Sé un hombre de bien, esfuérzate, ¿y?

12 febrero 2012

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Sé un hombre de bien, esfuérzateTomo un taxi en Río Churubusco a la altura de Coyoacán que me llevará al Foro Sol (sobre la misma avenida pero al otro lado de la Ciudad de México), son las 6:30 de la tarde, hay mucho tráfico y el trayecto dura aproximadamente una hora. El taxista me cobra $90 pesos. Saliendo del Foro Sol a las 12:00 de la noche, busco otro taxi, un poco asustado (la Delegación Iztacalco no es muy bonita que digamos) y después de media hora de caminar y buscar, encuentro uno que me llevará de regreso a Coyoacán, es decir, la misma ruta pero de regreso, al no haber tráfico el trayecto duró 10 minutos. Este taxista me cobró $250 pesos (casi el triple).

A veces creemos que ante alguna acción obtendremos los mismos resultados y en realidad es una falacia, porque muchas circunstancias tanto endógenas como exógenas cambian totalmente las reglas del juego. Por el mismo servicio, dos taxistas me cobraron una tarifa totalmente diferente y el tiempo del recorrido del trayecto también cambió. La vida es un caos total; y no es que sea malo, es que así es pero muchas veces no lo entendemos y por lo mismo siempre buscamos aplicar en nuestras vidas especies de “recetas de cocina” presumiendo que estas tendrán éxito porque hemos visto que a alguna otra persona le funcionó, o en el peor de los casos, porque se transformó en una leyenda urbana. Me llega a la mente esa receta que dice, sé un hombre de bien, esfuérzate y todo lo demás vendrá por añadidura (palabrita que encanta a los religiosos).

Y no es que esté invitando a los lectores a ser malos o a ser “güevones”, simplemente que ese “universaloide” consejo que se les da a los niños y jóvenes en la familia o en la escuela termina siendo insuficiente para que per sé, me lleve al éxito. Aclaro, el éxito no significa como piensan muchos en convertirse en millonario, o seguir los estereotipos presentdos por el mundo consumista, sino en autorrealizarse como persona, en alcanzar una felicidad duradera. El problema es que ese consejo solo sienta las bases para muchísimas otras cosas que uno deberá de hacer para lograr lo que se propone. Haciendo la analogía del taxi, el decirle a una persona que sea un hombre de bien y se esfuerze, sería como decirle, toma el taxi de Coyoacán al Foro Sol, y al terminar el concierto te regresas. Pero lo que no le decimos es que para que el viaje sea eficiente tiene que buscar un taxi que sea más barato, o igual de regreso conseguir un aventón, o si el metro sigue abierto a esas horas, avanzar una estaciones y tomar el taxi en algún lugar donde los taxistas no se aprovechen con los precios altos (dado que siempre al terminar los conciertos y no solo en México D.F. ante la escasez para encontrar taxistas, estos aumentan sus precios).

Posiblemente si hubiera tomado otra estrategia para trasladarme al Foro Sol, me hubiera ido mejor; aunque claro, el ejemplo que pongo es una nimiedad porque en un viaje como estos uno termina por no importarle tanto pagar ese dinero. Pero en el juego de la vida una mala estrategia como esa puede llevarte al fracaso, aunque seas un hombre de bien y aunque te esfuerzes. Y así yo conozco muchas personas que realmente se esfuerzan, tienen valores, pero les va mal en los negocios o en su empleo; e incluso en el amor, a pesar de que están matándose, trabajan horas extras y tienen que hacer traslados largos (a veces en camión) lo cual los deja con muy poco tiempo libre. Y es donde se preguntan ellos ¿Qué he hecho yo, por qué la vida es tan injusta?

Más bien yo veo una deficiencia en la capacidad de adaptarse a los vaivenes de la vida, si el ser humano como plan de vida sigue ideas fijas y rígidas, por más valiosas que puedan ser, muy probablemente se condenará; porque tendrá poca capacidad de adaptación al entorno. Y es que esto último en realidad es difícil, porque para saber adaptarse es necesario salir de la zona de confort y a veces llega a ser un poco doloroso. En la vida se tiene que tener una estrategia, ni las buenas intenciones o el esfuerzo bastan a pesar de que van implícitas en ella como una primera condición. Pero disculpen que duela, pero si uno no actúa de una forma inteligente, la divina providencia no se encargará de llenar esos “huecos” que deja uno por las malas decisiones que toma en la vida (aunque sean de buena fe) ni tampoco el hecho de que uno se pare en el templo a pedir al Señor que la vida sea justa con él, si la persona no se dedica a obrar con inteligencia para obtener los mejores resultados posibles.

No existe fórmula mágica como algunos piensan. Por eso soy recitente a los libros de autoayuda que te ofrecen soluciones puntuales y prefiero libros que se limiten a hacerte razonar. Lo que funciona para unos, no funciona para otros. Y es peor si reducimos la estrategia a simplemente “esforzarse y ser hombre de bien”, ni no pregúntenle a los niños chinos que trabajan en las sweatshop. Prácticamente todos los que tenemos la capacidad de navegar en Internet y por ende, la posibilidad de ver este artículo, ganamos mucho más dinero que estos niños chinos y trabajamos menos horas. ¿Quién se esfuerza más? ellos, ¿A quienes les va mejor? a nosotros.

Cada uno tiene la capacidad de forjar su vida, vida solo hay una y sería una absurda tontería tratar de sobrellevarla por medio de “fórmulas mágicas”.

 

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