La Constitución

2 febrero 2014

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La Constitución parecería algo así como la carta de los buenos deseos dentro de una nación. La nuestra, en su última versión creada en 1917 y reformada a lo largo del tiempo más de doscientas veces (aunque se sigue, al menos en el discurso, teniendo a esta en referencia) ha sido más bien un ideario de lo que quisiéramos que fuera nuestra nación, y no necesariamente lo que es.

La Constitución

El Magistrado del Poder Judicial, Rutilio Escandón Cadena, considera a nuestra Constitución, uno de los documentos jurídicos mejor escritos en el mundo. En sí se dice en muchas latitudes que nuestra Constitución Política es hermosa, pero ¿Entonces por qué nuestro país no es tan ejemplar, como se supone, sí es este documento? La respuesta termina siendo evidente.

Pongo un ejemplo. El Artículo 39 dice lo siguiente: “La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno”. ¿Es esto verídico en la práctica? ¿La soberanía nacional reside en el pueblo, o en unos cuantos? ¿El pueblo tiene el derecho de modificar su forma de gobierno, o es más bien el gobierno quien tiene la capacidad de modificar a su pueblo?. En realidad ese concepto de soberanía en el pueblo, es un término tan prostituido, que países dictatoriales como Corea del Norte lo usan sin ningún problema.

O podemos hablar del Artículo 123 que menciona esto: “Toda persona tiene derecho al trabajo digno y socialmente útil; al efecto, se promoverán la creación de empleos y la organización social de trabajo, conforme a la ley”. En el papel, todo ciudadano debería tener derecho a un trabajo digno, pero ¿Es así en la práctica? En realidad nuestra Constitución, además de sí, delinear la forma en que está organizada nuestra nación y su forma de hacer política, pareciera ser más bien un documento de lo que debería ser nuestra nación, y no tanto lo que en realidad es.

Nuestros gobiernos han aprendido a simular, y es por ello que a pesar de todas las corruptelas y atropellos, se pone la Constitución frente a la cara del ciudadano como para hacerle entender que las cosas funcionan. Pero en realidad nos hemos acostumbrados a hacer “como que la seguimos al pie de la letra”. En más de 70 años del régimen priísta, se simulaban elecciones, había una aparente transición donde los mandatarios se relevaban cada 6 años. Querían dar la apariencia de que todo funcionaba conforme a lo escrito, cuando en realidad un opositor al sistema no podía aspirar a la Presidencia.

Naturalmente la Constitución es muy útil porque en ella viene delimitada nuestra forma de gobierno, nuestra administración territorial, leyes laborales, derechos, entre muchas otras cosas. Pero también es cierto que basta con aparentar seguir las leyes para que en el papel se diga que se está cumpliendo cabalmente con ella. Por eso nuestra Constitución es hermosa, y la política de nuestro país no lo es tanto. No somos de ninguna manera el único país que presenta ese contraste entre la Constitución escrita y la realidad diaria, pero sí es cierto que en México, el contraste puede llegar a ser muy fuerte.

Paradójicamente, que a partir de una Constitución que habla tanto de los derechos, de las libertades, de la igualdad, haya iniciado un régimen paternalista, vertical y antidemocrático, que costó más de 70 años de extirpar… a medias.

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