La Pena de Muerte

20 febrero 2012

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Hace tres años, en México, el Partido Verde lanzó una campaña donde promovía la pena de muerte a los secuestradores y narcotraficantes. Sí, solo en México, un partido llamado “verde” tiene la desfachatez de promover este tipo de propuestas, que a mi juicio solo tendría posibilidad de ser aplicada por partidos como el PRI (quien no ha hecho pronunciamiento alguno), porque el PRD no podría en su caracter de partido de izquierda y el PAN caería en una contradicción ya que dice ser un partido humanista. A pesar de las remotas posibilidades de que un castigo así se pueda aplicar en nuestro país, hay que decir que este tipo de sanciones están muy lejos de ser una solución para la delincuencia y la criminalidad.

Hay que analizar bien las cosas: ¿En donde se aplica la pena de muerte? Los únicos dos países desarrollados donde esta ley se aplica es Japón y Estados Unidos (y tiene más que ver con las tradiciones que con la eficacia de esta pena), todos los demás países son subdesarrollados, y gran parte de ellos son estados no democráticos como se puede ver en este mapa. Y de hecho en países como Japón, a veces la distancia entre la fecha entre una persona ejecutada y otra por las autoridades es de más de un año, lo que quiere decir que en sus leyes si contemplan la pena de muerte, pero en realidad muy rara vez la aplican. Los países donde esta ley se aplica constantemente son países sumidos en el subdesarrollo, muchos de ellos árabes que son oprimidos por el gobierno y que a veces son sentenciados o ejecutados no por ser secuestradores, sino por ser homosexuales o tener relaciones sexuales.

Los que estamos en contra de la pena de muerte, no abogamos por la defensa de los secuestradores, de hecho en nuestras entrañas desearíamos que esas personas murieran y sufrieran, pero el cerebro y la razón es más eficaz que las mismas entrañas; y la pena de muerte no resulta eficaz. Argumentan los que están a favor de la pena de muerte, que muchos prisioneros no son sentenciados, que la justicia en México es muy laxa, que los tenemos que mantener con nuestros impuestos en las cárceles. Pero esa misma corrupción es la que no hace deseable la pena de muerte, porque con un sistema de justicia tan deficiente como la mexicana, mucha gente inocente terminaría siendo sentenciada a la pena capital. ¿Recuerdan la película de Presunto Culpable?, el sentenciado posiblemente hubiera sido ultimado antes de que los abogados hubieran logrado probar su inocencia.

Otra cosa que ratifica mi teoría sobre la ineficacia de estas leyes es lo que sucede en México. Cada vez más gente engrosa las filas de los cárteles del narco. En tan solo 6 años llevamos 60,000 muertos, la mayoría por la guerra entre cárteles y una minoría por esos “daños colaterales”, es decir, los criminales al enrolarse a los cárteles están siendo sentenciados por sus rivales a la pena máxima y aún así no tienen miedo en seguir delinquiendo y hacer el mal. Si el gobierno aprobara la pena de muerte, los narcotraficantes y criminales de grueso calibre no dejarían de delinquir; por el contrario, muchos inocentes usados como chivos expiatorios serían sentenciados a la pena capital.

Y tampoco podemos asegurar que la muerte es el peor castigo para los criminales. En los pocos países desarrollados donde se llevan a cabo estas prácticas, la muerte no es muy dolorosa, el sufrimiento dura apenas unos segundos, sea la silla eléctrica, la inyección letal o en el caso de Japón la horca. Además en todos esos casos los sentenciados tienen derecho a un sacerdote quien les perdone todos los pecados. Así, de esta forma, según las creencias religiosas de los próximos a morir, irán a parar directamente a la gloria. Para los ateos estos no pagarán sus fechorías porque solo perderían la vida y ni de lejos sufrirían lo que hicieron sufrir, y para los religiosos peor, porque estarían tocando las puertas del cielo.

La pena de muerte es una solución arcáica y retrógrada en una sociedad que debería preocuparse por evolucionar y encontrar mecanismos más efectivos para disminuir la violencia y la injusticia a su máxima expresión. Muchos habrán sentido bonito al ver a Saddam Hussein morir, o al ver a Osama Bin Laden ultimado, pero ¿eso que resolvió?. ¿Acaso ahora todos estamos en un monte haciendo cantando en círculos agarrados de la mano cantando paz encima de un arcoiris? Pero bueno, si crees en la pena de muerte, y el arcoiris no aparece, que el gobierno te lo pague.

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