Peña Nieto, Chapo Guzmán, Pedro y el lobo

25 febrero 2014

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¡Que el Chapo no es el Chapo! 

Que hay dos, que hay tres, que ahorita está en Mazatlán observando su detención desde la comodidad de su hogar. Pero es que Peña Nieto no sabe leer, ¿Entonces cómo lo va a agarrar? ¿Por qué lo agarraron en un condominio “normalito” y no en una casa “súper lujosa”? ¿Por qué no se ve tan viejo? ¿Por qué tiene la nariz diferente?

Peña Nieto, Chapo Guzmán, Pedro y el lobo

Yo estoy seguro que sí se trata del Chapo Guzmán. Y que estos cuestionamientos tienen que ver más bien con una desconfianza grandísima que el ciudadano le tiene a los gobernantes. Es una reacción desde el punto de vista psicológico normal (hasta cierto punto). Un individuo no va a confiar en alguien que constantemente le ha estado mintiendo. Pero eso no implica que todos sus actos sean siempre una mentira.

Lo del Chapo es como la historia de Pedro y el lobo. Los gobernantes, y en especial este gobierno, se han acostumbrado a mentirnos. Que no compraron ni un sólo voto, que con la Reforma Energética la luz va a bajar inmediatamente. Entonces ahora que detienen al Chapo Guzmán, resulta que no mucha gente lo cree. Algunos incluso se preguntan como Peña Nieto tuvo la capacidad de agarrarlo (ignorando que detrás de ese cerebro pequeño existen fuerzas de inteligencia con cerebros mucho más grandes).

Naturalmente detrás de todas estas relaciones Gobierno – narcotráfico, hay muchas cosas que no sabemos, que ignoramos, cosas que no salen a la luz, con lo cual muchas veces las versiones oficiales pueden diferir (deliberadamente) de la realidad. Pero por naturaleza, a los humanos no nos gusta quedarnos con la duda, y es por esto que reconstruimos la historia en base a pruebas y suposiciones que estrictamente no son suficientes como para crear un argumento sólido. Entonces surgen las teorías de la conspiración. Y si la versión oficial nos miente, entonces dicha teoría tiene que ser verdad.

Hay incluso discusiones más importantes que se pueden dejar del lado debido a que el individuo gasta más energía en tratar de convencer a los demás de su teoría de la conspiración. Si es el Chapo o no es, genera más ruido que la afirmación de un ex funcionario de la DEA, de nombre Phil Jordan, quien afirma que el Chapo Guzmán, financió la campaña de Peña Nieto, un tema que es delicadísimo. Phil Jordan se pregunta como es que después de que ocurriera esto, el Chapo terminara en la cárcel, y supone que algo malo pasó entre el PRI y el Chapo posteriormente. Ese es un buen punto de discusión que puede llevar a más cuestionamientos y descubrimientos. Pero por un decir, en base a dicha afirmación, no se podría crear una teoría que diga que “el Chapo es una estrategia de la masonería coludida con el gobierno de Estados Unidos que busca privatizar…”

Y al final, es una afirmación de un ex funcionario, lo cual no comprueba con cabalidad que lo que afirma sea verdad. Aunque tampoco se me haría raro que así fuera.

Los mexicanos somos buenos para fabricar teorías de la conspiración. Posiblemente es un mecanismo de defensa, posiblemente tiene que ver con que a veces la realidad puede tener a acercarse más a algo parecido a una teoría conspiranoide que a la verdad oficial. Y a esto hay que agregarle, sí, que mucha gente (de cualquier parte del mundo, y en varios de los casos con un IQ no muy alto) tiene la costumbre de creerse cualquier teoría de la conspiración. Que si Elvis sigue vivo, que Paul McCartney murió hace mucho tiempo, que el HAARP y demás.

Por eso yo no creo que haya dos chapos. El único que existe está en la cárcel. Pero tampoco me fío del Gobierno que presume que es un combate frontal al problema del narco, debido a que, muchos cabecillas históricos han sido aprehendidos, y el narco ha… seguido creciendo.

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