¿Y cuándo diablos los humanos somos valorados?

17 marzo 2013

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Creo estar en esa etapa dónde seré menos discriminado por mi edad. Poco llevo de entrar en esa que empieza a los 30 años y termina a los 40 años. Según todos nuestros prejuicios como seres dominantes en este colonizado planeta azul, ese sería el rango dónde los seres humanos no seremos discriminados. Pero esperen, que según los prototipos de vigor másculino y femenino. Esos que dicen, imponen modas y tendencias, ya los treintones no somos tan atractivos. ¿Entonces cuando diablos los humanos somos valorados? 

¿Y cuándo diablos los humanos somos valorados?

Empiezo. Los niños son vistos en parte con ojos de envidia porque no se tienen que preocupar de nada, porque “viven la vida” y no tienen responsabilidades. Pero no son autónomos, necesitan de los adultos para sobrevivir, su cerebro todavía no ha terminado de desarrollarse y los conocimientos que tienen son demasiado escasos como para poder incidir deliberadamente en la vida cotidiana.

Siguen los adolescentes, que básicamente viven la transición de la niñez a la adultez. Cambio no muy fácil (de ahí el nombre de adolescente, de adolecer), los pubertos se dan cuenta que les salen pelos en las axilas, en los genitales, se dan cuenta que el pene cambia de tamaño cuando ven a una persona del sexo opuesto, a las mujeres les crece el busto y menstrúan. Los adolescentes son vistos como personas que no saben controlar sus emociones, que quieren empezar a asumir un papel de adulto aunque no tienen todavía la autonomía en muchos sentidos.

Luego entra la etapa juvenil temprana, que la pondría entre los 18 y los 30 años. En esa etapa las personas se dan cuenta que empiezan a ser autónomas, estudian, empiezan a ganar su dinero, a tener sus primeros empleos e incluso a emprender sus primeros negocios. Cuando se habla de “los jóvenes” se refiere a esta etapa, los rebeldes, los universitarios, las personas que tienen “la chispa de la innovación”, “la energía”. Pero se les subestima por ser jóvenes, ¡No tienen la suficiente experiencia!, ¡Son unos rebeldes, no saben como es la vida! ¡Qué dejen de soñar y que mejor se pongan a trabajar! En los partidos políticos se crean espacios juveniles donde estos tal pollitos recién nacidos, pueden participar, pero “sin incidir mucho”, porque todavía son muy polluelos como para participar en juegos de adultos grandes.

Después viene la etapa juvenil tardía, que constaría entre los 30 y 40 años, donde los jóvenes ya no somos tan jóvenes, pero todavía emanamos frescura. Esta etapa, que no representa más del 15% de nuestras vidas, es donde los humanos somos menos discriminados. Ya tenemos “un poco de experiencia” y todavía tenemos “ese algo de chispa juvenil”. Dicen que en esta etapa el ser humano es cuando debe empezar a consolidarse. Las mujeres se empiezan a sentir frustradas si no se han casado, los hombres no tanto pero pobre de ti si a esta edad no te has acostado con alguien, pobre de ti si a esta edad no trabajas y mami y papi te mantienen (que hay muchos casos). Pero los juveniles tardíos no están exentos de discriminación. Ellos ya no están “tan en onda”, si bien todavía pueden asimilar las tendencias actuales (hipsters treintones), ya no las crean, al menos como los jóvenes tempranos, ya están grandecitos.

Luego vienen los adultos mayores, que digamos, constaría de entre los 40 y 60 años. Ellos ya son gente grande, gente que debe tener un grado de autorrealización, que debe estar consolidando su vida y no pueden estar improvisando ya. ¡Adivinen qué! Son demasiado viejos para poder buscar empleo. Se acabó la edad productiva, y si no están ya dentro de uno van a estar en problemas. Sí, ya tienen la suficiente experiencia y sabiduría, pero ¡ya no están en onda!. ¡Pobre del cuarentón que salga con su máquina de escribir vieja y sus lentes alternativos hipster a un parque de La Condesa o la Colonia Americana a redactar su currículum, porque no solo se van a burlar de él, sino que no va a encontrar trabajo!

Y por último viene la tercera edad. Que constaría de entre los 60 años hasta la tumba. Ellos tienen mucha experiencia y sabiduría, pero se cansan rápido y son una enorme carga fiscal pa las empresas, así que ¡pa fuera!. La gente grande sale perdiendo en una sociedad de la immediatez y del muy poco valor del conocimiento y la cultura. -Nieto, te voy a contar como viví mi juventud en la II Guerra Mundial, mi tío estuvo en un campo de concentración dónde vio como… -¡Cállate vejete! ¿Qué no ves que estoy viendo mi megaconcierto de Justin Bieber? ¡Tu no estás en onda! A nosotros no nos interesan esas historias que ya nos enseñan en la escuela-. El adulto mayor antes era símbolo de sabiduría, ahora la gente la ve como un estorbo y no valora lo que esta gente puede dar.

En resumen, los seres humanos nos damos muy poco tiempo para la plenitud. O no estamos preparados para los trancazos de la vida, o si lo estamos, ya estamos grandes y no estamos al tiro. A pesar de los siglos, todavía no terminamos de valorar lo que un joven puede aportar, o lo que un adulto mayor puede. Paradójico ¿no?

 

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