Los programas sociales, entre el bienestar y el asistencialismo

4 mayo 2013

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Es completamente natural que en una sociedad de mercado, donde la búsqueda de acumulación de capitales sea la constante económica, se vean disparidades en la distribución de la riqueza. Por eso es que los gobiernos deben de impulsar políticas con el fin de que esta disparidad se reduzca al mínimo posible, siempre y cuando no desincentive la generación de riqueza y la iniciativa. Algunos gobiernos pugnarán por más programas sociales que otros, pero la gran mayoría de los políticos saben que estos son necesarios inclusive para que no se deteriore el tejido social. El problema es que cuando no se usan bien (ya sea por desconocimiento, dogma, o como un acto deliberado) más que ayudar a la población, la puede perjudicar.

Los programas sociales, entre el bienestar y el asistencialismo

Los programas sociales deben de tener el fin de proporcionar a los ciudadanos cierta protección social con el fin de que los vaivenes del mercado no provoquen un fuerte deterioro en su modo de vida, a su vez que se busca garantizar las necesidades más básicas. En ese sentido se entienden las pensiones, la salud, las liquidaciones laborales, y en varios países también el seguro de desempleo. Estos programas sociales mejoran el nivel de vida de la población y de alguna forma ayuda a paliar las grandes diferencias que hay en la distribución de la riqueza. El problema con los programas sociales es cuando se genera una relación de dependencia entre el ciudadano de gobierno , y se agrava cuando el gobierno aprovecha esa relación deliberadamente.

El que el ciudadano tenga cierta protección social no implica que no deba de tener incentivos para buscar generar innovación y riqueza. Con los programas asistencialistas se desincentiva la cultura del esfuerzo, debido a que el gobierno más que otorgar protección al ciudadano, busca condicionar esta a cambio de favores que se transforman en poder. De esta forma se han entendido muchas veces los programas sociales en México, que son más pequeños que en naciones desarrolladas, pero generan una mayor dependencia, porque estos son condicionados a la lealtad con algún partido. -Gracias a nosotros, tú tienes bienestar en tu familia-. Pero las políticas de estos gobiernos no ayudan mucho a que estas personas busquen salir adelante por sí mismas.

En tiempos del PAN, el programa Oportunidades tuvo varios defectos y era perfectible, pero tenía la cualidad de que varios de estos beneficios eran condicionados a cambios de un esfuerzo por parte del ciudadano que los recibiría. Por ejemplo, se pedía altas calificaciones de los hijos a cambio de un ayuda económica. La Cruzada contra el Hambre, tiene una visión mucho más asistencialista y ventajosa. Sobre todo porque parece estar orientada a la creación de una relación paternalista gobierno ciudadano, con el final de que el primero obtenga votos mientras que el segundo pueda cubrir sus necesidades básicas.

Este tipo de relación termina perjudicando al ciudadano, porque su bienestar dependerá completamente de las dádivas del gobierno y no de su esfuerzo. Mientras que el gobierno tendrá menos incentivos para aplicar políticas públicas para incentivar dicho esfuerzo personal, debido a que si tiene una sociedad con más herramientas para progresar, entonces habrán menos personas sujetas a esa relación asistencialista, y por lo tanto, el partido en el gobierno no tendrá este útil recurso para mantenerse en el poder.

Esta relación paternalista que incluso puede ser explicada por antecedentes históricos de siglos atrás, es una de las tantas respuestas que hay cuando cuestionamos el hecho de que no logremos ser un país desarrollado. Un sector de la ciudadanía sigue esperando “todo” del gobierno, porque así se le enseñó que funcionan las cosas, un gobierno proveedor a cambio de lealtades. No se trata de los programas sociales, se trata del enfoque que estos tienen. Si vemos a los programas sociales como una base de bienestar donde a partir de esta, el ciudadano decida innovar y esforzarse para incrementar su nivel de vida, tendremos buenas noticias. Si las vemos como una nociva relación donde las autoridades aparecerán como las encargadas de satisfacer sus necesidades, entonces estaremos en graves aprietos, y en realidad lo estamos.

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