Un necesario análisis sobre nuestra realidad mexicana

16 octubre 2012

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Los patrones de una cultura son muy difíciles de cambiar, pero se pueden cambiar. Estos son aprendidos y no genéticos, pareciera ser lo último por lo arraigados que estos están, pero la historia nos ha demostrado lo contrario. Culturas que antes fueron muy fuertes ahora son más débiles (los árabes por un ejemplo) y viceversa.

Un necesario análisis sobre nuestra realidad mexicana

El año pasado decidí escribir un libro enfocado en la participación ciudadana. Para esto no solo hice investigación en fuentes, sino que me entrevisté con actores importantes en la ciudad de Guadalajara como activistas, especialistas e incluso terapeutas. El libro quedó a un poco más de la mitad, pero el proyecto no quedó abandonado de ninguna manera, sino que quedó en una necesaria pausa. En tiempos de elecciones tuve mucho trabajo y surgieron movimientos como el #YoSoy132 entre otros. Debido a esto decidí pausar mi libro debido a que este acontecimiento podía ser un parteaguas y quería ver en que concluía todo esto. A finales de este año posiblemente retome mi libro, y lo lance el siguiente año, ya que las aguas estén más calmadas (creo que mi libro será más útil en una etapa de aletargamiento aunque con nuestro nuevo Presidente, no sé si con una metidita de pata pueda volver a agitar las cosas).

Este libro me ha dejado muchas enseñanzas. Y me doy cuenta el peso que tiene nuestra cultura en el porvenir del país. Cómo es cierto que los políticos son una representación de la ciudadanía, empezando porque muchos de ellos antes de ser políticos fueron ciudadanos (y a los “otros” no me refiero así porque desde pequeños los adiestraron para ser políticos). Personajes criticados como Peña Nieto y López Obrador por un decir, podrían pasar a ser una especie de arquetipos de la sociedad mexicana. Se les critican sus defectos porque muchos los conocen muy bien, porque como dicen por ahí, “lo que te choca, te checa”.

La tesis de mi libro parte del antecedente de nuestra sociedad atrapada en el paternalismo, en el aletargamiento, en las estructuras verticales. Cosa que no fue inventada por el PRI (como muchos incluso sugieren, como si no existiera la historia antes de la Revolución Mexicana), sino que viene desde nuestros antepasados, los tlatoanis, del sometimiento histórico. Y en este aspecto la globalización puede jugar un aspecto positivo, dado que podemos absorber cosas positivas de otras culturas, cosas que funcionan. En mi obra relato como es que parte de este lento pero progresivo e importante despertar ciudadano, el exterior influye. Desde jóvenes que viajan a otros países y logran contrastar la realidad de un país desarrollado con el nuestro, universidades que también reciben influjos del exterior, debido a su “universalidad”, a sus relaciones con entidades internacionales.

El movimiento #YoSoy132 muestra un choque de dos generaciones. Aquella más abierta, y aquella más cerrada, atrapada en el pasado y en el burocratismo. La primera la vimos en el inicio del movimiento, que surgió en las universidades privadas como la UIA (Universidad Iberoamericana) o el ITAM. Jóvenes que se daban cuenta del papel oligopólico de los medios de comunicación y su capacidad de impulsar candidatos en su beneficio. Su postura ideológica era más pragmática y apartidista. En cambio la segunda, surgida de instituciones como la UNAM, parece estar más reacia a dejar al pasado, a las cosas que ya no funcionan. Con una postura evidentemente izquierdista, pero más parecida a una izquierda revolucionaria, que añora la economía en base al modelo ISI (sustitución de importaciones). Muestra una mayor verticalidad, burocratismo, cerrada al debate, a la reflexión, la cual pareciera tumbar un régimen hegemónico para tumbar otro. Su postura totalmente llena de ideología, claramente partidista, y quienes de estos disienten con López Obrador es porque lo ven “muy moderado” de acuerdo a lo que ellos creen que debería ser un mandatario.

Siempre he pensado que el 68 fue uno de esos acontencimientos que pudo haber marcado un parteaguas, pero no lo hizo. Era el momento ideal para lograr una mayor apertura democrática, eran los últimos años en el cual el país avanzaba económicamente, y darle un giro democratizador podría haber consolidado dicho crecimiento. Pero eso no sucedió, debido a que el gobierno entrante de Luis Echeverría, supo absorber el movimiento (algunos estudiantes tuvieron puestos en gobierno, a otros se les becó en el extranjero). La figura del tlatoani prevaleció sobre el deseo de libertad. No alcanzamos a desprendernos del aparato burócrata vertical y autoritario.   Esta ala radical y burocratizada de #YoSoy132 es un reflejo de ese intento frustrado, que en su lucha posiblemente sincera, absorbieron esa cultura vertical y arbitraria de los gobiernos pasados.

Ese verticalismo, ese aletargamiento, ese paternalismo, características de nuestros antecedentes culturales, son las que se deben extirpar porque si alguna vez funcionaron para cohesionar a la sociedad, pues es que la verdad ya no funcionan. Necesitamos hacer la transición a la democracia, no solo como gobierno, sino como sociedad, y eso significa aprender a vivir en libertad, aprender a ser tolerantes, a ser buenos ciudadanos. Esa transición no es fácil, es dolorosa. Pero no hay otra forma. De todos modos nuestro estancamiento es una forma de un dolor crónico.

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