Los chismes, la farándula y los amantes de las historias ajenas

4 abril 2014

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Hace mucho tiempo en un trabajo en el cual laboraba, una empleada que trabajaba también ahí llevaba cada semana sus revistas de TV y Novelas y TV Notas. Los leía con una pasión desmedida. Página 30 “Niurka termina con su novio”, la empleada hacía una cara de espanto, no lo podía creer. Parte de su vida estaba redactada en las revistas de cotilleo que se venden bien. Y no es que a estas revistas le interesaran la vida de la empleada, sino que ella se apropiaba de las vidas ajenas que se exponían en dichas revistas.

Los chismes, la farándula y los amantes de las historias ajenas

Cualquiera en su vida ha visto alguna de esas revistas, por morbo o por curiosidad. Pero hace unos dos años cuando fui a una peluquería donde abundan esas revistas, junto con otras de Proceso, y el DVD de “Fraude” de López Obrador (al parecer no todos los izquierdistas están descontentos con la “manipulación de Televisa”), decidí agarrar una revista TV y Novelas para analizarla mientras me cortaban el pelo. El 80% del contenido de esas revistas consiste en chismes de los artistas. Su nuevo galán, una visita a su mansión, su rompimiento, su divorcio, sus fechorías. Sí, de artistas que en su mayoría no tienen un talento destacable, y sobre todo, que no tienen relación alguna con quien lee esas revistas. ¿De que me sirve a mí saber, por poner un caso hipotético, que Eugenio Derbez tiene impotencia sexual? ¿O que Belinda se haya besado con Carlos Vela?

Pero para personas como la empleada de la cual les relataba, es algo muy trascendente. ¿Por qué? Vamos a ser honestos y vamos a plantear una teoría: “La importancia que una persona le da importancia a los chismes de la farándula es directamente proporcional a lo aburrida que es su vida“. No creo que una persona cuya vida sea interesante se moleste en leer estas revistas. El individuo que no tiene vida propia, para tratar de suplir esa carencia agarra una de estas revistas y trata de fantasear e imaginar mundos maravillosos con Luis Miguel, Anahí, Sara Maldonado, Lucerito, y demás “famosos” cuya vida, a pesar de su fama, no es en todos los casos la más feliz o equilibrada. Por eso es que está al pendiente de lo que hacen, como si se tratara de una historia paralela, como para tratar de sentir otras vidas a las cuales ellos sienten que no pueden aspirar.

Alguno me argumentará: -Cerebro, no empieces con tus tonterías pseudointelectuales, es gente que no tiene dinero para cultivarse como tú-. Entonces reflexiono de una manera sencilla. Una persona que compra sus dos revistas del corazón dos veces por semana, podría comprarse fácilmente dos libros al mes. Porque para leer este tipo de revistas no sólo es necesario tener una vida aburrida y mísera, sino que se necesita tener algún nivel de ignorancia (aunque la ignorancia colabora de alguna manera con la miserabilidad de una vida). Una persona cultivada conoce mundos mucho más interesantes y productivos que la vida de una persona totalmente ajena. Sabe que leer este tipo de revistas es una pérdida de tiempo, y que no abona al desarrollo del individuo, por el contrario, lo deja atado y sin capacidad de acción al enajenarlo con historias en las que no tiene ninguna relación.

Tal vez parezca muy agresivo en mis comentarios, pero más bien me apego a la realidad y con un simple análisis se puede llegar a estas conclusiones. Algunas de estas personas lectoras de dichas revistas tienden incluso a imitar lo que los “famosos” hacen en su vida diaria, hablen con un psicólogo que haya tratado con estos casos y verán que es verdad. Lastimosamente muchas personas de acuerdo a su entorno, a su voluntad, o su nivel de inteligencia, son parte de una vida que no tiene sentido alguno y de alguna forma no están dispuestas a cambiarlo porque esto conlleva un esfuerzo, un esfuerzo mayor (en apariencia) al que se necesita para adquirir estas revistas y postrarse a ver diariamente dos o más telenovelas en la televisión.

¿Qué se puede hacer? Bueno, el lector de este tipo de revistas puede empezar por hacer más interesante su vida. Convivir más con su familia, realizar actividades lúdicas (Que vaya que con el dinero que invierten en esas revistas surgirán muchas opciones), ir con un terapeuta que les ayude resolver problemas que puedan tener, o leer. No les voy a pedir que lean El Contrato Social de Rousseau, pero pueden leer alguna novela o relato que sea mucho más interesante que las fantasías que se crean con los artistas o las telenovelas que ven. Alguna novela de Benedetti, o que sé yo, que seguramente podrían ser de su agrado.

Ah, y si la revista que analicé contenía 80% de chismes ¿Qué contenía el 20%? Bueno, publicidad, la programación en la TV Abierta, y una “columna política” a favor de ese ex candidato, ahora Presidente, ahora casado con una “famosa” de telenovelas que sale en este tipo de revistas.

 

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