El proceso de la construcción de ciudadanía

5 agosto 2013

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Las sociedades están regidas por cierto equilibrio de poder, por varias relaciones de poder . Un ejemplo es la relación de poder entre gobernante y gobernado, en una familia donde el padre tiene cierto poder sobre los hijos, en el trabajo donde el jefe ostenta un poder sobre el empleado, y este último se organiza (desde una asociación de facto entre empleados o hasta un sindicato) como contrapeso, igualmente los partidos políticos. El intelectual ejerce cierto poder sobre sus lectores, el maestro también, el líder de opinión. El poder es la capacidad de influir en el comportamiento de las demás personas deliberadamente. Esta capacidad puede ser benéfica o perjudicial, y para que una ciudadanía funcione es necesario que existan contrapesos entre los diversos sectores de la sociedad, cosa que en México nos hace falta mucho camino por recorrer.

El proceso de la construcción de ciudadanía

Las sociedades más igualitarias y más justas son aquellas donde existen los suficientes contrapesos, y sobre todo donde dichos contrapesos sepan como ejercer dicho poder. Cuando hablamos de la construcción de ciudadanía, hablamos de ciudadanos gobernados, que también puedan ejercer cierto poder sobre quienes los gobiernan. Y me queda claro que para ejercer dicho poder, no es suficiente un “papel oficial” que hable de los derechos “que debería tener” el individuo. Sino que el ciudadano debe de tener la capacidad de ejercer el poder con el fin de preservar sus derechos y mejorar el entorno donde vive y convive.

Para lograr un cambio se necesitan cuatro pasos (a mi consideración): La detección del problema, la manifestación y mediatización de dicho problema, la creación de una propuesta que busque resolver el problema, y la aplicación de dicha propuesta:

“Quejarse de la situación” no es algo malo per sé,  en realidad es necesario, y es parte de este proceso. Si nadie se “quejara”, si nadie alzara la voz, no se podría construir una propuesta, debido a que se desconocería dicho problema. El decir: -La situación de México está difícil. Estoy harto de la corrupción del gobierno- debería ser un primer paso. El problema es que no se logra trascender más allá, y no pasamos muchas veces del primer paso, de la detección del problema. Debido a que este primer paso es el que menos esfuerzo requiere, y menos voluntad.

Se logra dar un segundo paso cuando llegamos a la manifestación y detección de dicho problema, se trata de poner el tema en el discurso. Y aquí ya implica cierto esfuerzo. Movimientos sociales como #YoSoy132, o el #OccupyWallStreet, son un ejemplo de ello (y que quedaron atorados en esta segunda etapa). Es la primera etapa en que la ciudadanía adquiere algo de poder debido a la generación de masa crítica. Mediante la manifestación (que no necesariamente tiene que ser callejera, puede ser también mediante redes sociales o aprovechando los medios de comunicación), se logra poner cierto tema en la mesa de debate, se logra generar conciencia en la sociedad sobre la problemática. El Sociólogo Manuel Castells afirma que en algún momento, los movimientos sociales son coptados o se diluyen con el tiempo, pero que lo que quedan son las ideas. Y en base a lo que nos comenta, diría que los temas deben de quedar lo suficientemente expuestos para que se de el tercer paso, que es el de la creación de una propuesta.

Las manifestaciones suelen ser espontáneas, emocionales. Pero las propuestas tienden a ser más racionales y requieren trabajo (parte de ello explica por qué nos cuesta trabajo hacer esa transición), como lo sugiere la organización civil, Un Millón de Jóvenes por México en su sitio, con el slogan “De la protesta a la propuesta”. Ya no sólo la impotencia o el coraje es el móvil, se necesita buscar gente experta en el tema (o estudiar mucho sobre ello), encerrarse, investigar, tal cual tarea de escuela, proponer, convencer. Al igual que en el segundo paso, las propuestas se deben socializar y se debe convencer a la sociedad, por qué es necesaria dicha propuesta. Cuando esta haya tomado forma, entonces se pasará a la cuarta y última etapa que es la búsqueda de la implementación de la propuesta.

Se trata de incidir en las autoridades o en la sociedad para generar un cambio real. Las formas tendrán que ver con las circunstancias. En algunas ocasiones se podrá negociar con las autoridades, aprovechar épocas electorales para obligar a comprometer a los políticos, buscar aceptación en la sociedad, incluso habrán casos en que la presión volverá a ser útil. Por ejemplo, un grupo que tiene una propuesta para mejorar el transporte público, pero debido al caso omiso de las autoridades, deciden realizar una manifestación pacífica, sea en calle, en redes, presionando a los diputados, con la finalidad de lograr esa mejora.

Este proceso de construcción social implica un esfuerzo grande. Los resultados no siempre están a la vuelta de la esquina, y es por eso que se han creado organizaciones civiles que buscan concluir el proceso en un mediano o largo plazo, o bien repetirlo. Pero se necesita de voluntad y un sentido de responsabilidad e independencia, por lo cual tenemos que tenemos que luchar con los fantasmas del paternalismo y la verticalidad. En un sistema autocrático y vertical como el ejército, una escuela primaria tradicional, una prisión (donde como menciona Foucault, una entidad ejerce poder total sobre los demás por medio de la vigilancia) o un gobierno totalitario será válida la creencia de que cumpliendo las normas se ha cumplido como ciudadano. Pero en un país aspirante a democrático, se debe colaborar, dar un esfuerzo extra para buscar incidir y usar ese poder implícito para buscar cambios reales.

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