El Universal Caso de Amanda Todd

24 octubre 2012

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En un video de Youtube editado en blanco y negro, con música de fondo y valiéndose tan sólo de unas cartulinas en color blanco, escritas con su puño y letra, Amanda Todd, una adolescente de 15 años, cuenta su desgarradora historia de acoso cibernético y escolar. Unas semanas después, el nombre de esta jovencita traspasó las fronteras, cuando los medios de comunicación anunciaron su suicidio.

El Universal Caso de Amanda Todd

La historia es corta, como es de suponer en una persona de apenas 15 años de edad. Amanda cuenta que cuando tenía 12 años solía videochatear con sus amistades para conocer gente, una de esas personas la halagó y consiguió que mostrara sus pechos a la cámara; un año después la contactó por Facebook y la amenazó con hacer pública la foto de su busto si no le montaba un “show”, lo que aparentemente significaba desnudarse ante la cámara. La persona en cuestión tenía todos los datos de Amanda, su dirección, el nombre de su escuela, conocía el nombre de sus familiares, amistades, todo. Ella accedió.

Después de la Navidad, la policía acudió a su casa para informarle que sus imágenes habían sido enviadas a todos sus conocidos, lo que la afectó gravemente en su salud emocional, comenzó a tener ansiedad, ataques de pánico y depresión, cayendo posteriormente en el abuso del alcohol y las drogas. Al año siguiente, el mismo sujeto creó una página de Facebook a su nombre, donde la foto de perfil mostraba la imagen de Amanda desnuda.

A raíz de ahí, cuenta que perdió el respeto de sus compañeros y compañeras, y con ello a sus amistades; el estudiantado comenzó a rechazarla y a acosarla. La juzgaron y le pusieron apodos, lo que afectó aún más su ya frágil salud emocional, llevándola a realizarse cortes en la piel. Posteriormente, se cambió de escuela, y aunque siguió estando sola, el acoso estudiantil cesó y las cosas mejoraron, hasta que un mes después empezó a tener comunicación por internet con un viejo amigo, quien, aunque tenía novia, comenzó a cortejarla. En una ocasión le propuso que lo visitara mientras su pareja estaba de vacaciones y tuvieron relaciones. Amanda confiesa en el pedazo de papel que creyó que ella le gustaba.

A la semana recibió un mensaje de texto para que saliera de la escuela; afuera la esperaban su amigo, la novia de él y quince personas más. La pareja del muchacho la golpeo mientras el resto filmaba la escena, sin que nadie interviniera. Amanda juró que había sido su idea para evitar que su amigo tuviera problemas, pues aún creía que él la quería. Los profesores de su escuela corrieron a parar la golpiza, pero la muchacha se escondió en una zanja hasta que su padre la encontró ahí. Al llegar a su casa intentó suicidarse tomando cloro. “Me mató por dentro y creí que en verdad iba a morir”, relata Amanda, sin embargo, al llegar al hospital los doctores le lavaron el estómago y salvaron su vida.

Pero al regresar a su hogar, vio en su página de Facebook mensajes como: “Se lo merecía”, “¿te quitaste el lodo del cabello?” y “espero que esté muerta”. No levantó cargos contra sus agresores, simplemente se cambió de escuela a la ciudad donde vivía su madre, pero el acoso por internet no cesó, seguían colgando fotografías de zanjas, Clorox y otros productos con esta sustancia, poniendo mensajes en donde le decían que esperaban que esta vez no fuera tan estúpida y tomara un tipo diferente de lejía, que deseaban que viera esos mensajes y se suicidara. Dos semanas después de hacer el video en Youtube, y sin poder entender el porqué de esa incesante persecución, finalmente lo hizo.

La historia de Amanda Todd es terrible y conmovedora a la vez; terrible porque muestra hasta dónde llega la crueldad con la que se practica el acoso o bullying en los y las adolescentes, y conmovedora porque tuvimos la oportunidad de conocer la historia. Pero ¿cuántos jóvenes sufren esto mismo en silencio? ¿Cuántos son orillados a escapar en las drogas, el alcohol o en antidepresivos, para soportar el acoso de los bullies? ¿Cuántas jovencitas son catalogadas diariamente como “putas” por una fotografía colgada en las redes sociales? ¿Cuántos muchachos son tildados como “jotos” o “maricones” como una afrenta a su masculinidad? Y ¿a cuántas personas realmente les interesa averiguar el porqué y cómo enfrentar este fenómeno?

La Encuesta Nacional de Salud 2008 (Ense 2008) señala que Colima tiene el bochornoso primer lugar en la tasa de incidencia de acoso escolar entre niños de primaria, y el segundo en el nivel secundaria, sin embargo, es poco lo que se ha hecho para resolver el problema, en buena parte porque las autoridades no se dan cuenta del peligro que este fenómeno puede representar para la juventud y la niñez, y por otro lado, por las añejas e incomprensibles rencillas que dividen a los políticos del Congreso local. Cómo no recordar que en 2010, el bloque PRI, PT y Nueva Alianza rechazó la iniciativa de ley del entonces diputado local Nicolás Contreras, para prevenir y tratar el acoso escolar en las instituciones educativas de Colima.

Según la encuesta, el 29.3 por ciento de los niños colimenses menores de 10 años sufren acoso (bullying) físico y/o verbal, porcentaje que sube a 31.7 por ciento entre las edades de10 a11, y a 32 por ciento en las de12 a14. Aun cuandola Ense2008 hace una diferenciación por género a nivel nacional, en la cual se evidencia que las agresiones a escolares son más o menos iguales entre hombres y mujeres, no sucede lo mismo en la entidad de Colima, en donde falta información tanto en cuanto a género, como en cuanto a las escuelas en donde este fenómeno se presenta con mayor frecuencia.

Historias como la de Amanda Todd son un indicativo de que el bullying se ha ido agravando en todo el mundo, y de cómo las redes sociales pueden contribuir a que el acoso prevalezca, aun cuando las víctimas del mismo no se encuentren en su centro educativo, pero el que esto esté sucediendo no significa que deba de ser así, ni que deba de normalizarse en la sociedad. Afirmaciones como “los niños son crueles” no sólo son inciertas, sino también injustas, puesto que los y las niñas únicamente reproducen los modelos que observan en sus casas y en la sociedad en la que viven, donde la indiferencia constituye un aliciente a su conducta.

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