos avances tecnológicos, por eso mujeres estudian psicología con el fin de aliviar el dolor de los pacientes.

Y al final del camino, los más fuertes, pero sobre todo los que mejor se han logrado adaptar a su entorno son los que obtendrán más, y los más débiles se tendrán que conformar con poquito. Lo más lamentable es que estos últimos se quedarán lamentándose en vez de buscar soluciones a su problema de carácter.

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