Nacer, crecer, trabajar, casarse, y morir

13 junio 2013

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Los medios masivos y el sistema promueven lo siguiente: Naces, te compran pañales, te enseñan a caminar, entras a estudiar a la escuela, primaria, secundaria ( if ($prole) {exit;} ), preparatoria, universidad, te diviertes, consigues novia, sexo, luego, después de tanta “diversión”, debes encontrar pareja y casarte, debes de ascender en el escalafón empresarial, ser gerente, si te va bien, debes aspirar a una maestría para después obtener un mejor puesto, compras tu casa, tu coche, tienes hijos, los ves repetir el mismo proceso, envejeces y mueres.

Nacer, crecer, trabajar, casarse, y morir

Resulta que romper este proceso te puede convertir en una persona anormal. Salirte de ahí puede acarrear críticas por parte de la sociedad o en caso extremo, hasta del gobierno. Si decides no terminar la universidad (cuando existen los medios económicos) eres señalado. No importa si quieres ser poeta, músico, o un empresario como Jobs o Bill Gates. -¡No es normal que no termines la universidad!-. ¿Si quieres llevar acabo alguna aventura yéndote a otro país? -¡Anormal, ajústate a los cánones sociales!-.

Estás en los veinte y no has tenido relaciones sexuales: -¡Perdedor!- ¿Y si por tus creencias has decidido no hacerlo? ¿Si tu novia no quiere y han decidido esperar? ¿Tienes que ser juzgado por eso?. ¿Qué tal si los que te gustan no son los del otro sexo? -¡Anormal, pecador, puto, maricòn!- No mataste a nadie pero automáticamente has sido rechazado por un sector de la sociedad. ¿Qué tal si eres una persona distraída y activa? -¡Este niño está mal, hay que sedarlo con Ritalìn!- Tiene TDAH (enfermedad ficticia según palabras de su propio descubridor), ser normal es ser sano,dicen, pero ¿es sano ser normal según los parámetros de una sociedad enferma? ¿Si quiero ser sacerdote y no empresario, futbolista y no empleado?

Y todos los humanos tenemos la presión de vivir y actuar de cierta forma, la presión de los padres que pueden confundir el cariño sincero con el deseo de ver realizados sus sueños frustrados en sus hijos. La presión de los amigos, la presión de los agentes mediáticos, la presión de las instituciones, las ideologías y dogmas. Siempre habrá una corriente tratando de homologarnos, de hacernos masa. Por eso queda en nuestro inconsciente una sensación de que si hacemos lo que nos han dicho que tenemos que hacer, estamos haciendo lo correcto, independientemente de si nos sintamos satisfechos o no.

La gente que ha aportado cambios al mundo, es gente que necesariamente tuvo que romper con el proceso al cual están llamados todos los humanos hechos en serie. Y no tienen que ver las posturas ideológicas. Jesús, Confucio, Marx, Nietszche, La Madre Teresa, Mark Zuckerberg. Pueden tener ideas antagónicas, pero ¿Qué no todo es parte de una síntesis, de una tesis confrontada a una antítesis? Queda claro que aspirar a nacer,crecer, trabajar, y morir, no logrará que marques una diferencia en este mundo.

Lo peor del asunto es que a veces aspirar a esa “normalidad” es algo difícil, al punto en que la gente tiene que aparentar serlo. Si conociéramos a fondo la psique de nuestros semejantes, nos daríamos cuenta de que todos estamos locos. Si todos fuéramos con un especialista, tendrìamos, al menos, la mayoría, detectado algún tipo de trastorno (algunos lo tendrán más marcado que otros sí). El problema es que en ese esfuerzo por ser “normal”, cancelamos nuestra posibilidad de trascender.

Las personas más “normales” suelen ser las más mundanas. Se conforman con la información que les llega, no la cuestionan, no la someten a crítica. Si esta información les implica no pensar mucho mejor. Por eso muchas veces son víctimas de estafadores, y muchas veces, ante una supuesta normalidad que crea un criterio endeble, el normal puede llegar a trastornarse igual o más que aquel que ha decidido no hacer lo que dicen que se tiene que hacer.

Buscar salir de este círculo vicioso no significa rebelarse sin prudencia alguna (un rebelde con causa y no sin ella). Toda rebeldía deberá tener una razón de ser. Todo el riesgo deberá tener una razón y también deberá estar sujeto a crítica. La crítica no solo debe de ir a aquello que se quiere romper, sino a la forma en que se quiere romper. Es decir, así como emitimos una crítica al sistema, debemos ser, a la vez, autocríticos, para evitar actuar por meros impulsos.

 

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