Rebeldía

11 agosto 2013

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RebeldíaEn la mayor parte de mi vida fui un rebelde. Ignoro si en mi caso influyó más el entorno, o más bien era una predisposición genética. En la primaria me suspendían por “mentársela” al maestro que me castigaba injustamente. Alguna vez le dije al ex Gobernador priísta de Jalisco, Guillermo Cosío Vidaurri, que era un ratero en un club privado cuando estaba en funciones (tenía 8 años y ya sentía la indignación de escuchar a los adultos del fraude del 88, de la corrupción, y las malas mañas). Esa rebeldía ponía en cuestionamiento el sistema bajo el que yo vivía, pero a la vez me costaba adaptarme. También era necesario un orden, un equilibrio.

Dicen que los extremos son malos. La rebeldía sin causa ni fundamento, entorpece la construcción de un orden necesario para obtener un equilibrio tanto individual como social. La sumisión por su parte, no permite cuestionar dicho orden y es displicente ante el natural deterioro que le acarrea su nulo cuestionamiento. Por eso creo en una sana rebeldía que permita al individuo ir modificando prudentemente el orden en el que vive hasta llegar lo más cercanamente posible a la imposible perfección.

En México nos cuesta trabajo llegar a ese punto, que es el más productivo. Por un lado están los que no quieren cambiar, los que tocan con el claxon a los inconformes y les dicen que se pongan a trabajar. Por otro lado están quienes por una propia naturaleza niegan a las autoridades. Todo lo que venga del gobierno, del poder, es necesariamente malo. “No debería existir el gobierno”.

La rebeldía que funciona es la que tiene causa alguna. La que se opone a aquello que no funciona pero respeta aquello que sí lo hace. Se trata de una rebeldía que busca un progresivo mejoramiento, no una simple catarsis contra el sistema. Una rebeldía que sí, puede empezar con protesta, pero tiene que proponer, debe buscar soluciones para subsanar un régimen, que porras leyes de la entropía, está en continuo deterioro.

Un rebelde con causa, es un individuo preocupado por su entorno. No busca destruirlo ni mucho menos conformarse con él, sino que busca mejorarlo, busca erradicar sus vicios e incluir nuevas virtudes. No es revolucionario, ni mucho menos reaccionario. Es evolucionario. Es un individuo despierto, inconforme por naturaleza, pero que ha sabido educar sus impulsos.

Haberle dicho ratero al Gobernador, quedo en mera anécdota. Si hubiera dicho que ni modo, que así son las cosas, tampoco hubiera ocurrido nada. Pero pensar que puedo participar activamente en lo social, que puedo incidir, influir, sí puede hacer una diferencia.

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