Yo y mi película de Facebook

7 febrero 2014

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La estrategia de mercadotecnia de Facebook es inteligente. Aprovecho que mi red social cumple 10 años (ya ha pasado mucho tiempo desde que Zuckerberg se robó la idea y la implementó en Harvard) , y por medio de un algoritmo que consulta automáticamente la base de datos donde está guardada la información de todos los usuarios, extraigo la información mediante un query, junto con el contenido multimedia asignada a dicha información y lo compilo en un video que llevará un formato estandarizado. De tal forma que el usuario lo ve en su muro, y se siente al menos inconscientemente agradecido con Facebook por recibir un video personalizado, que asumirá que fue un regalo de Facebook. Sí y no tanto, porque fue un algoritmo, algo así como un robot, un código automatizado, además de las personas que crearon dicho algoritmo e hicieron pruebas, no intervino nadie.

Yo y mi película de Facebook

Para los que nos gustan los análisis y las estadísticas, veremos el video algo escueto. Pero a nivel sentimental (es decir, no racional) funciona. Y no es que esté mal, Facebook tiene su derecho a hacer ese tipo de videos para hacer branding, y el usuario iiene el derecho a “emocionarse”. Pero en este momento es cuando me pregunto, qué pasaría si alguien pudiera hacer un resumen de nuestra vida (claro que un video de Facebook, donde buscamos aparecer más cool de lo que somos, en realidad estará muy lejos de hacer algo así)-

En la universidad, una maestra mercadóloga de medio pelo nos llegó a decir que a los 30 años entraríamos en una etapa donde empezaríamos a meditar sobre lo que hemos hecho en nuestras vidas, y si el resultado no era positivo, podríamos entrar en una suerte de depresión. Tal vez fue un poco dramática, aunque ignoro la parte de la depresión debido a que creo que hasta eso no he entregado malas cuentas. Pero creo que es algo natural y creo que es parte del proceso evolutivo. A los 30, el individuo ya ha recorrido cierto camino, pero todavía tiene la posibilidad de corregirlo. Un frustrado a los treinta todavía puede llegar a ser lo diametralmente opuesto a los cuarenta. A los treinta todavía se tiene esa energía y vigor juvenil, todavía se puede innovar.

Mirar atrás es bueno (otra cosa es encariñarse con las frustraciones pasadas), el presente no se entiende sin el pasado. Más bien el presente está compuesto por el pasado. Lo que hicimos hizo que seamos lo que somos actualmente, y la suma del presente, combinada en cierta medida con la del pasado mismo, explicará nuestro futuro próximo. Mirar atrás es bueno porque uno puede ver que estrategias (la vida es una estrategia) han salido mal, que se puede cambiar, mejorar, y de lo que uno se puede congratular.

El éxito en la vida es directamente proporcional al sentimiento que le provoca al individuo mirar hacia atrás. El perdedor observará frustraciones, se lamentará de no haber hecho cosas, tendrá tan mal sabor de boca que tratará de evadirlo, o bien le agarrará sabor y acudirá a éste constantemente para lamentarse de su pobre situación. La persona que se siente realizada verá lo contrario, e incluso las experiencias dolorosas las abordará de una forma diferente que el incapaz.

Pero el individuo frustrado tendrá algún que otro evento feliz en su vida. Esos pocos momentos felices los publicará en Facebook donde trata de convencer a gritos a la gente que es cool. Entonces tendrá un video donde se resalte lo bueno de él, con el cual se engañará pensando que su vida fue así. Pero un examen profundo es totalmente diferente a una película de Facebook, en muchos casos el resultado puede ser totalmente opuesto, como en el caso de este individuo que ha decidido perder. El otro individuo, el que se siente bien, satisfecho, no notará tantas diferencias, pero sí notará que faltaron muchos buenos momentos ahí.

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