Brasil, los eventos deportivos y el descontento social

22 junio 2013

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¿Por qué una nación decide organizar una Copa del Mundo de futbol o unos Juegos Olímpicos? Razones hay muchas, pero una es exponer el poderío de un país ante la comunidad mundial, bien puede ser un país desarrollado que quiere mostrar al mundo lo fuerte que es, lo fuerte que es su cultura, su infraestructura. O bien, en el caso de los subdesarrollados (eufemísticamente llamados “en desarrollo”), para mostrar cómo es que han avanzado. Pero en los últimos tiempos han sido, paradójicamente, también una vitrina para exponer los problemas que el país organizador vive (esto en gran parte a la insurrección de Internet y las redes sociales).

Brasil, los eventos deportivos y el descontento social

Esto lo vimos en las olimpiadas de Beijing del 2008, donde aparecieron algunas manifestaciones en relación al Tibet, y también se habló sobre la contaminación ambiental de las ciudades chinas, así como las condiciones laborales de muchos trabajadores chinos. En Londres 2012 hubo descontentos porque la economía de Inglaterra no iba muy bien y se daban el lujo de invertir en la realización de las olimpiadas. Pero todo se mantuvo dentro de niveles tolerables hasta que llegó el caso de Brasil, país en el cual se llevará a cabo el Mundial de Futbol el próximo año, y los Juegos Olímpicos que serán hospedados por Río de Janeiro. Los brasileños ni siquiera tuvieron que esperar al mundial para mostrar su descontento, sino que aprovecharon la Copa Confederaciones que se realiza en estos momentos, evento donde participan los mejores países de cada confederación y que sirve para poner la capacidad de las sedes mundialistas a prueba.

Las manifestaciones han arreciado y se han multiplicado por todo Brasil. Los brasileños tienen muchas razones para manifestarse. Alegan corrupción y desvíos en los dineros que servirían para organizar el mundial y la Copa Confederaciones, también se manifiestan por el incremento del transporte público, así como por el hecho de que se han animado a organizar un mundial con estadios nuevos y remozados para convertirlos en recintos de clase mundial cuando la educación pública es paupérrima y los servicios en los hospitales es pésimo.

¿Debería un país subdesarrollado organizar un mundial de futbol o unas olimpiadas? Brasil recibió el encargo de la organización de ambos eventos en un momento donde se hablaba de éste país como la potencia emergente (algo no muy diferente a lo que ocurrió con México en la antesala de las olimpiadas del 68 y el mundial del 70). Ahora que llega la hora de organizarlos, se habla de que parte de ese crecimiento prometedor es mero espejismo, y que si bien si han mejorado algunas cosas en Brasil, no lo ha hecho para todos y se critica que den prioridad a un evento mundial (más bien dos) que a la solución de necesidades básicas. Es curioso que esto suceda en gobiernos de izquierda cuyos líderes fueron alguna vez miembros de sindicatos que buscaban velar por el pueblo.

El escenario es algo preocupante tanto para Brasil, como para la FIFA y el Comité Olímpico Internacional. Las manifestaciones han surgido durante la Copa Confederaciones, y si los conflictos llegaran a arreciarse, deberíamos preguntarnos que podría ocurrir ya en un mundial u olimpiadas. En el partido España – Tahití, el público mayormente brasileño coreó en su idioma algo equivalente al “El pueblo unido, jamás será vencido” mostrando su solidaridad con los manifestantes ¿Es correcto que un país se quiera “presumir” ante el mundo cuando tiene todavía muchos problemas por resolver? Para hacer esto se tiene que invertir mucho dinero, y en muchos casos el balance queda en déficit. Es decir, es más dinero que se va, que el que llega; y a veces este déficit puede llegar a ser una de las causas de una crisis económica como en Grecia.

Incluso hay división de opiniones entre las figuras brasileñas de antaño. Mientras Pelé defiende la organización del mundial, otros jugadores como Rivaldo, ex jugador del Real Madrid, y Romario, critican severamente la organización de estos eventos y apoyan incondicionalmente a los manifestantes.

No son muchos los países subdesarrollados que han organizado algún evento de talla mundial. La mayoría lo hace en momento de apogeo (a veces mero espejismo), y puede ser un problema el que los organizadores quieran igualar (e incluso superar) el nivel de los eventos organizados por países de primer mundo. Al menos así lo ha hecho Brasil que a diferencia de Alemania y Sudáfrica, ha mandado hacer estadios nuevos o remodelar completamente ya existentes para mostrar que puede hacer un gran mundial, aunque esta presunción no sea algo que refleje la realidad de este país.

 

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