Una orquesta cuesta menos que un jugador de futbol

10 enero 2014

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La música en el Siglo XXI, a menos que se aspire a ser una figura mediatizada, o que logre ser un hit internacional (sea buena o no), es una carrera ingrata que conlleva mucha disciplina y muy pocos ingresos. La ley de la oferta y la demanda no se compadece de los músicos, y no necesariamente porque sea mala per sé, sino porque la sociedad tiende a demandar poco un espectáculo presidido por un virtuoso de la música.

Una orquesta cuesta menos que un jugador de futbol

Vivimos en un mundo donde hay una tendencia a embrutecer a la gente, donde las artes y la música son las primeras que aparecen en la lista de recortes, porque posiblemente no las consideran directamenente productivas en base a ecuaciones micro y macroeconómicas. Pero posiblemente en una sociedad con acceso a grandes canales de información, se puede pensar prudente embrutecer a la gente para que no tenga la capacidad de asimilar la información que le llega. No es lo mismo un internauta que busca artículos de divulgación científica en Internet, o se informa de la actualidad política, que uno que sube memés chuscos en Facebook y navega en páginas porno.

Si viviéramos en un mundo donde la gente tuviera cierta cultura, donde estuviera preparada, una economía de mercado, por el contrario, retribuiría a los talentosos, en este supuesto donde la gente tiene la capacidad para elegir lo que considere de más calidad o talento. Pero no es así. En una sociedad embrutecida, las fórmulas sencillas donde la creatividad no está puesta en el producto, sino en la imagen, en el branding y en el empaque, son lo que funciona. Esto es así, porque para poder valorar ciertos talentos, es necesario estar preparado para ello, y conlleva un esfuerzo el generarse la capacidad de apreciar el arte. La gente embrutecida es incapaz de poder apreciar la belleza de muchas expresiones artísticas, y si lo hace, es de forma generalizada, sin poder apreciar los detalles que marcan la diferencia entre una obra majestuosa y otra común y corriente.

Las personas que saben apreciar el arte, son personas que tienden a ser mucho más críticas, y tienden a cuestionarse más el entorno que los rodea. No sólo eso, suelen ser más creativas e incluso más productivas. Una persona talentosa y cultivada tiene más capacidad de generar cambios benéficos en la sociedad, ya sea un pensador, un empresario, un científico. La gente embrutecida sólo podrá estar limitada a ser parte del sistema tal cual engranaje.

Un jugador de futbol cuesta bastante más y gana bastante más que un músico o toda una orquesta junta porque es más demandado y despierta más pasiones. Ciertamente al igual que el músico, el futbolista debe de esforzarse para llegar lejos, no es de ninguna forma culpable de este contraste. Pero el músico sólo tendrá en la tribuna a una minoría, cada vez más minoría, que aprecia su talento. La gente embrutecida se aburrirá, no entenderá lo que hace y sólo podrá apreciar el sonido de las cuerdas o del clarinete, sin entender bien a bien, que es lo que se quiere expresar, ni mucho menos podrá entender los detalles que le dan ese toque a la obra.

Pero en una sociedad global cada vez más embrutecida, se entiende entonces, como los precios de las transacciones de los jugadores de futbol rompen record, mientras que los músicos talentosos deben de buscar una segunda opción para sobrevivir.

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