Las izquierdas latinoamericanas y las derechas europeas

26 mayo 2014

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Hay un dicho popular que dice que quienes se odian se parecen. En el ámbito político eso es algo peculiar y notable, pero ignorado por quienes forman parte. Un fascista y un comunista nunca se podrán ver, y si lo hacen es para participar en una lucha sangrienta a muerte, y sin embargo estos dos tienen mucho más en común que el que pueda tener cualquiera de ellos con un demócrata. Los totalitarismos sean de derecha o izquierda, siempre buscan tener en sus manos el control de la sociedad y de la economía, y conforme más se van radicalizando, más se van pareciendo.


Las izquierdas latinoamericanas y las derechas europeas

 

Los partidos radicales suelen quedar condenados al ostracismo cuando en un país las cosas marchan bien, pero cuando no es así, los votantes encuentran un refugio en ellos, y eso es algo que está sucediendo en Europa, como en Francia, donde han obtenido muchos votos. La ultraderecha en Europa empieza a ganar terreno (algunos incluso empiezan a ver coincidencias con el clima pre Segunda Guerra Mundial) por la sencilla razón de que los partidos tradicionales de derecha e izquierda, asumidos como más democráticos, no han podido con el paquete.

Estos partidos suelen ser populistas, nacionalistas y demagogos. Están en contra de los influjos externos, hablan con desdén de las “oligarquías financieras”, alientan el patriotismo. La hija del ultraderechista francés Le-Pen critica a las “recetas neoliberales de Bruselas”, al “feudo de burócratas y tecnócratas”. ¿Les suena a algo? ¿A quién se parece su discurso?

Pues a la izquierda latinoamericana. Y es donde vengo insistiendo en que estas ramas supuestamente opuestas en la aritmética política más bien se parecen. Por un ejemplo, no es muy difícil encontrar similitudes en el MORENA de López Obrador y en el Tea Party de Estados Unidos, sobre todo por la forma a que apelan al nacionalismo. Y vayámonos a casos más extremos. Los discursos de Jean-Marie Le Pen no son tan distintos que los de Hugo Chávez o Nicolás Maduro.

Tal vez en un principio los fundamentos políticos que sustentan a ambas ramas sean distintos, pero a la hora de radicalizarse y justificar un control férreo para la implementación de estos fundamentos (al menos en la retórica), los métodos terminan siendo muy similares, y ambas partes terminan más deseosos de mantener el poder y exprimir a sus ciudadanos que de otra cosa. Entonces el combate entre ambas posturas termina limitándose a la retórica.

Posiblemente los radicalismos en latinoamérica se den en la izquierda porque su postura tiende a ser más bien defensiva, y en Estados Unidos y Europa se den en la derecha porque son más ofensivos dada su fortaleza, donde de alguna manera también hay una cerrazón, pero pensando que a partir de ahí, se extenderán y dominarán a los demás.

Cuando las opciones moderadas ya no funcionan para el ser humano (y me refiero a todos los ámbitos, no exclusivamente al terreno político), éste tenderá a buscar tomar medidas extremas para solucionar sus problemas. Es parte de nuestra naturaleza. El problema es que en política, las opciones extremas terminan siendo contraproducentes y al final terminan siendo un yugo del cual los ciudadanos (si pueden seguirse llamando así) tratarán de escapar.

Pero claro, dirán algunos, no todo es izquierda y derecha: -Mira Cerebro, que el PRI puede llegar al mismo punto desde el centro político-.

 

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