Y todo se reduce a una “Selfie”

31 diciembre 2013

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Internet sigue creciendo, las tecnologías avanzan y permiten tener en una mano lo que antes difícilmente cabría en la cajuela de un automóvil. Los avances de la tecnología influyen en el comportamiento del individuo, en parte porque crean canales nuevos, estos se establecen y se vuelven un imperativo. De pronto, las compañías fabricantes de smartphones, ven como una buena idea colocar una cámara de menor resolución al frente, llegando a la conclusión de que serán útiles para videoconferencias, pero el individuo promedio le ha visto otra utilidad.

Y todo se reduce a una "Selfie"

Internet, y en especial, las redes sociales, han servido para que el individuo refuerce su personalidad ante terceras personas (ya sean conocidos o desconocidos), la resalte, o incluso la manipule. Al punto en que puede tratarse a él mismo como si fuera una marca de producto. Mediante fotografías, comentarios, e incluso compartiendo enlaces, trata de enaltecer sus virtudes y mitigar sus defectos con tal de obtener un fin, que puede ser la aprobación. Esto puede ser a nivel consciente o incluso inconsciente. Y es aquí donde la selfie juega un papel primordial.

La selfie es el acto de tomarse una fotografía a sí mismo con la cámara frontal del smartphone para después compartirlo en las redes sociales. A pesar de que el objeto al que enfoca la cámara y que se impone a lo demás es la cara del individuo, los demás detalles de la fotografía son las que suelen darle sentido. Me explico. Una fotografía de un individuo con la Torre Eiffel desenfocada en segundo plano, muestra a una persona que quiere presumir sus viajes. Una selfie de cuerpo completo podría mostrar una intención de presumir el cuerpo ante los demás. Algunos selfies pueden ser muy cotidianos e inocentes, o incluso pueden llevar un tono más humorístico. Otros pueden denotar una gran necesidad de aceptación.

La selfie es parte de la necesidad de construir una personalidad ante los demás, y en este caso más orientada hacia la gente conocida. Se busca que la fotografía sea óptima, que quien se encuadra en la fotografía salga muy bien (a menos que tenga una connotación cómica) y que resalte. La ventaja del mundo virtual es que te permite ensayar varias veces para dar la mejor cara, a diferencia del contacto real donde no hay oportunidad de corregir los errores de comunicación. Esto hace que el individuo pueda manipular de algún modo su personalidad y mostrar una endulzada a los demás.

En el mundo virtual es más fácil mentir. El nerviosismo vocal y las microexpresiones te pueden delatar en una conversación en vivo. Cuando se trata de textear en las redes sociales, sólo es necesario crear un argumento aparentemente convincente. En una selfie se busca el mejor ángulo, o se resaltan los “mejores momentos y experiencias”. Incluso los videoblogs en boga, permiten al emisor ensayar y editar cuantas veces sea necesario un video para lograr una mejor comunicación y ocultar todas las deficiencias o expresiones que pudieran dejar en evidencia el mensaje.

El Internet le ha dado la posibilidad de ser narcisistas a quienes antes tenían problemas para serlo o no se atrevían a serlo. Esto debido a que, como ya expliqué, se pueden difuminar aquellos rasgos que muchas personas consideran indeseables y que les causan inseguridad. En realidad el Internet no es el problema, porque es un simple medio. Más bien, gracias a él, podemos entender de cierta forma el comportamiento del individuo al ponerlo en otros contextos.

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