¿Y ahora quien defenderá a Peña Nieto?

29 abril 2014

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Presidentes impopulares abundan por doquier. El problema viene cuando nadie se atreve a defenderte, cuando nadie da la cara por ti, el problema viene cuando te has quedado sólo, incluso cuando muchos de tus cercanos defienden tu gobierno por tener intereses depositados en él y no necesariamente porque crean en ti. En septiembre del año pasado hablé sobre como Peña había dado uno de los gritos de Independencia más desolados de la historia contemporánea de México, y prácticamente 8 meses después no sólo no ha logrado mejorar aunque no sea un poco su imagen, sino que la ha empeorado. Peña Nieto debe y debería estar preocupado, y mucho.

¿Y ahora quien defenderá a Peña Nieto?

Es peligroso que un mandatario posea estos niveles de impopularidad, al punto en que esto se ha convertido en una suerte de batalla de todo México (o casi todo) contra Peña Nieto. Me levanto con la nota de que el cineasta Alfonso Cuarón (a ese que algunos criticaron por no decir ¡Viva México cabrones! o haberse aventado con la bandera de México en la entrega del Oscar) le escribió a Peña Nieto diez preguntas, diez dudas que tenía sobre la Reforma Energética. Otros colegas suyos como Diego Luna, Guillermo del Toro y Giménez Cacho le apaudieron por su arrojo, algo así como “tuvo los… para enfrentarse al Presidente”. Lo cual habla de su impopularidad.

Este lunes me habían invitado a presenciar un debate entre dos personas que tenían una postura a favor sobre la Reforma de las Telecomunicaciones y otros dos en contra. Me llamó la atención que los que tenían la postura a favor terminaron limitándose a contener los embates del otro más que promover los “éxitos” del Presidente. Y esa ha sido la constante entre quienes se supone están del lado del Presidente: -Dejen de criticar-, -La oposición no se informa bien-, -Los opositores están manipulados-, pero tienen una gran dificultad en explicar por qué Peña Nieto es un muy buen Presidente. La fuerza de los opositores es mucho más fuerte que la de sus simpatizantes.

Tal vez por esto su gobierno quiera censurar Internet. Se está dando cuenta que el tema de las redes se le ha salido totalmente de control. Sabe que tener a medios alineados como Televisa y muchos otros a su servicio ya no es suficiente. Ciertamente todavía la mayoría de los mexicanos no tiene acceso a Internet, pero también es muy cierto que históricamente los cambios políticos se han gestado desde la clase media, esa clase que lo repudia, que lo cuestiona duramente, sabe Peña Nieto que corre un riesgo, que inclusive su Presidencia no está garantizada. Sabe que nunca va a poder tener capacidad de convencimiento en tanto no muestre resultados contundentes (habrá que preguntarse si en su gobierno, tan siquiera un índice, un numerito, es positivo).

El nivel de impopularidad de Peña Nieto se puede percibir hasta el punto en que tanto los simpatizantes de izquierda, como de derecha, antes antagónicos y polarizados, han adoptado un discurso demasiado similar relativo a la postura frente al gobierno. Cada vez se pueden ver más la cara, pueden manifestarse juntos y formar cadenas humanas. Ahora un calderonista y un lopezobradorista que antes pudieron haber llegado a los golpes, se toman una cerveza, y concuerdan en sus frustraciones, hablan de la corrupción, de la censura, del presidencialismo. Por fin se han dado cuenta que tienen algo en común.

La impopularidad es una de las principales razones (más bien la que más) para que un gobierno pierda estabilidad. Lo más grave del caso (visto con la propuesta de las leyes secundarias, independientemente de si fue censura real, o una cortina de humo o como lo quieran llamar) es que de pronto los cálculos políticos no son buenos. Con esto lograron hacer resurgir, aunque sea a medias, al movimiento #YoSoy132, y a los opositores de distintas facciones políticas. Deben saber que una metida de pata podría implicar un riesgo para su gobierno.

El problema más grave de todos es que la solución es sencilla pero no están dispuestos a tomarla, porque implicaría mucho desapego a los intereses por los cuales están gobernando. La solución es, ponerse a gobernar para los ciudadanos, así de simple.

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